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José Saramago
El escritor durante la presentación del disco de Luis Pastor Nesta esquna do tempo (En esta esquina del tiempo).
Foto: Julio Castro. |
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Julio Castro – laRepúblicaCultural.es
José Saramago fue… José Saramago es, sobre todo, uno de esos símbolos que, teniendo las mayores distinciones de este mundo truncado en la economía, jamás a dudado de dónde se encontraba su palabra y su corazón. Pocos premios Nóbel de la historia habrán hecho de manera tan activa y sincera, el esfuerzo de este luso-canario por cambiar el mundo y denunciar las barbaries que estos seres sobre dos patas han generado contra sí mismos y contra todo.
Sus ensayos literarios y sus novelas son la parte más patente de la herencia que hoy nos deja, pero no es todo, porque su palabra ha corrido por manifestaciones y manifiestos, en los que a lo largo de décadas ha tratado de interponer el raciocinio y la razón a la violencia y la prepotencia de los poderosos y de los fanáticos.
La persistencia en su lucha contra la guerra fue ejemplar, pero dejarlo en esa superficialidad sería negar a esta figura su lucha continua en pro de una justicia para los seres humanos, para las clases sociales más desfavorecidas, para los pueblos del mundo sometidos.
Nunca he visto al anciano escritor esconderse o hurtar una coma a las luchas justas. Nunca apartarse del lugar de donde proviene. Sí he visto emoción en su cara y sus palabras en más de una ocasión, esa emoción que a veces parece distanciarse en sus novelas, donde recoge hechos aparentemente anodinos que parecen soñados, pero que acaban convirtiéndose en nuestro debatir cotidiano por la vida y la subsistencia. Una emoción que está más en la persona que en las terceras personas, en una vida realmente vivida para sí y para otr@s. Una vida de un ser no sometido y lejano de la manipulación que ahora otros tratarán de imponer.
No os confundáis, no, no se fue la voz.
No echéis campanas al vuelo,
que las campanas no fueron de su agrado,
que las de vuestras iglesias no pintan nada en este entierro
No os penséis que se fue,
su voz no ha muerto,
no creáis que podéis entrar a la viña
a arrancar racimos por crecer, racimos frescos
No os crezcáis ante la muerte,
porque erraréis el tiento,
cuando creáis un pueblo abandonado,
mientras su escritor no abandonó: aún está con ellos
La voz del pueblo es fuerte,
la de José es su sueño,
no podréis acallar la vida así,
de un rojo clavel fuego, que jamás hicisteis prisionero
Será o no será mago
José al pie del cañón
de flor de Abril, bala de fuego
balada del corazón, historia leve y profunda: pueblo
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