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La casa sin ventanas, de Alberto García-Teresa - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

El poeta madrileño, siempre preocupado por ese “yo” interior de cada autor, no puede evitar en su poética reflejar esa misma relación, y aprovecha esta colección de textos poéticos para mostrarse, para enseñar recovecos intrínsecos a su naturaleza exploratoria, en la que se mira o se piensa, a la vez que se analiza. Pero hace sus pequeñas trampas, porque cuando habla del interior de su casa, en algún lugar se abre a comparar, ya que no cabe otra manera de describir ese espacio, sin haber echado primero al entorno que le rodea “¿Dónde queda el otro? / ¿Dónde nosotros mismos / en la casa sin ventanas?”. Sin embargo, y aunque abre pequeñas espitas al interior de otros exteriores, no deja de subrayar cada poco a quién pertenece la estructura de esta casa “En la casa sin ventanas / no hay agua corriente. / Nos lavamos perpetuamente / con los restos de nuestras escamas. / Nuestro pozo es nuestra historia”.

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La casa sin ventanas, de Alberto García-Teresa

Asomarse al interior y abrirnos paso

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La casa sin ventanas
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La casa sin ventanas

Portada del poemario de Alberto García-Teresa publicado en la editorial Baile del Sol. Cubierta: Ramón Buzón.

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La casa sin ventanas

Portada del poemario de Alberto García-Teresa publicado en la editorial Baile del Sol. Cubierta: Ramón Buzón.

DATOS RELACIONADOS

Título: La casa sin ventanas
Autores: Alberto García-Teresa
Epílogo: Jorge Riechmann
Editorial: Baile del Sol (2016)
Formato: tapa blanda con solapas, 120 pág.
ISBN: 978-84-16794-02-7

Julio Castro – La República Cultural

En su tema Ventanas, el cantautor Antonio de Pinto dice “¿Detrás de que ventana está el paisaje que pintamos, / qué tipo de astronave nos conducirá hasta allí? / ¿En qué escalón se llegará a echar los sueños a vivir?”. Y es que Antonio imagina una casa repleta de ventanas entre las que busca el exterior. En cambio, Alberto García-Teresa, en su poemario publicado en la editorial Baile del Sol, viene a hablar de esa parte de la construcción en la que no hay ventanas.

El poeta madrileño, siempre preocupado por ese “yo” interior de cada autor, no puede evitar en su poética reflejar esa misma relación, y aprovecha esta colección de textos poéticos para mostrarse, para enseñar recovecos intrínsecos a su naturaleza exploratoria, en la que se mira o se piensa, a la vez que se analiza. Pero hace sus pequeñas trampas, porque cuando habla del interior de su casa, en algún lugar se abre a comparar, ya que no cabe otra manera de describir ese espacio, sin haber echado primero al entorno que le rodea “¿Dónde queda el otro? / ¿Dónde nosotros mismos / en la casa sin ventanas?”. Sin embargo, y aunque abre pequeñas espitas al interior de otros exteriores, no deja de subrayar cada poco a quién pertenece la estructura de esta casa “En la casa sin ventanas / no hay agua corriente. / Nos lavamos perpetuamente / con los restos de nuestras escamas. / Nuestro pozo es nuestra historia”.

El conjunto de textos que presenta Alberto García-Teresa refleja la parte exterior de su interior, y se recoge en una secuencia que, pareciendo desordenada, es fruto de una línea concienzuda, que refleja tiempos, crecimientos, temas, en los que evoluciona hacia un punto, pero de manera espiral, regresando una y otra vez a la puntualización de cuestiones que no quiere dejar de subrayar, como ese pretendido aislamiento total del “yo” “El exterior / son píxeles / y líneas mecanoscritas / en la casa sin ventanas”. En el recorrido del texto, percibo la sensación de encontrarme en los círculos de la Divina Commedia de Dante, como si el trayecto fuese un ascenso de sanación o de liberación paralela, en la que no puede abandonar las referencias a la parte social, incluso señalando a su casa “Sin ventanas… / pero con alambradas, / con puertas de seguridad, / con tarjetas de vigilancia, / controles de paso / de visado, / vallas, espacios de internamiento, / antesalas de la expulsión, / patrullas en los soportales / pasaportes electrificados. / Casa sin ventanas: / fortaleza para los de fuera; / cárcel para los de dentro”, y vuelve a referirse a un exterior que, aún quedando aislado, no es ignoto, luego hay conexión.

Las salidas de emergencia / de la casa sin ventanas / siempre señalan / al piso de arriba”, y nos va ofreciendo un punto de enganche hacia el final, donde parece que ya hay hueco para la geografía de intrusos, aunque siempre desde la negación de la presencia “La sorpresa ha desaparecido del diálogo / Las conversaciones se reducen / a quién arregla las camas / o el grado exacto de temperatura de la leche […]” y sigue hablando de diálogos, más bien debates, pero de diálogos consigo mismo frente a nada o dentro de la casa.

Una tarde de presentaciones literarias diversas, le planto el libro delante para una dedicatoria. Pausadamente busca en su bolsa, saca un estuche del que extrae lápices de colores. Unos quince o veinte minutos más tarde, me lo devuelve, y las dos primeras páginas del libro tienen ya su muro, donde no ha podido resistir la tentación de romper los ladrillos para abrir la ventana al exterior.

Alberto García-Teresa, que nos advertía de que saldría a comerse El mundo a dentelladas, y que aborda la poesía como parte inseparable de una vida de lucha desde su literatura y sus contornos, ahora se atreve a mostrar ese interior profundo que contiene la casa desde la que habla e imagina verse. Entre los textos que he leído de Alberto, es de los más interesantes, algo inquietante, pero a la vez sanador de una mirada infinita al interior. Basado en la introspección que parece marcarle en su análisis, no deja de mostrar el lado divertido de ciertas situaciones internas, a la vez que apunta algunos horrores del intelecto. Hay evolución, análisis, deterioro, seguramente muerte, pero hay un concepto encerrado en esa casa que provoca respirar al exterior de una manera más libre, abierta hacia la vida que aguarda en la salida del piso de arriba, que deja al propio autor expuesto a sus lector@s.

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