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Publicado el Jueves 25 de diciembre de 2008, a las 12:07
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La Facultad de Filosofía y Letras de Madrid en la II República
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María José E. Poves- laRepúblicaCultural.es
La Facultad de Filosofía y Letras de Madrid es objeto de una exposición con motivo de su creación hace ahora 75 años. Una muestra que no solamente trata de los inicios de la facultad, la primera que se sitúa en la ciudad universitaria, también supone la recuperación de una parte de nuestra historia a través de documentos, fotografías y una gran cantidad de material de la época. La muestra está organizada por Sociedad Española de Conmemoraciones Culturales, el Ayuntamiento de Madrid, la Universidad Complutense y la Politécnica de Madrid y estará abierta hasta el 15 de febrero en las salas del Conde Duque.
La Facultad de Filosofía y Letras en la II República fue emblemática. Acogió a los más importantes intelectuales de nuestra historia y fue una facultad moderna desde el punto de vista arquitectónico y pedagógico, estuvo inspirada en los principios de la Institución Libre de Enseñanza. Sin embargo, este proyecto para hacer una sociedad culta, moderna y solidaria, se vio terriblemente truncado con el golpe estado.
Se convirtió en el cuartel de la XII Brigada Internacional y los libros de su biblioteca utilizados para construir barricadas (Volunteer in Spain, John Sommerfied). Y los que eran abanderados del pensamiento libre de la República, profesores, maestros, intelectuales, alumnos, fueron brutalmente reprimidos, asesinados y la mayoría forzados al exilio (La destrucción de la ciencia en España. La depuración de la universidad por el franquismo, Luis E. Otero Carvajal).
Entre los profesores y alumnos ligados a la Facultad de Filosofía y Letras en los años treinta se encuentran los intelectuales José Ortega y Gasset, María Zambrano, Isabel García Lorca, Xavier Zubiri, Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Tomás Navarro, Rafael Lapesa, Miguel Asín Palacios, Julián Marías, Camilo José Cela, Elías Tormo, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Claudio Sánchez Albornoz o María de Maeztu, entre otros.
Es una exposición para la memoria y para la reflexión. En ella se cuenta cómo fue concebido el edificio por el arquitecto Agustín Aguirre López y el decano de la facultad, Manuel García Morente, que querían, en palabras de Morente, crear un lugar abierto que no estuviese destinado a ser una especie de oficina para obtener un título, por ello se concibe un edificio racionalista desde el punto de vista arquitectónico y una enseñanza en consonancia con los principios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza.
Un edificio con amplios espacios, grandes ventanales, una gran vidriera, destruida en la guerra civil y que hoy está restaurada casi en su totalidad, se cambia la disposición de los asientos en las aulas para crear más cercanía entre profesores y alumnos, e incluso se incorporan elementos innovadores como el ascensor tipo ‘noria’, el Paternóster, que durante la dictadura se transformó en una capilla.
Desde el punto de vista pedagógico fue una facultad también moderna, se eliminan los exámenes de cada asignatura, solamente se realizarían dos pruebas en conjunto, una a mitad de carrera y otra al final. Las clases se imparten muchas veces en el exterior, en el Museo del Prado, o en el lugar objeto de estudio, se promocionan los viajes al exterior, para tomar contacto con otros países europeos, e incluso se realizó un crucero por el mediterráneo para conocer de cerca las antiguas civilizaciones. Además, los alumnos no estaban obligados a asistir a clase y podían elegir sus asignaturas. En ese ambiente de libertad y vanguardia se educaron también muchas mujeres. De los 500 estudiantes de la facultad, 400 eran mujeres, portadoras del espíritu de la República que las integraba a la enseñanza, la investigación y, en definitiva, a la vida pública donde podían ejercer su derecho al voto, a la emancipación y a la igualdad.
Los comisarios de la exposición, Santiago López-Ríos Moreno y Juan Antonio González Cárceles, profesores de la Universidad Complutense y Politécnica de Madrid, han tratado con mimo una gran cantidad de documentos pertenecientes a las colecciones privadas de unas 300 personas que los han donado para la ocasión, fotografías, planos, grabaciones, mobiliario de la época, etc.
Muchos de los alumnos que pasaron por la facultad, la mayoría mujeres, no pudieron acabar sus carreras, “por las razones que todos sabemos”, dijo en la inauguración el rector de la Universidad Complutense, Carlos Berzosa, cuando entregó el diploma a Ángela Barnés González, una moza de 96 años que con 23 tuvo que exiliarse. Todos vieron sus vidas truncadas. No pudieron seguir estudiando, tampoco viviendo en libertad. Miles fueron fusilados, torturados, represaliados y condenados al hambre y a la miseria.
Como dijo una de las antiguas alumnas, “para que nunca se olvide, para que nunca se vuelva a repetir”.
Una exposición muy emotiva que hace justicia con la República y con nuestra memoria histórica.
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