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La mujer sin piano, un largometraje vacío
Javier Rebollo resume en este trabajo, 24 horas anodinas de la vida de una persona

Publicado el Viernes 29 de enero de 2010, a las 14:29


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La mujer sin piano La mujer sin piano La mujer sin piano

Dirección: Javier Rebollo
Intérpretes: Carmen Machi, Jan Budar, Pep Ricart, Nadia de Santiago, Esperanza de la Vega, Cruz López-Cortón, Victoria Sáez, Isabelle Stoffel, Tomás del Estal, Myrian Marine
Guión: Javier Rebollo y Lola Mayo
Fotografía: Santiago Racaj
Sonido: Daniel Fontrodona, Pelayo Gutiérrez y Álex F. Capilla
Montaje: Ángel Hernández Zoido
Dirección artística: Miguel Ángel Rebollo
Vestuario: Lena Mossum
Maquillaje: Chica Blanco
Peluquería: Mara Collazo y Paco Martínez
Países: España y Francia
Año: 2009
Duración: 95 min.
Género: Tragicomedia
Productoras: Avalon Productora, Lolita P.C. y Noodles Production
Productores: Jérôme Vidal, Patricia Mateo y Damián París
Producción ejecutiva: Stefan Schmitz, María Zamora y Damián París
Distribuidora: Avalon Productions
Estreno en España: 29 Enero 2010
Web oficial: http://www.lamujersinpiano.com/


 
La mujer sin piano
 
La mujer sin piano
Carmen Machi y Jan Budar en una escena de la película de Javier Rebollo "La mujer sin piano"
 
   

Javi Álvarez – laRepúblicaCultural.es

"No sé de qué trata La mujer sin piano. No sé definirla. No sé a dónde me lleva. Es una aventura". Son palabras de Javier Rebollo, su director, sobre la película. No ayudan mucho más las de su actriz protagonista Carmen Machi hablando de su papel: "Cada espectador verá cual es el pensamiento de este personaje. Yo no sé cual es. Mi mente se queda en blanco cada vez que trato de pensar qué piensa ella".

Dice Rebollo que no hace un cine intelectual, que lo que hace es trabajar sobre lo sensual, que plasma imágenes como le ocurre en la vida misma y que será el espectador quien debe completarlas para entenderlas.

La película la vi hace unos meses, cuando participó en el Festival de Cine de San Sebastián y donde se llevó la Concha de Plata al mejor director y una mención especial en el Premio de TVE. Ya entonces las palabras que utilicé fueron: "No voy a extenderme mucho para contar este horror que no se puede llegar a llamar cine. Partiendo de un guión vacío, el director ha insistido en realizar planos inútiles y torpes, muchos de ellos alejados de los actores y con desencuadres que llegan incluso a cortar las cabezas. Hay concepciones del arte que no merecen ser rodadas. Esta es una de ellas. Los actores están bien, pero sus textos no resultan atractivos nunca. Al final sonaron pocos aplausos y algún que otro pataleo, entre los que me incluyo. Los aplausos, entre tímidos y avergonzados, se repitieron a la salida de la proyección, en el pasillo que forma el público del Kursaal como homenaje al equipo de la película". Hoy, que se estrena la película en las salas comerciales, me toca extenderme algo más para hacer una reseña completa.

Intentar contar de qué va es una misión compleja por lo críptica que es. Tal vez sea un intento de huida de lo cotidiano, escapar de la vida anodina que lleva una mujer que se encuentra unida a un marido con el que apenas se comunica, de un hijo que no responde a sus llamadas y de la que no hay la menor traza de que cuente con un solo amigo. Es la suya una vida aburrida hasta el exceso, repetitiva, tanto que basta tomar uno de sus días para que en sus 24 horas conocer como han sido todos los anteriores y que se pueda conocer todo lo que esa mujer espera. La frustración por esta vida repetida hace que hoy decida romper con la monotonía, intentar no saber que le va a deparar la noche que aún le resta a este día. Se arma con una peluca, se pone unos tacones y carga con una maleta en una escapada incierta hacia ningún lugar. Comienza una búsqueda de sí misma, y de lo que se da cuenta es de que arrastra una soledad de la que no tiene capacidad para salir.

Todos los personajes son grises, cargados de desidia, aburridos. La historia podría ocurrir en cualquier momento, pero Rebollo la sitúa en un punto exacto, el día 16 de marzo de 2003, el de la famosa foto de las Azores que condujo a los atentados del 11-M. Es un factor importante, pero que se queda en el aire para que el espectador recoja, pues a los personajes ésto no les preocupa, no tiene ninguna importancia para ellos ya que no toca su vida.

En lo estético la película huye de lo convencional, la forma de narrar es demasiado estática, tomando imágenes fijas que no siguen a los personajes en su cruzar por el plano, que se quedan en detalles mientras la acción -si es que en algún momento existe como tal- se ha marchado ya de allí, como si la cámara hubiese llegado tarde y tratase de presentir otras posibles historias que no se van a contar. Simula, tal vez, una especie de quedarse pensativo del autor, unos puntos suspensivos que a mi particularmente me desesperan.

Si algo impresiona es la interpretación de Carmen Machi, quizá el único valor positivo del largometraje. Su interpretación es contenida y hermética, tanto como se requiere para que la historia tenga un mínimo de sentido, un pegamento que una tanta deslavazada intención.

Rosa, la protagonista, quiere que le suceda algo imprevisto. El espectador que va a ver la película también. Ambos fracasarán en su intento. Mi consejo, salvo que alguien busque un cine exclusivamente contemplativo, cargado de sonidos cotidianos que pesan más que los diálogos, es que se huya de esta película.

A modo de pequeño anecdotario: Cuenta Rebollo que encontró la inspiración para la película una noche cuando vio a una misteriosa mujer con una maleta caminando hacia la estación de autobuses a una hora en la que ésta ya se encontraba cerrada. A partir de esta imagen construye toda una historia. Rebollo también tira de sí mismo pues traslada a la protagonista una afección auditiva por la que escucha un pitido constante, afección que el propio Rebollo también sufre.

  

 

 


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