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Publicado el Viernes 29 de mayo de 2009, a las 10:19
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Belén Gopegui
La escritora española Belén Gopegui en el curso de verano Teoría y Práctica de la Liberación de Conocimiento, Cáceres, España, julio de 2007.
Foto: Juan Miguel León Rojas (fuente: Wikipedia). |
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Blanca
Vázquez –
laRepúblicaCultural.es
¿Cómo empezar a
hablar de Belén Gopegui, cuya labor
de narradora se ha hecho, en pocos años, con el aplauso de
la crítica, y por supuesto
del lector? Un lector habitual de literatura que busca y rebusca para
encontrar
retos prosísticos, narrativos y temáticos que le
provoquen seguir amando la
literatura y especialmente seguir creyendo en la novela como arte
sublime del
pensamiento y la reflexión, y cómo no, el
compromiso. En esto último, el
compromiso, Gopegui milita sin descanso, en sus obras, (entre las que
se
cuentan no solo novelas, también guiones de cine y obras
teatrales), en su
conferencias, en su vida, porque, dice, es imposible escribir sin
hablar de
política. La política conforma nuestra
existencia, y nuestro vivir, aunque nos
creamos exiliados de ella. Esta escritora madrileña del 63
hurga en nuestras
conciencias manteniendo un diálogo con el lector desde su
primera novela en
1993, exponiéndole a las cosas que cambian las sociedades:
el dinero, las
contradicciones con las que convivimos, la soledad, las revoluciones,
el
reflejo de los nos rodean, el dinero, el poder, el dinero…
Es una traficante de
dudas y conflictos interiores entre los que chapotean el amor, la
amistad, la
solidaridad, la justicia, la piedad, la verdad. Tal es el
interés de sus
novelas, que algunas se han adaptado al cine, cada vez más
carente de
argumentos interesantes.
Desde laRepúblicaCultural.es
nos hemos acercado a Belén para
que nos hable de literatura, del compromiso del intelectual, y entre
medias
hemos pedido que nos susurre un poco sobre la novela que tiene en
proceso de
creación. Somos, por tanto, lo primeros que anunciamos el
brillo que tendrá la
nueva criatura de Belén Gopegui.
Estás considerada
por muchos críticos, entre los que me
incluyo en primera fila, uno de los más firmes valores de
las letras españolas.
Ya desde las primeras novelas has dibujado una curva de crecimiento sin
parangón. ¿Cómo ves la
situación actual de la novela, no tiene algo de producto
mercantil con demasiadas ínfulas de entretenimiento?
La
situación
de fuera: desesperación, y a veces inconsciencia, en los
más débiles; delirio,
charlestón, cinismo e hijoputez en los privilegiados. La de
la novela: la
misma, a no ser que seamos capaces de organizarnos.
En La escala de
los mapas trazaste un argumento más
bien intimista, muy meditativo. En Tocarnos la
cara los sueños que se
desploman, en el entorno del teatro, en La conquista del
aire y Lo real el
compromiso político. En El lado
frío de la almohada la nostalgia de la
revolución cubana y en cierto modo su desvalimiento. En
El padre de
Blancanieves, los actuales tiempos convulsos y confusos que
vivimos donde el
dinero es el único Dios. Ansiosos estamos por saber que nos
traes en tu nueva
novela.
A
lo largo
de los años he conocido a unas cuantas personas que han
logrado ser admirables,
inteligentes, amar la vida y no venderse nunca. Pienso ahora en Juan
Blanco o
en Antonio Estevan, que se nos han ido. Lo que estoy escribiendo trata
de
alguien que no tiene la madurez que ellos tuvieron, y sin embargo tiene
el
mismo impulso, la misma furia sagrada, su actitud. Es una novela corta,
narra
un gesto y es también un gesto.
¿Cuales son tus
influencias literarias desde siempre,
cuales tus escritores de repaso continuo?
Trato
de
leer autores nuevos casi tanto como de repasar a los maestros. Alberto
Lema,
Elvira Navarro, Fernando Díaz, Esther García
Llovet, Eva Fernández, Natalia Carrero,
y ya con más obra, Alberto Olmos, Julián
Rodríguez, Manuel Vilas, son autores
que me interesan por diferentes motivos, y de quienes espero mucho. Por
otro
lado, cada novela me ha ido llevando a mundos y lecturas no
necesariamente
literarias que han influido en las siguientes. Maestros a los que
vuelvo:
Brecht, Umbral, Raymond Williams, Graham Greene, Idea
Vilariño, Leopoldo María
Panero.
Parece que lo
político se va diluyendo, desapareciendo de
la vida y la carrera de los escritores. ¿Quedan
intelectuales que se resistan a
la seducción del dinero?
Quizá
no se
trate de resistir a esa seducción sino de permanecer fuera
del lugar donde se
produce. Un amigo, escritor de ensayos y que sin embargo no se define a
sí
mismo como escritor sino como activista, Néstor Koha, pone
en la tercera
edición de su libro Marx en su tercer mundo, esta
dedicatoria: "A mi
padre, Abraham Kohan, porque me enseñó y me
inculcó desde muy chico, en la vida
cotidiana, a tener conducta (según sus
palabras), a no transar, a no negociar
con los principios, a priorizar siempre los valores de la
ética comunista (la
solidaridad, la generosidad, la amistad, la lealtad, el
compañerismo, el
estímulo moral, el hacer lo que se debe sin medir) por sobre
la mugre del
dinero, el interés mezquino y material, lo que
conviene, el respeto a lo
establecido, el cálculo egoísta, el acomodo
personal".
Los grados importan, los
grados con que se cede a esa
seducción, unos ceden más y otros menos, pero
seguramente la única forma de no
ceder del todo sea salir del circuito, convertirse en un
activista que
escribe y no al revés.
"Ahora empiezo a
reconocer la potencia de otro principio
complementario, el deseo de lo que tenemos", clama un
personaje de La
conquista del aire. ¿Tenemos escapatoria?
¿Deberíamos volver nuestra mirada,
libre de los prejuicios de la prensa, a Cuba y su
revolución?
La
revolución cubana tiene mucho que enseñarnos.
Aparte de eso, podríamos volver
la mirada a nuestra transición que no lo fue,
recordar las cosas que
decían el PSOE y el PCE que iban a hacer y jamás
hicieron, y exigírselas
revolucionariamente.
Hurgas sin un asomo de
vergüenza en nuestras conciencias
y en la conciencia de la sociedad, especialmente de esta
España nuestra, desde
la curiosa Transición, a la actualidad
crítica. Y lo haces sin dramatizar
pero con severidad. ¿Puede volver la novela a recuperar su
función movilizadora
de conciencias, algo que parece dormido?
Las
conciencias no tienen demasiado peso si no van acompañadas
de los cuerpos, del
riesgo real de ser herido y perder algo. ¿Puede la novela
movilizar eso? Tanto
como un recuerdo o una esperanza. Es decir, bastante, pero no del todo.
El neoliberalismo atroz de
los ochenta/noventa nos está
dejando sus residuos tóxicos, una crisis que no tiene pinta
de mejorar a corto
plazo. De alguna manera ¿presentías esta crisis
en tus últimas novelas?
La
crisis
estaba inscrita en las condiciones capitalistas de
producción, no hay ninguna
adivinanza, se produce demasiado y no se puede dar salida a esa
producción
porque al mismo tiempo se extrae la plusvalía de millones de
individuos y
países hasta dejarlos convertidos en pellejos que no pueden
consumir. Si eso se
cruza con un planeta que se va a la mierda porque lo estamos saqueando,
envenenando, asfixiando, y se cruza con la energía
fósil desperdiciada, no hay
que hacer predicciones, está delante de nuestros ojos.
Lo que no
habíamos previsto tanto es la miseria de
quienes, simplemente cuando ven sus beneficios reducidos, pierden toda
dignidad. Lo desprecian todo, incluso a los muertos. Y ésa
es la peor
ignominia, no respetar a los muertos que les enseñaron y que
no fueron dóciles,
no rendirles homenaje porque ellos, los muertos, no les rindieron
pleitesía y
sumisión.
Algunos críticos
fruncen el ceño, a pesar de admirar tu
prosa y tu densidad, y siempre ponen un pero ante su discurso
crítico sobre la
sociedad ¿te importa la crítica?
Depende
de
quién proceda, en algunos casos una mala crítica
es un elogio, en otros, me
enseña.
"Alguna
vez hemos
tenido que cruzarnos en la melancolía,
señor director. Alguna vez hemos tenido que mirarnos a la
cara y reconocer en
el otro la misma tristeza" escribe Laura Bahía.
El espejo del otro, recogido
también en Tocarnos la cara. Me da la
impresión que Laura Bahía representa a
esa izquierda desmoralizada de hoy, que solo ve a su alrededor
desarraigo
político y social.
Una
izquierda desmoralizada no es izquierda. La izquierda,
incluso aunque piense
que no hay salida, debe luchar, siempre. Porque lo contrario
sería dar la
razón a los vencedores que vencieron traicionando, amasando
mugre y soledad. Ni
se lo merecen, ni vale la pena.
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