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Los seres infrecuentes, de Isabel Garzo - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

“Lo inevitable puede posponerse, pero hay algo que nunca puede hacer: no ocurrir” (Isabel Garzo). Mark Forsyth cuenta en The Elements of the Eloquence [El arte de la elocuencia], un pequeño manual sobre los entresijos de la lengua inglesa, que hay un tipo de autores que dominan la prolepsis, es decir, el arte del misterio, haciendo que el lector quede en suspenso el tiempo justo para captar su atención antes de resolver su ansia, ganándolo para la lectura. Y luego hay otros que, demasiado ambiciosos en lo que a misterio se refiere, traspasan toda frontera aguantable para el lector sensato y solo caen bien en las manos de los puros devoradores de pseudoliteratura.

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Los seres infrecuentes, de Isabel Garzo

El misterio de lo pequeño

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Los seres infrecuentes
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Los seres infrecuentes

Portada del libro de Isabel Garzo en la editorial Pie de Página.

Isabel Garzo
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Isabel Garzo

Una foto de la autora de Los seres infrecuentes. Foto: cortesía de la editorial Pie de Página.

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DATOS RELACIONADOS

Título: Los seres infrecuentes
Autora: Isabel Garzo
Correctora: Susana Sierra Álvarez
Editorial: Pie de Página (2016)
Formato: 22,8 x 9,6 cm. 198 páginas
ISBN: 978-84-945419-6-4

Itziar Hernández – La República Cultural

Lo inevitable puede posponerse, pero hay algo que nunca puede hacer: no ocurrir” (Isabel Garzo). Mark Forsyth cuenta en The Elements of the Eloquence [El arte de la elocuencia], un pequeño manual sobre los entresijos de la lengua inglesa, que hay un tipo de autores que dominan la prolepsis, es decir, el arte del misterio, haciendo que el lector quede en suspenso el tiempo justo para captar su atención antes de resolver su ansia, ganándolo para la lectura. Y luego hay otros que, demasiado ambiciosos en lo que a misterio se refiere, traspasan toda frontera aguantable para el lector sensato y solo caen bien en las manos de los puros devoradores de pseudoliteratura.

Isabel Garzo, fiel a un principio que ella misma cita en su texto (“Cuando deseamos algo demasiado, somos débiles […] Somos compañeros más apetecibles cuando algo no nos importa demasiado”), parece dispuesta a que probemos por nosotros mismos si Forsyth tiene razón, haciéndonos esperar la resolución del misterio hasta el final de su cuento.

Brais, el protagonista, es un treintañero de los que podríamos considerar afortunados en nuestra sociedad desquiciada, que recorre casi doscientas páginas para descubrir que, de cerca, nadie es normal, y que tiene que decidir cuánto importa eso para ser feliz. Si importa. Y, para ello, cuenta con la inestimable ayuda de un abuelo que crea para él un mundo tan real como el nuestro, tan mágico como el de los cuentos de hadas.

Porque, si algo es Los seres infrecuentes, es un cuento. No le faltan objetos perseguidos, reyes, príncipes, elementos místicos ni brujas. Un cuento en el que los personajes están hechos de sus nombres, y de todas las palabras que se depositan en ellos, narrado en un lenguaje que demuestra que a la autora no le faltan sinónimos para reflejar la magia de la vida. Porque este cuento está imbuido de realidad. Las parejas de ensueño hablan todo el tiempo entre las sábanas; la creatividad no está reñida con el mal genio; la mujer perfecta se emborracha; el protagonista cuyo origen es un misterio cuelga la ropa reflexionando sobre la viabilidad de los calcetines de los paquetes de siete pares a un euro; las tapas de Madrid no son lo que eran; el móvil resulta ser enemigo de una vida sencilla y natural; los deseos están limitados por un “aquí yacen dragones” como en los mapas antiguos; y las familias normales son, como las de ahora, un compuesto de personas más elegidas que unidas por vínculos de consanguinidad.

Y, al final, cuando todo se ha resuelto, encontramos esta afirmación de los editores: “Todas las erratas de este libro han sido colocadas estratégicamente” y una tiene casi, solo casi, la tentación de volver a leerlo para comprobar si es verdad.

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