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Publicado el Lunes 1ro de febrero de 2010, a las 17:59
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11-M, la novela gráfica
Pepe Gálvez durante la presentación del libro en el Ateneo 1º de Mayo de CCOO.
Foto: Julio Castro. |
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Julio Castro – laRepúblicaCultural.es
Es difícil, pero imprescindible, hablar de lo acontecido el 11-M en los trenes de Madrid. Difícil por las terribles sensaciones que despiertan esos hechos, sus causas y sus consecuencias. Imprescindible, porque la muerte de 191 personas, además de miles de heridos: los físicos y los familiares de todos ellos, que nunca podrán olvidar y superar ese día y los posteriores.
El pasado jueves 28 de enero se presentaba en la sede central de Comisiones Obreras, en Madrid, un libro que recoge una visión muy peculiar de aquel crimen en masa que muchos vivimos (quiénes más cerca y quiénes más lejos), pero en un formato diferente, ya que se trata de una novela gráfica, es decir, un cómic en modo de narración que, a lo largo de sus viñetas va desarrollando la terrible historia que conduce a un final que todos conocemos… o más allá, porque es una historia sin punto final.
Como relataron brevemente en la presentación, sus guionistas, Pepe Gálvez, Toni Guiral, decidieron por su cuenta acometer este proyecto por medio de la Editorial Panini, para lo cual, el primer paso fue el de documentarse profundamente, como explica el propio Guiral en su intervención, no sólo en las fuentes de archivos, sino también por medio de aquellos que lo sufrieron e primera persona: víctimas, familiares, personas que dieron auxilio, quienes se vieron implicados de cerca… Lo cual no debe ser nada sencillo, pero permite una mejor aproximación a la brutal realidad del asunto.
La forma de desarrollarlo ha consistido en tomar como eje vertebrador de la narración, la propia sentencia de los tribunales, que es la que va funcionando en buena medida como hilo conductor, ya que al tomarse los hechos probados de la misma, permite ir rehaciendo la narración de lo ocurrido. Sin embargo, no se limitan a la exposición (que está tal cual), sino que en paralelo se va desarrollando otra visión que completa esta historia y así, entre tres personajes de ficción y la realidad manifiesta, con textos tomados de la sentencia y otros que relacionan a las personas entre sí, queda claro lo ocurrido, lo probado y quedan finalmente esas dudas que la propia Pilar Manjón, con su habitual firmeza y sensibilidad, expuso al final de la presentación para todas las personas que allí estábamos, una vez más, sobrecogidas.
Tras los planteamientos iniciales, los guionistas contactaron con Joan Mundet, ya que el primer dibujante en que habían pensado se cayó del cartel, y creo que la sensibilidad y la profesionalidad de este autor es una pieza que encaja perfectamente en el puzzle de la obra.
Como ya veo que es habitual en este país, hablar de cómics o de historias gráficas, muchas veces conduce a pensar en un mundillo semi-marginal (que en parte existe), pero que tan sólo es superfluo y vano, dentro de un concepto de ocio sin trasfondo alguno. Seguramente es lo que muchos pensaron cuando los responsables de este trabajo se presentaron en la Asociación 11-M Afectados de Terrorismo, y le plantearon a algunos de sus miembros el proyecto que tenían entre manos, y que deseaban contar con su aprobación y colaboración. La propia Pilar cuenta que lo primero que pensó es en los tebeos de su hijo, porque ella no tenía otra aproximación a ese entorno. Y recordemos que su hijo Daniel fue una de las víctimas asesinadas el día de los hechos. Entiendo, sin profundizar más en ello, que lo que podía haber sido rechazo a la posibilidad de frivolizar los atentados en una novela gráfica, se transforma rápidamente, especialmente por parte de madres y padres de desaparecidos, en algo diferente: eso, en los tebeos de sus hijos.
La realidad es que la colaboración se llevó a cabo, y seguramente es en buena medida, lo que ha permitido una historia redonda en lo que quería abarcar. Hasta tal punto que el prólogo está escrito por la propia Pilar Manjón, presidenta de la Asociación.
Desde este prólogo, tan emotivo como puede serlo, hasta el final, más de 100 páginas de emociones van sucediéndose entre viñetas e ilustraciones de mediano e incluso gráficos a doble página, con un punto intermedio en el que el propio Joan Mundet explicó en la presentación del libro, que quisieron evitar las imágenes de morbo, por lo que las explosiones se reflejan en trozos de la Montserrat Gritando de Julio González, Gente Corriendo de Juan Genovés, La llave del campo, de René Magritte o el Guernica de Picasso. Para mí, el golpe de efecto más duro, se recoge justo después de esto, con una imagen sencilla: el lápiz del dibujante con la punta rota. Porque tal vez no sea el punto cumbre de la obra, pero la sencillez con la que el autor recoge un sentimiento que le crea la situación, una situación no vivida, es la forma de introducirse en aquella realidad y compartir con las víctimas el dolor. Es como un símbolo que nos representa a todos y a todas en ese pequeño homenaje, es la soledad mezclada con la solidaridad en una viñeta de una página.
El libro recoge fielmente los sucesos que muchos recordamos aún de muy cerca, entonces y ahora. Recoge las mentiras del gobierno, la manipulación, una de las viñetas del entonces ministro Acebes, con su cara de mentiroso y de pobre ser manipulando la verdad para sacar provecho de la tragedia. Y así como este está bien reflejado, Aznar aparece más “caracterizado”, pero pasa a ser el hombrecillo sin posibilidades que destruyó la convivencia de este país definitivamente, para tener que desaparecer de la escena española por tener enfrente a la sociedad.
Y queda detrás todo aquello que se ha encubierto, probablemente por no querer ir más allá debido a motivos políticos y al miedo a las consecuencias, pero también a una investigación que no podía tener más errores en las diligencias. Pero esto es normal, con un gobierno que se iba y quería tapar las evidencias de haberse aprovechado de la carnaza, y otro que llegaba con miedo, porque no se podían creer que la calle hubiese echado a los anteriores y tener que asumir ellos las riendas de este horror derivado de una guerra tan lejana.
En la distancia se ve claro lo ocurrido, sus causas, quiénes son los asesinos y quiénes los responsables. Lo que este libro viene a poner en evidencia es el modus operandi recogido en la sentencia, lo que la judicatura no ha podido o querido evaluar por mala praxis, aquello que no se ha hecho tan público y, por encima de todo, el trasfondo de todo: las personas, lo que una sentencia no recoge nunca.
Pepe Tarduchi, en nombre del Ateneo Cultural 1º de Mayo de Comisiones Obreras preside la presentación y afirma, con gran acierto, que “el 11-M fue asesinado el pueblo” y a continuación “el comportamiento de Pilar Manjón es coherente con la mujer que conocí”, se refiere a la Federación de la Administración Pública de Comisiones Obreras, donde ejerció su labor sindical la ahora Presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M
Tras la presentación del libro en sí, Pilar Manjón explica todo aquello que han tenido que sufrir frente a la Administración de Justicia y al aparato del Estado, antes, durante y después del juicio. Cómo no han podido conseguir que se juzgase al Egipcio, aunque se dice que no puede juzgársele porque ya se ha hecho. Cómo no se ha podido condenar a tres sirios, que pueden ser confidentes de los medios de información del Estado, porque si de lo contrario no tendría mucha explicación su puesta en la calle. Cómo tantas cosas se han obviado o pasado por alto, cómo se dejó solas a las víctimas durante todo el proceso. Cómo hasta incluso después se incidió en la autoría de ETA cuando era evidente que no y “tuvimos a un etarra riéndose en nuestras caras” (se refiere Pilar la vista oral del juicio, situaciones absurdas a las que lleva el oportunismo político -o el vender periódicos, opino yo-).
Ni siquiera le han admitido a trámite una demanda contra el extremista Jiménez Losantos, que claramente se dedicó a una campaña de desprestigios e insultos contra las víctimas de la asociación y contra su presidenta: “todo el mundo ha podido llevarle a los tribunales, hasta el Alcalde, pero nosotros no”, comenta ella.
Mi opinión es que se trata de una gran obra y, como les comenté en la misma presentación, creo que es otra pieza que se coloca con otras como Sin la sombra de las torres, o Maus de Art Spiegelman, o Palestina de Joe Sacco, o toda la obra del grandísimo Carlos Giménez, como Paracuellos, Barrio, la trilogía España Una, España Grande, España Libre, España 36-39 y algunas otras piezas maestras del cómic y de la narración gráfica. Pero también creo que, como tantas cosas en este país, antes será apreciada en otros que en el nuestro, donde la producción propia cada vez se diversifica y se minimiza más en las tiradas y en la difusión. Dentro de unos años nos lo importarán desde otro país.
Pero entre tanto, lo cierto es que está sirviendo para aproximar a las generaciones más jóvenes, aquellas que no vivieron el horror en primera persona, que encuentran en esta una línea argumental más cercana para conocer lo ocurrido.
Como explica Pepe Gálvez en esta presentación, se ha dado poca o ninguna difusión a esta obra “no sé si ha habido boicot expreso, pero es posible”. Muchos creen que ha sido intencionadamente: no interesa. Pero la verdad suele ser imparable, y estas víctimas mucho más, y Pilar…
Parece que queda un poco de lado el diseño, el guión y los dibujos, pero no es así: desde la concepción hasta el color o el acabado, son de gran calidad, porque tienen arte y, por tanto, corazón. Como nos cuenta Joan Mundet, se trata de una obra que “es efectiva de leer, pero sin morbo ni dolor”, tal y como se pretendía.
Y por fin, Pilar me escribe al principio del libro, dice que "quería que esta no fuera mi historia" hubiese preferido que su vida siguiera siendo la de trabajadora sindicalista… está claro que hay luchas más o menos gratificantes, pero ninguna tan desesperante como la que les ha tocado llevar a cabo, por eso tengo que agradecerles, a est@s luchador@s, que lleven a cabo lo que hacen, porque al margen de sus cuestiones más íntimas, su lucha es justicia de tod@s.
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