Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Es opinión generalizada que el acceso al arte contemporáneo tendrá una mayor dificultad para niños que para mayores. Sin embargo, como la mayoría de los artistas han comprobado en su propia trayectoria, el niño puede comprender de manera más cercana que un adulto este arte. Por eso me pareció interesante la idea de Factoría Teatro con la creación de la obra MOMA, que a partir de historias relacionadas con artistas como Miró, Picasso, Chillida, Chagall o Rothko, desarrolla una puesta en escena que suma al atractivo de las imágenes, una historia para fijar en el espectador más joven, el sencillo placer de captar las ideas que transmiten la obra y el autor.
La mirada más alejada de estereotipos que limiten la visión del lienzo, es una ventaja para los pequeños críticos, así como para el creador incipiente. Mantener esa postura es cada día más difícil ante la cantidad de basura que llega cada día a nuestras retinas u oídos, por eso es una ventaja el acercamiento temprano al arte y su significado, pero sin cortapisas que delimiten un margen estrecho con orejeras: esto marcará, seguramente, una trayectoria futura.
Esta obra teatral, sin embargo, no transmitirá seguramente todo su mensaje a los más pequeños, aunque les permita, de la mano de sus mayores, seguir el trasfondo del argumento, y amplificar su mundo de imaginación ante un escenario que contiene dos artes bien diferentes (y casi siempre estrechamente relacionados en su historia), como son la pintura y el teatro. Opino que, niños de más de siete años podrán captar ampliamente el objeto de la obra, que será plenamente recibida por espectadores de diez o más años.
El diseño de escenario ya promete desde antes del comienzo, de manera que al ser visible desde antes de la puesta en escena, permite a los espectadores familiarizarse con una parte de lo que será la ambientación a lo largo del desarrollo de la obra. Y digo una parte, porque aunque los cambios en el mismo (físicamente) son mínimos, el juego con proyecciones de imágenes y luces sobre los lienzos que, en ocasiones, mueven los propios actores, hace sentir al espectador en un escenario completamente diferente, en función de quién sea el pintor protagonista del que se trata.
Una interpretación divertida y cercana como la que hacen estos actores (a los que conocía en obras tan diferentes y para adultos como “ Hamlet, por poner un ejemplo ”), comunican bien el mensaje a quienes presencian el desarrollo. Especialmente destacable la actuación de Silvia García de Pé junto con Salvador Sanz, que se ven especialmente compenetrados sobre el escenario.
MOMA es un espectáculo recomendable, porque se puede definir como la cultura dentro del arte, o el arte dentro de la cultura, podría tratase de un documental de teatro, pero divertido y con un fin educativo para niñ@s y adultos