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Malditos bastardos, gore kosher
 
 
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Publicado el Lunes 21 de septiembre de 2009, a las 09:04

Malditos bastardos
 
Malditos bastardos

Cartel de la película.

 
   

Blanca Vázquez - laRepúblicaCultural.es

Empecemos por lo esencial, el séptimo trabajo de Tarantino es su obra maestra, incluso supera a Jackie Brown, desde mi punto de vista su mejor film, que venía siendo hasta la fecha. Ingloriuos Basterds se alza en la aglutinación de todo los tics, elementos, tropezones, iconos, visionados, resacones, juergas y todos los –itation cinéfilos que este genio se ha ido regalando (desde que se zambullera en este arte), especialmente de productos con denominación de origen B. Quentin es un crack, un hijo de videoclub que hace del cine su divertimento, su fiesta permanente y por lo que sin duda ganamos todos, él y nosotros. Por mucho que los medios hayan mencionado que la temática abordada en Malditos bastardos sea más o menos polémica, templada o tibia, una pulp History, transgresiva, hiriente, etc, etc, lo cierto es que las colas en los cines se han hecho presentes y patentes como hacía tiempo que no se veía, con lo que queda claro, al margen de tanta cháchara (y larga ha sido por los innumerables artículos que se han publicado desde su presentación en Cannes) que la gente ha acudido en masa para disfrutar de lo que considera la vuelta (oficial) del realizador, deleitarse con este cóctel Tarantiniano, en una gama de espectadores que van desde teenagers a profesionales treintañeros, pasando por el matrimonio burgués, o la señora de postín, y acabar todos con aplausos. Y esto no es pecatta minutta en tiempos de crisis.

Desde luego, y nada más evidente, Ingloriuos Basterds no es para tomársela en serio en cuanto a su incursión en la Historia con mayúsculas, en todo caso lo hace con minúsculas y utilizándola. Sí, yo veo que Quentin Tarantino toma ideas para formar sus collages cinéfilos de donde sea, del material con el que se tropiece en cualquier situación, y aplica a ello toda la vasta documentación cinéfila que engulle en su cabeza para el propósito en cuestión. Pongamos que hace unos diez años se llevó al escusado una revista con un artículo extendido sobre la Segunda Guerra Mundial, y hete aquí que se le encendió la bombilla para otra de sus revenges ficcionales. Claro que al cabo de un par de Kill Bill, alguna que otra invitación en trabajo ajeno y la doble sesión de Grindhouse, por fin dió seriamente forma y aspecto a su robo de personajes bélicos de la historia, (ya Winston Churchill, a finales de 1944, creó "La brigada judia"), para moldearlo a su modo gamberro, con un guiño cínico que realmente ha gustado al público, por qué? Pues porque estamos hartos de seriedades constreñidas, o de vacuo cine con minúsculas repleto de efectos especiales y nulos diálogos, o sencillamente de la poca libertad imaginativa, y por qué no?, porque estamos hasta las pituitarias de America y sus historias. Por eso, por recrearse en Europa, por producirse con dinero europeo y por uno de los puntos candentes de Malditos bastardos, sus magníficos, diletantes, polimórfitos, espumosos y multiculturales diálogos. Ahuuu, y vaya diálogos, señores!, dilatados, extendidos, hasta su máxima flexibilidad, para acabar con la nota sublime, esa que tan bien sabe usar Tarantino, su marca de la casa, única en todos los géneros con los que se haga, el estallido de sangre y violence, acompañada de una dulce y lujuriosa venganza.

Pero Inglorious Basterds es mucho más, es tantas cosas en realidad! que esta humilde crónica se extendería en exceso. Por de pronto se constituye en un verdadero homenaje al cine, más que la referencia (y su cambio de dirección) a un hecho histórico de tal magnitud. Tarantino centra su atmosfera y escenarios alrededor del mundo del cine, el de la ocupación nazi de Francia, supervisado por el amigo íntimo de Hitler, Joseph Goebbels. Las referencias son innumerables, ya sea a través de los nombres de sus personajes: Archie Hicox, (Michael Fassbender) crítico de cine, la joven judía vengativa (Mélanie Laurent) dueña de un cine devenida en una Juana de Arco, el soldado que la acosa (Daniel Brühl) protagonista de una película de propaganda nazi, la actriz Bridget von Hammersmarck (Diane Kruger), rutilante estrella de la UFA en clara alusión a Lilian Harvey… como de carteles (de las películas permitidas por los nazis en la época), escenarios o las menciones que no podían faltar a Leni Riefenstahl, así como la variopinta mezcla de géneros que se entrecruzan entre los cinco capítulos de la cinta, desde la tonalidad del spagueti-western, al noir francés, y el bélico. Cambios ambientados por los acordes del Morricone más vaquero aplicados al bélico, increíble pero resultón, además de grandes compositores como Lalo Schifrin, Dimitri Tiomkin, Charles y Elmer Bernstein…

Malditos bastardos certifica, también, cómo Quentin Tarantino es único en proporcionar poder a sus propios personajes, de tal forma que casi cobran vida por sí solos, que le pueden al creador. “Uno de mis puntos fuertes como escritor consiste en que nunca prohíbo a mis personajes ir a donde les apetece. Ellos mandan, yo les sigo. No importa que yo tenga una trama, ellos pueden desviarse, demostrarme que es chungaâ€, afirma divertido Tarantino en una entrevista de Charlotte Garson y Thierry Méranger (Cahiers du Cinema). Deducimos, pues, que el personaje estrella, el nazi Hans Landa (interpretado por un premiado con razón Christoph Waltz) es todo un showman, un narrador que casi sustituye al realizador de Tennessee, una máquina personaje multilingüe de misterios y sorpresas, un hombre que pausadamente hace hablar a los demás, el gran hallazgo del film, donde Brad Pitt , como americano con sangre india, se muestra bien correcto, pero no arrebata.

Con todo, me estoy olvidando de contaros de que va esta deliciosa transgresión, aunque estoy segura que a tenor de tanta información en los medios, huelga decir que nos topamos ante la bifurcación de dos intentos terroristas y justicieros, (fuego y bombas), de dos grupos de héroes, uno de comandos y otro más particular, que desean acabar con la guerra y la vida de los altos mandos responsables de la locura nazi, entre ellos Hitler y Goebbels, en un estreno de cine propagandístico que tendrá lugar en París. Cada uno de los cinco capítulos se constituye en una pequeña obra maestra dentro del virtuosismo que los recopila, algunos con auténtica independencia como el pequeño Reservoir Dogs que se produce en la taberna La Louisiane; o el espectáculo beisbolero del Oso judio (Eli Roth); o… en fin, toda una jewsplotation, aderezado con lo mejor de este estrudel, la nata popera y Beckettiana del gran Tarantino.

Ni se les ocurra perdérsela. Esperamos las precuelas, secuelas o lo que nos quiera colar este hombre, se lo aguantamos todo por su genialidad.

  

 

IMÃGENES Y DATOS RELACIONADOS
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Malditos bastardos Malditos bastardos Malditos bastardos

Título original: Inglourious Basterds (Inglorious Bastards)
Director: Quentin Tarantino
Intérpretes: Brad Pitt, Diane Kruger, Christoph Waltz, Daniel Brühl, Mélanie Laurent, Eli Roth, Michael Fassbender, Samm Levine, B.J. Novak, Til Schweiger, Gedeon Burkhard, Paul Rust, Michael Bacall, Omar Doom, Sylvester Groth, Julie Dreyfus, Jacky Ido, August Diehl, Martin Wuttke, Richard Sammel, Christian Berkel, Sönke Möhring, Mike Myers, Rod Taylor, Denis Menochet, Cloris Leachman, Samuel L. Jackson, Enzo G. Castellari
Guión: Quentin Tarantino
Fotografía: Robert Richardson
Música: Varios
Año: 2009
Duración: 153’
País: Estados Unidos
Productora: Coproducción USA-Alemania; Universal Pictures / The Weinstein Company / Lawrence Bender Productions / Neunte Babelsberg Film
Web oficial: http://www.malditosbastardos.es


 

 


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