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Una casa en Bleturge, radiografía de la soledad - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

Conocía la poesía de Isabel Bono y conocía sus blogs, también conozco a Isabel Bono y sé que es una escritora que roza la excelencia, la roza con su capacidad casi inverosímil de observación, de disección del pequeño detalle, de desvelamiento de lo asombroso; una escritora capaz de encontrar el tesoro literario en aquello que los demás pisoteamos distraídos mientras buscamos lo trascendente en el horizonte o en el ombligo.

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Una casa en Bleturge, radiografía de la soledad

Isabel Bono consigue el premio Café Gijón con su primera novela

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Una casa en Bleturge
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Una casa en Bleturge

Portada de la novela de Isabel Bono en editorial Siruela Nuevos Tiempos.

Una casa en Bleturge
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Una casa en Bleturge

Portada de la novela de Isabel Bono en editorial Siruela Nuevos Tiempos.

DATOS RELACIONADOS

Título: Una casa en Bleturge
Autora: Isabel Bono
Editorial: Siruela Nuevos Tiempos (2017)
Páginas: 211
ISBN: 9788416964222

Inma Luna – La República Cultural

Conocía la poesía de Isabel Bono y conocía sus blogs, también conozco a Isabel Bono y sé que es una escritora que roza la excelencia, la roza con su capacidad casi inverosímil de observación, de disección del pequeño detalle, de desvelamiento de lo asombroso; una escritora capaz de encontrar el tesoro literario en aquello que los demás pisoteamos distraídos mientras buscamos lo trascendente en el horizonte o en el ombligo.

Por eso, no podría decir que me ha sorprendido su primera novela, Una casa en Bleturge pero sí puedo decir que me ha maravillado. No me ha sorprendido porque he reconocido la escritura de Bono en cada uno de sus brevísimos capítulos, así como su ya mencionada extrema agudeza en la observación. La maravilla viene porque Isabel Bono ha construido un prisma en el que se descomponen, reflexionan y refractan todos los aspectos de la soledad, de la peor soledad de todas: la que se experimenta en compañía.

La novela no esconde nada, en su sinopsis ya sabemos que el matrimonio ha perdido a uno de sus hijos y que ese dolor va a atufar cada renglón de la historia y cada respiración de la mujer protagonista. Un dolor que ella arrastra mientras se ocupa de cosas que continúan aumentándolo (la muerte del padre, la infidelidad del marido) y que, al mismo tiempo, lo adormecen. Sabemos también que Bleturge no existe, que no hay allí una casa, que es sólo una metáfora, la metáfora del descanso, de la paz, por fin, con la que soñar.

Isabel Bono administra el relato a base de pequeñas escenas en las que apenas ocurre nada, pero tiran de nosotros hasta sumergirnos, como si lo hiciésemos dentro un fluido pantanoso, en el universo de esta familia, que no sólo se nos desvela sino que nos hace sentir el peso de su propio dolor, de su agotamiento vital. Cada microcapítulo se lee como una suerte de punzada, una, y otra, y otra más… A pesar de su engañosa sencillez narrativa, podríamos decir que Una casa en Bleturge es lo contrario a una novelita ligera.

Con un uso limitadísimo del adjetivo, la escritora muestra un desfile de frescos cotidianos, todos ellos con título, y que podrían leerse de modo autónomo con idéntico disfrute. Frases cortas, prácticamente sin subordinadas, desnudez narrativa que consigue un efecto rítmico y descarnado. Relatos que se sostienen solos, como es el caso de Forma o Todo a cien entre otros muchos de los capítulos de esa novela justamente galardonada con el premio Café Gijón 2016.

Y la tristeza, el poso de tristeza frío, que Isabel Bono ha sido capaz de mantener en toda la novela sin hacer un solo alarde de ello, sin explayarse en el drama, sin patentarlo. Elige las figuras precisas, desde el modo absurdo en el que muere el hijo, en un accidente doméstico del que hay alguien a quien culpar, hasta los gestos más fotográficos del dolor: una madre que se ducha sentada porque ha dejado de sostenerse en pie.

Isabel Bono ha escrito una primera novela magnífica, con una delicadeza y una potencia literaria que recuerdan a Marguerit Duras. Ha hecho uso para ello de un lenguaje preciso y despliegue retórico, pero cargado de la poesía más prosaica, la de la vida desgastada, para evidenciar el vacío que deja una pérdida cuyo hueco se convierte en un corazón de hielo al ritmo del que late toda la familia. Una casa en Bleturge es una radiografía de la soledad, la descripción de una naturaleza muerta.

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