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Palabras en recuerdo de Mario Benedetti
Acto Homenaje en la Universidad de Alicante, 26 de mayo de 2009

Publicado el Miércoles 27 de mayo de 2009, a las 00:14


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Mario Benedetti
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Mario Benedetti
 
Mario Benedetti
El escritor Mario Benedetti en Montevideo en agosto del año 2005. Foto: cortesía de José Carlos Rovira Soler.
 
   

José Carlos Rovira

Fue hace 20 años cuando Mario Benedetti vino por primera vez a la Universidad de Alicante. Se leía una tesis de licenciatura sobre él, la de Rafael González Gonsálvez titulada El cuerpo y la sombra: cuentos y novelas de Mario Benedetti, y aproveché para que, tras una conferencia suya, asistiese a aquella defensa de la tesina. Era desde luego una encerrona que le estaba gastando al tesinando y al tribunal que juzgaba aquel sin duda interesante trabajo. Tras más de una hora de debate con el tribunal le dimos la palabra a Mario que, aparte de agradecer la atención, dijo que durante todo el tiempo que habíamos debatido sobre él y su obra se sentía…como aquella anécdota que contaba Charles Chaplin que un día vio que se anunciaba un concurso de Charlots y se presentó a él quedando muy lejos de los primeros puestos…el humor era una contraseña permanente del actuar de Benedetti, lo descubrimos ese día y, a partir de ahí, las doce veces que estuvo por estas tierras y esta universidad, donde la visita casi anual de Mario significó la impartición de cursos, recitales, conferencias.

Entre los recuerdos sobresalientes, un curso en 1994 titulado “Un creador nos introduce en su propio mundo”, una semana de palabras donde recorría América Latina, Uruguay, el exilio, el desexilio, los personajes de su obra, su poesía, sus ensayos, el compromiso, etc. Fue un regalo de Mario que algunas personas estos días me han recordado en correos electrónicos, un regalo reiterado también en aquellos tumultuosos conciertos “A dos voces” que con Daniel Viglietti ofreció en la Universidad hasta tres veces, cuando los aforos se llenaban a reventar y mucha gente se quedaba en la calle, siguiendo desde alguna pantalla una actuación intensa que hablaba del amor y de la historia, de amigos perdidos, de desaparecidos, de juegos verbales de un cantante y un poeta que sin duda consiguió llenarnos de emoción todas las veces.

En 1997, una conjunción de factores, la Facultad de educación (entonces Escuela Universitaria de Formación del Profesorado), y la vocación latinoamericana de un rector, Andrés Pedreño, nos llevaron a la investidura de Benedetti como doctor Honoris Causa. Fue su primer doctorado y lo ha recordado siempre. Eran para la Universidad tiempos muy difíciles. Mario respondió a aquellas dificultades con palabras que luego veremos y oiréis, y estrenando un largo poema, “Zapping de siglos”, que está entre lo mejor de su escritura en aquellos años. Un Congreso dedicado a su obra con casi cien ponentes lo acompañó también en aquel mayo venturoso. Realizó en su investidura como Doctor la promesa de atender los requerimientos y necesidades de la Universidad que le otorgaba el nombramiento, una promesa que muy pronto tendría que cumplir valerosa y vigorosamente.

Fue un episodio de 1999 que estos días recordaba el periódico Información y que de nuevo sólo tengo ganas de mencionar por la actitud de Mario. Algunos personajillos de una institución económica decidieron imposibilitar un acto previamente concertado, en el que se iba a presentar el volumen de actas del Congreso de dos años antes, porque intervenía junto a Mario Benedetti aquel representante del eje del mal que era el rector de la UA. Fue hace diez años casi exactos. Hubo hasta intentos de coacción telefónica a un Mario Benedetti que, desde fuera de Alicante, no podía saber muy bien lo que estaba pasando. Los que urdían la trama y los embustes los hacían en aras de contentar a un poder político que había decretado la casi aniquilación de una universidad que mantenía el principio de autonomía universitaria. Doy fe de que Mario Benedetti tuvo muy claro desde el principio con quien tenía que estar. Lo proclamó varias veces: con la Universidad. Los que habían causado aquella censura tuvieron su respuesta en la firmeza del poeta uruguayo y en las gentes que conseguimos estar a su alrededor. En aquellos momentos, el rector de la UA anunció la creación de un Centro de estudios iberoamericanos que llevaría el nombre del escritor y al que Mario cedió su biblioteca madrileña hace tres años. El centro es el que ha organizado este recuerdo y organiza muchas otras cosas para la literatura y la cultura latinoamericana.

En ese mismo año de 1999, Benedetti contribuyó al lanzamiento de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y le dedicamos una Biblioteca de autor en la misma, la primera que se hiciera tras el diseño de su creador Andrés Pedreño. Nos acogimos para hacerlo a la generosidad de Mario, que había autorizado el uso de todo lo que quisiéramos de su obra, su voz y sus imágenes.

Luego hay varios encuentros más que no puedo narrar por tiempo. El último, personal, es de hace casi cuatro años, en julio de 2005. Mario se había trasladado ya a Montevideo por la salud de Luz que murió al año siguiente. Recogí aquel encuentro en un texto que dice así: “Montevideo me resulta sin duda una ciudad con interiores. La casa de Mario Benedetti es lugar de encuentro y pasan los días en almuerzos en un restaurante cercano a su domicilio: “una ciudad son sus amigos”, dijo una vez Mario. Los mediodías rituales anteceden sus visitas diarias a Luz, su esposa, hasta que Mario regrese a su casa “cuando Luz se duerme”. Hay una nueva imagen desolada y solitaria del poeta, que recupera el humor cuando su hermano Raúl cuenta disparates familiares, como aquella historia de cuando su padre era niño, y lo vestían totalmente de rojo para que, en la casa de campo, su abuelo, el astrónomo, químico y enólogo, natural de Foligno (Italia), pudiera vigilarlo y localizarlo con un catalejo entre los prados cercanos. Reímos esta tarde en la que me ha regalado su último libro, todavía no aparecido en España, “Adioses y bienvenidas” (Seix Barral de Buenos Aires). Mario escribe mucho, algunos piensan que excesivamente. Escribió durante años, desde el exilio principalmente, como forma de supervivencia; ahora lo hace, como dice en este libro, “como válvula de escape””.

Hace unos días falleció este escritor y la prensa se ha llenado de afectos y recuerdos, de homenajes, de evocaciones de su bondad, su humildad, su cariño. Yo estoy tentado de hablar solamente acerca de su obra, pero no teman que no voy a hacerlo ahora, al menos ampliamente. Considero a Mario Benedetti un gran escritor que nos ha dejado una obra poética, narrativa, ensayística, teatral, desbordada y desbordante. En una obra de tan amplia extensión, ochenta libros, no será difícil encontrar caídas e irregularidades, pero no es difícil desde luego encontrar palabras, versos, que forman parte de la memoria esencial de la literatura y de nosotros mismos. En la cabeza de todos los que estamos aquí seguro que hay presentes algunos.

Voy a terminar recordando una historia que tiene que ver con los reconocimientos obtenidos y con los no obtenidos: Mario Benedetti ha sido candidato al Premio Cervantes durante varios años. En 2004 y 2005 tuve la tristeza, como jurado del premio, de presenciar las actitudes y juegos de determinadas personas para que no lo obtuviese. Contra Mario hubo siempre un coro de exquisitos que no le perdonaban entre otras cosas su pasión política y revolucionaria, su dedicación a defender a los pobres de la tierra en tiempos de descrédito decretado de la palabra compromiso. Olvidaban que creó sin duda uno de los más eficaces lenguajes de amor del castellano y despreciaban que la pasión comunicativa por la lengua hubiese provocado el efecto de que fuese un poeta con innumerables lectores, oidores y seguidores. Tuve ocasión de decirlo en 2005 ante aquel jurado que lo hizo otra vez finalista: no podían desconocer que sin duda era uno de los que, a través de su escritura, difundida y universalizada, más estaba haciendo por la lengua de Cervantes. Bien, como sabemos el Cervantes se quedó finalmente sin Mario Benedetti…

Yo creo que ya debo terminar, y le pido a Benedetti un poema para dedicárselo, a él y a todos ustedes. Había pensado en recordar “Te quiero”, es decir aquello de

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos,

Pero temo no terminarlo porque la emoción me supere. Mario me dio una vez un consejo, cuando contó que a él no se le vería nunca llorar en público, porque lloraba todas las tardes exactamente de cuatro a cinco como ejercicio para no llorar en ningún otro momento. Termino pues con otro poema con el que también hoy, aunque nos hayamos reunido por su muerte, me gusta recordarlo:

 

Defensa de la alegría

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y la definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardíacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como un certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
 y también de la alegría.

 

Gracias por la atención

  

 

 


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