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Cristina Redondo: “es un error pensar que el tiempo pasado regresa tal y como lo dejamos” - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

Cuando abordo el mundo mágico de este Jambalaya, descubro también que me traslada al cine más que al teatro, y que construye secuencias que de otra manera no pueden recrearse. Pero también, el faro del que habla, me conduce al dibujo de los libros de Paco Roca, porque sus ambientes, en lenguajes tan diferentes, conectan como líneas paralelas cercanas. Los personajes son todo un lujo de análisis individual, a la vez que los paralelismos de las ideas, el sueño, las realidades imaginadas, el mundo de los vivos y los muertos, o la duda de lo que es y lo que sus participantes desean que sea, componen un extraño ambiente que, aún en un lugar inexistente, sitúan al lector en las costas gallegas a la vez que en su interior montañoso, pero siempre entre brumas matinales y nocturnas, que sólo Manuela convoca o despeja de la realidad de Hank. Cristina describe a mujeres muy libres, con pensamientos propios que no se tamizan por parte de los hombres, pero que a veces quieren acompañarse de ellos, pero todo tiene su contexto y es interesante descubrirlo.

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Cristina Redondo: “es un error pensar que el tiempo pasado regresa tal y como lo dejamos

Entrevista a la autora de Jambalaya, y de La virtud de la torpeza

Cristina Redondo
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Cristina Redondo

Una foto de la autora. Foto: cortesía de la escritora.

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Cristina Redondo

Una foto de la autora. Foto: cortesía de la escritora.

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Julio Castro – La República Cultural

Era el Fringe Madrid del año 2013, y en Matadero se mostraba un trabajo dirigido por Fernando Soto, con Paula Quintana como protagonista. La sorpresa del formato, señalaba claramente a la idea desde un texto en el que su autora, Cristina Redondo, ya dejaba claro que no había un concepto formal de dramaturgia, desde el que nacía el trabajo teatral y coreográfico en el que se basaba la idea que podíamos ver. Apenas intercambiamos muchas palabras la autora y yo, pero afortunadamente existe el correo electrónico, y eso sirvió para que me sugiriera leer el comienzo de una novela en ciernes, Jambalaya, que entonces estaban leyendo en una editorial.

Pocas semanas después estaba pidiéndole el resto para, que todo desembocara en la sugerencia de contactar con la editorial Baile del Sol, y proponer su publicación. Hablar del contenido de Jambalaya en profundidad, queda para otro momento, igual que ya tuve ocasión de escribir sobre la puesta en pie de La virtud de la torpeza, obra de la que hablaba antes. Sí que me parece interesante la comparación de los espacios que crecen a partir de la mente de esta autora, que en aquel estreno de Fernando Soto eran muy evidentes desde lo visual y desde el movimiento, y que redescubro más tarde en la literatura de Cristina. Uno nunca sabe dónde comienza el acto del diseño escénico, o dónde termina la autora, especialmente cuando ella participa del proyecto, pero aquí es patente que sin el movimiento escrito, no existe el movimiento escénico.

Cuando abordo el mundo mágico de este Jambalaya, descubro también que me traslada al cine más que al teatro, y que construye secuencias que de otra manera no pueden recrearse. Pero también, el faro del que habla, me conduce al dibujo de los libros de Paco Roca, porque sus ambientes, en lenguajes tan diferentes, conectan como líneas paralelas cercanas. Los personajes son todo un lujo de análisis individual, a la vez que los paralelismos de las ideas, el sueño, las realidades imaginadas, el mundo de los vivos y los muertos, o la duda de lo que es y lo que sus participantes desean que sea, componen un extraño ambiente que, aún en un lugar inexistente, sitúan al lector en las costas gallegas a la vez que en su interior montañoso, pero siempre entre brumas matinales y nocturnas, que sólo Manuela convoca o despeja de la realidad de Hank. Cristina describe a mujeres muy libres, con pensamientos propios que no se tamizan por parte de los hombres, pero que a veces quieren acompañarse de ellos, pero todo tiene su contexto y es interesante descubrirlo.

He querido hacer una breve entrevista a Cristina que, como en ocasiones anteriores, se produce a distancia, pero que recoge pinceladas muy elementales de conjunto, y que creo básicas para una primera aproximación. A medida que haya ocasión de ir escribiendo sobre su trabajo, y que el público pueda aproximarse a la dualidad de sus formatos hechos desde la literatura, se enriquecerá el perfil de la autora, pero sea en el formato que sea, sus textos son diferentes y ofrecen propuestas originales para envolver al lector.

¿Por qué esa influencia del realismo mágico en tus textos?

Siempre me ha gustado la literatura inesperada. Bien sea por la forma o por el contenido. Ese tipo de textos que te sorprenden en sus derivas. He intentando escribir textos hiperrealistas y siempre he acabado disparando hacia arriba. Es una tendencia. No sólo existe lo obvio, muchas veces es más intenteresante dejarse llevar por aquello que no lo es.

Eliges el paisaje gallego de Viraiñas ¿se pierde esa magia del territorio al sur del Bierzo?

Pues es curioso que me preguntes esto, Julio, porque Viariañas no existe, pero sí existe la bella Galicia. No es el Bierzo, no es nada, pero lo es todo. Quería crear un entorno lo suficientemente importante como para que fuera imposible no querer regresar. En Jambalaya, Viariñas tiene su propio latido. Algún día encontraremos esas geografías. Todos tenemos la nuestra.

El crecimiento personal para descubrirse uno mismo es un viaje que puede durar toda una vida y a Hank le lleva la mitad saberlo ¿es necesario despedir a tus fantasmas para llegar ahí?

Es necesario saber que los tienes. Creo que hay personas que lo tapan todo demasiado y se pierden en esas búsquedas. Es cierto que la infancia de Hank le abrió horizontes insospechados. Qué suerte tan tremenda, ¿verdad? y a la vez, qué fatalidad poder verlo todo, sentirlo todo con la intensidad con la que él lo sentía. Todas las emociones en sus extremos son encantadoras. Pero también insoportables.

Dice Hank “ahora que lo he soñado todo, quizás sea el tiempo de despertar” ¿Crees que el pasado es como un sueño?

Me encantaría pensar eso. Supongo que porque siempre digo que no tengo memoria y al final de los sueños nos quedan solo impresiones. Son cuadros impresionistas, de hecho. Hay que entornar los ojos para verlo todo con claridad. Hank está abriendo los ojos del todo. Y cuando uno hace eso, se encuentra con el presente.

Veo diversas influencias en este texto, pero en la Elvira que renuncia a Julián tras su confesión, parece que hay trazos de la Yerma de Lorca ahogando a Juan

Si seguimos hablando de las emociones en sus extremos tenemos que hablar siempre de Lorca. Están la noche, la mar, está el dolor, la tierra seca, y mujeres como titanes, hombres valientes, hombres cobardes, y un silencio perpetuado como si fuera un maldito virus. La venganza callada. ¿Por qué nos cuesta tanto hablar? y decirnos las cosas a la cara. Elvira es sin duda uno de los personajes más complejos de la novela. Haría falta otro libro para explicar sus motivaciones. Puedo oir su voz, la escucho cuando canta ópera.

Te apoyas en García Márquez en el texto “de Macondo comprendí que al lugar donde fueras feliz no debieras tratar de volver” sin embargo hay un retorno necesario en tu historia.

Es que es un error pensar que el tiempo pasado regresa tal y como lo dejamos. No hay imágenes congeladas esperando a que las revivamos. Cuántas veces no hemos revisitado ciudades, lugares, olido los mismos aromas y nos hemos sorprendido porque no hemos sentido lo mismo que sentimos entonces. Hay algo de decepción entonces. El desencanto, supongo. Nos parecemos al agua de un río que pasa. Tenemos que asumir que esta vida es un camino hacia delante. Hank tenía que volver. Lo que no sabemos es qué se encontró en Viariñas al regresar. Yo creo que se equivoca, pero ¿cómo decirle a alguien que está convecido lo que tiene que hacer? es libre. Eso es bueno.

Has escrito textos que se han llevado al teatro ¿construyes tus trabajos desde lo puramente literario o te suponen una forma de pensar diferente en cada caso?

Mi oficio es escribir. Pero sí, pienso de manera diferente si escribo para teatro o para novela. No sé cómo pienso, pero sé que es diferente. Hay un tipo de sufrimiento en la escritura que también es diferente. En ambos casos siempre busco algo que a veces no encuentro. No sé cómo explicarlo. Por eso sigo escribiendo.

Si tienes que escoger entre la literatura para el teatro o la novela ¿por qué camino te decantas?

La novela. El teatro.

DATOS RELACIONADOS

Cristina Redondo Alonso (1978). Trabaja en el ámbito de la producción y gestión cultural desde 2001. Ha estado involucrada en proyectos museísticos, teatrales y organizativos desde entonces.

Como escritora tiene cuatro obras de teatro, La virtud de la torpeza Illusio Tigre Blanco Delirare La viga, además de la novela Aspereza. Ha colaborado con artistas en diversos trabajos de creación colectiva. Entre ellos, Errekan, un proyecto del centro de creación AZALA con el texto Recorrido interior por las habitaciones de una casa con vistas a un río.

Tiene formación en Geografía e Historia (UNED), Realización de Audiovisuales y Espectáculos, Gestión de teatro (INAEM_ CTE), y también como fisioterapeuta.

Título: Jambalaya
Autora: Cristina Redondo
Formato: páginas: encuadernación tapa blanda; 281 págs.
Editorial: Baile del Sol (2015)
ISBN: 9788416320660

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