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Un fragmento de historia en la Semana Negra - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

La tertulia de escritores de hoy en la Semana Negra de Gijón reunió a Paco Ignacio Taibo II, Mario Mendoza, Ricardo Menéndez Salmón, Benito Taibo, Hotel Postmoderno (Carolina Otero, Alberto Torres y Maxi Villarroya), Rodolfo Pérez Valero, Alfonso Mateo Sagasta, Francisco José Jurado, Gabriela Cabezón, Juan Miguel Aguilera y Rogelio Guedea para hablar sobre ¿Novelas de palabras, de ideas, de acción?. En general hay bastante consenso hoy, pues el oficio mezcla las tres partes, escribe con palabras para expresar la ideas y se dota de una trama o acción que nos lleva de un punto a otro. Surgen los defensores del lenguaje que señalan que todo en una novela es palabra, pues con ella se cuentan las ideas y se desenvuelve la acción, además una cosa no tiene porque romper la otra, pueden coexistir. La trama no deja de ser una convención burguesa y cuando la palabra deja de interesar al lector el libro empieza a no ser importante, a abandonarse. Los que prefieren el predominio de las ideas argumentan que sin ellas no hay novela, por muy bien escrita que esté o por mucha acción que presente. El lenguaje está al servicio de las ideas para transmitir, es la herramienta que sirve para construir las imágenes del lector.

Un fragmento de historia en la Semana Negra

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Semana Negra. 12.07.2010
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Semana Negra. 12.07.2010

Fabián Escalante
Foto: ® Javi Álvarez

Semana Negra. 12.07.2010
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Semana Negra. 12.07.2010

Laura Castañón y Mario Mendoza
Foto: ® Javi Álvarez

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Javi Álvarez – La República Cultural

¿Cuál es la mejor proporción entre lenguaje, ideas y acción?

La tertulia de escritores de hoy en la Semana Negra de Gijón reunió a Paco Ignacio Taibo II, Mario Mendoza, Ricardo Menéndez Salmón, Benito Taibo, Hotel Postmoderno (Carolina Otero, Alberto Torres y Maxi Villarroya), Rodolfo Pérez Valero, Alfonso Mateo Sagasta, Francisco José Jurado, Gabriela Cabezón, Juan Miguel Aguilera y Rogelio Guedea para hablar sobre ¿Novelas de palabras, de ideas, de acción?. En general hay bastante consenso hoy, pues el oficio mezcla las tres partes, escribe con palabras para expresar la ideas y se dota de una trama o acción que nos lleva de un punto a otro.

Surgen los defensores del lenguaje que señalan que todo en una novela es palabra, pues con ella se cuentan las ideas y se desenvuelve la acción, además una cosa no tiene porque romper la otra, pueden coexistir. La trama no deja de ser una convención burguesa y cuando la palabra deja de interesar al lector el libro empieza a no ser importante, a abandonarse.

Los que prefieren el predominio de las ideas argumentan que sin ellas no hay novela, por muy bien escrita que esté o por mucha acción que presente. El lenguaje está al servicio de las ideas para transmitir, es la herramienta que sirve para construir las imágenes del lector.

¿Y la acción? Pues resulta que una buena novela de acción tendrá dentro muchas tésis, pensamientos e ideas y, además, bien expresadas. Son escritores de género, así que la acción es sin duda muy importante para sus novelas. Pero hay quien matiza recordando a Montalbán decir que los géneros deben usarse para llevarse hasta el límite del propio género. Cuenta entonces Rodolfo Pérez Valero como en Cuba hubo una época en que ser escritor de novela policíaca era considerado como ser un tanto payaso. Las novelas se compraban para que las leyeran los niños, pero no se consideraban algo serio. Pero llegó la Semana Negra y con ella los viajes, algo que en Cuba era muy valorado, así que todos los escritores "serios" se pusieron a escribir género; todos decían que en su novela había un muerto.

Surgen las preguntas para averiguar de qué se debe llenar una novela y qué es necesario sacar fuera de ella. Se habla de que las voces, los personajes por extensión, no tienen vida propia, que si quitásemos las acotaciones de los diálogos que nos van señalando quien habla en el 99% de los casos no distinguiríamos a un personaje de otro. El funcionalismo anecdótico -en lo contado y en los personajes- resulta cada vez más habitual. Ha surgido en muchos escritores la necesidad de hacer la novela fácil que se le pide desde la industria del libro. De esta forma se va simplificando su lenguaje y el oficio se empobrece. Esta maligna influencia de buscar la anécdota como sustitutivo de la historia cobra peso en nuestra literatura. Además se ve cierta tendencia a los lugares comunes, tal vez influencia del cine que mata con la expresividad de una imagen el lento trabajo de un escritor. El cine construye estereotipos y los amplifica. Estos tiempos y estos asuntos debilitan el oficio y sin embargo, ésta es una época excepcional para contar historias.

Es cierto que hay un mundo audiovisual que ha cambiado la novela, que se ha convertido en una competencia frente a la escritura y una lucha perdida porque resulta más sencillo ver una película en la que la imágenes te dan hecho una gran parte del trabajo de la imaginación. En ese cine el espectador busca esos lugares porque encontrarlos le tranquiliza, le dice que todo sigue bajo control, que los códigos que conoce permanecen.

La creación exige un oficio solitario, pero la literatura es algo más, un fenómeno social que se produce cuando el libro cobra vida en el lector. Leer es vivir. Pero hay quien separa esos dos momentos para elegir el del creador que trabaja con una ley de arrastre que es la obsesión, esas voces que machacan desde dentro, que están en el subconsciente y ante eso no hay presiones que sirvan. Y es que el escritor de nuestros tiempos está presionado por la industria del libro que fuerza los plazos, se mete en el estilo, en la trama… Lo que luego le afecte tiene más que ver con él mismo y con sus lectores. Ahora se quiere que el lector participe, la literatura va más allá de un mero signo escrito para convertiste en un arma. Se expresa una necesidad de encontrar al nuevo lector y para eso es preciso experimentar y arriesgar porque el progreso se empieza siempre por un camino en pruebas. Pero hay quien matiza categóricamente que "todo lo que nace siendo vanguardia termina siendo tradicción".

De toda lo escuchado se me graba esta vez a Benito Taibo reflexionando: "Un lector es un cómplice que te puede apuñalar por la espalda. Los buscas para que te quieran. Debemos usar la lógica del lector, así que hay que escribir la novela que a ti te gustaría leer".

Esta es la Semana Negra de Gijón y sigue.

Fabián Escalante: "El gran protagonista de estos cincuenta años de Revolución fue el pueblo y la solidaridad"

Paco Taibo, antes de presentar a Fabián Escalante, habla del bloqueo transnacional que existe con la literatura y los libros, algo imperdonable. Para luchar contra ese bloqueo la Semana Negra de Gijón había conseguido traer algunos de los libros de Escalante, pero la mala noticia es que ya no queda ninguno porque se vendieron todos. Taibo está interesado en averiguar quién preparaba las filtraciones desde abajo, de los famosos topos en la CIA ya se ha visto mucho en la novela y en la televisión. Escalante, general retirado del contraespionaje cubano, es uno de estos protagonistas.

Fabián habla de un grupo de jóvenes revolucionarios que lucharon contra Batista y que después del triunfo de la Revolución Cubana crearon un grupo de trabajo en febrero del 59 para investigar los complots que se preparaban desde EE.UU. para Cuba. Aquel grupo de muchachos y muchachas carecía de preparación, eran jóvenes patriotas revolucionarios que compartían al pensamiento de que la palanca que debe mover el mundo es la solidaridad.

¿Cuál ha sido el pecado de Cuba para estar en el punto de mira de los norteamericanos? se pregunta. No es el comunismo, no es el socialismo. El primer gobierno tras la Revolución se puede señalar como compuesto por gente de la burguesía, sin embargo hablaba y realizaba medidas revolucionarias: reforma agraria, descenso de los precios de la vivienda, abaratar los medicamentos, bajar los precios de la luz… Ese era su verdadero pecado. Con Batista, EE.UU. quería hacer Las Vegas en La Habana, con eso es con lo que acaba la Revolución, y a la vez empieza a construir un camino para conseguir una enseñanza y una medicina gratuita. La actitud de la Revolución siempre ha sido de contragolpe, respondiendo a las agresiones de EE.UU.

Desde norteamérica se dice que la única manera de acabar con la Revolución es asesinar a Fidel Castro. Comienzan a polarizar el mundo con sus campañas de contaminación pública y te das cuenta que si el enemigo habla mal de ti es que lo estás haciendo bien. Campañas que con solo la introducción de la duda ya se considera una gran victoria. Pone un ejemplo claro que estamos viviendo estos días con la falsa denominación de políticos a los presos cubanos. "¿Presos políticos? No, simplemente presos. En todos partes a los ciudadanos de un país que cobran un salario de otro para actuar contra el suyo se les denomina agentes".

Esta guerra que dura ya cincuenta años tiene muchas historias. Entre ellas están los 158 intentos de asesinar a Fidel Castro que tuvieron todos los componentes (personas asignadas, fechas, lugares, armas…) Tira de documentación contrastada y cita algunos de ellos, como cuando en los años 60 la CIA contrató a la mafia de Chicago para este asunto. Han tratado de asesinarle de varias formas, a la persona, a su imagen y a sus ideas, se le ha calumniado. Estas historias pueden parecer ciencia ficción pero no lo son, la realidad ha sido así. Cuenta dos casos descritos por la CIA, en el primero de ellos planeaban utilizar unos polvos que le hicieran caer la barba o suministrarle LSD antes de una entrevista.

De la crisis de los misiles habla que los medios lo trataron como el hecho de unos misiles que los cubanos apuntaron a los EE.UU. Eso es lo que el mundo conoce. Lo que se desconoce, lo que los medios no contaron, es el hecho de que en 1961 el presidente Kennedy firmó una orden para crear una conspiración dentro del territorio cubano que sembrara el caos y que les permitiera acudir a sus soldados para salvar al pueblo cubano. Uno de los puntos de dicha orden incluía el uso de armamento bacteriológico. En aquel periodo se contabilizaron 5.768 actos terroristas. Todo esto es poco conocido.

Otro de sus libros habla del asesinato de Kennedy. En aquel tiempo Escalante era Jefe de la Seguridad y los EE.UU. les pidieron ayuda para la investigación. Después, cuando desclasificaron los documentos, siguió y encontró muchas piezas sueltas, como por ejemplo que la persona que atendía personalmente la seguridad del presidente había investigado la preparación de dos atentados, también contra Kennedy, en el que participaban varios cubanos exiliados, pero a los que nadie jamás interrogó. Cuenta que entre los exiliados habían molestado mucho unas palabras del presidente en las que decía que no permitirían otra Cuba en el continente, se sobreentendió que la actual, por tanto, se admitía. Para escribir el libro siguió las rutas de la investigación tras Lee Harvey Oswald, el presunto asesino. Llegó a encontrar evidencias claras de que Oswald era un agente de la CIA que había trabajado en Rusia y se había asociado con la colonia cubana de Miami. No pudo realizar los cuatro disparos en cuatro segundos con una arma de retroceso como la escopeta utilizada. Tampoco pudo dar al presidente por delante y por detrás a la vez. Se trata de un chivo expiatorio. Esta operación tenía una segunda parte, a la muerte de Kennedy seguiría un atentado contra Fidel, una operación para culpar al gobierno de Cuba del asesinato y un invasión de la isla. Escalante no sabe realmente quién mató a Kennedy pero sí que hay constancia de que intervinieron la CIA, agentes cubanos de la CIA y la mafia de Chicago.

También ha publicado dos libros sobre Nicaragua. El primero de ellos Operación Calipso para hablar de los orígenes del conflicto. El segundo para hablar de la Nicaragua Sandinista de sus diez años de gobierno y la guerra constante promovida con la ayuda de EE.UU. que costó 65.000 muertos en un país que apenas tenía dos millones de habitantes. El otro "pecado" de Cuba es que por su persistencia ahora haya una nueva cultura en los gobiernos de Latinoamérica.

Contó anécdotas de su vida en el servicio de contraespionaje, historias que describen los pocos medios que tenían: acudían a las comunicaciones telefónicas, preparaban citas en lugares que habían desaparecido diez años antes… No superaban los 50 oficiales operativos frente a la base que la CIA montó en la inmediaciones de la universidad de Miami a la que llamó en clave JMWAY y que albergaba a 400 oficiales de caso, contaba con 4.000 agentes de origen cubano, barcos grandes, medianos y pequeños, aviones para volar a la isla, una empresa aérea de transportes desde la que empiezan a traficar con armas en Centroamérica y a traer droga de allí, astilleros, imprentas, alquiler de coches, agencias inmobiliarias… Tantos medios que daban de comer a casi toda la disidencia cubana.

Si no eran muchos los medios, lo que siempre tuvieron de su lado fue la colaboración del pueblo cubano y la solidaridad de toda América Latina.

Para aquellos a los que la charla les supo a poco, mañana hay otra oportunidad pues se ha programado otra en la carpa de Radio Kras.

Resilencia que puede salvarnos, política que quema. Buda Blues una historia de anarcoprimitivistas enfrentándose al sistema anticapitalista

Uno de los escritores más interesante de esta edición de la Semana Negra de Gijón es el autor colombiano Mario Mendoza. Su novela Buda Blues es una de las que está compitiendo por llevarse el Hammett de este año. Acompañado de Laura Castañón presenta su novela en la carpa A Quemarropa.

Castañón comenta la coincidencia, ya que esta novela que están presentando es la que Mendoza estaba escribiendo hace dos años en su anterior participación en la Semana Negra. Cuenta ella que como lectora le sorprendió al encontrarse con que era una novela epistolar, lo cual dota al argumento de una enorme vitalidad. Es una novela de dos personas que se están escribiendo cartas. La primera la escribe un profesor muy tranquilo que ha sido citado para identificar el cadáver de un pariente. Nada más del argumento cuenta y pasa a definir Buda Blues como, en apariencia, una novela negra con un cierto misterio, pero que, en realidad, tiene mucho más al verse la construcción de la vida de esa persona que está muerta. Hay en ella abundantes elementos para la reflexión e invita a tomar notas mientras la lees. Ella lo hizo de un tirón y la recomienda de todo corazón porque al lector le va a hacer pensar y disfrutar.

Al autor le ha llevado 15 años realizar una investigación sesuda para preparar Buda Blues. Mario Mendoza cuenta que la novela arranca de una obsesión por el personaje de Theodore Kaczynski (Unabomber), un matemático norteamericano formado en Harvard. De repente hay una fractura en su vida y termina refugiándose en una granja de Montana para escapar del sistema. Vivió en una cabaña sin luz eléctrica, ni agua corriente, ni auto… Cultivaba sus tomates y lechugas, recogía el agua de lluvia, cazaba su comida. Todos le consideraban el hippy que iba en bicicleta, el que cambiaba sus verduras cuando necesitaba algo. Mientras, Kaczynski preparaba bombas y las enviaba por correspondencia a grandes financieros. La CIA comenzó a buscarle, pero con esa vida resultaba perfectamente invisible al sistema. Todo acaba cuando amenaza a un periódico indicando que si no publican su manifiesto anticapitalista La sociedad industrial y su futuro volará el edificio. El FBI, sin pistas después de 17 años, decide que se publique y de esa forma intentar encontrar a alguien que pueda reconocerlo. El hermano de Theodore Kaczynski descubre en las frases del manifiesto algunas de las ideas que le había escuchado y contacta con el FBI para decirles que les dará la información a cambio de que a su hermano le perdonen la vida. Con esa información es detenido a sus 60 años. Las imágenes que retratan el instante reflejan a un lobo solitario, digno, envalentonado, que se enfrenta a las cámaras manteniendo toda su prestancia. Después viene el juicio, que el gobierno no desea que sea en audiencia pública porque teme su capacidad argumental tan convincente. Mendoza se había obsesionando con este personaje, pero el detonante le llega cuando conoce la noticia de que la universidad de Míchigan compra la correspondencia que se estableció entre Kaczynski y John Zerzan un filósofo responsable del grupo antisistema de Oregón.

Mendoza se pregunta porque Hollywood no ha hecho una película con este personaje. Es una pregunta retórica que el propio Mendoza contesta: "para que la gente no termine identificándose con esta persona".

Además de esta obsesión, más recientemente un amigo suyo de Bogotá sufrió una historia muy rara: termina encontrando a su hermano, que llevaba muchos años viviendo una vida al margen del sistema, en una morgue. Era una persona a la que el padre de Mendoza conoció de joven y que el propio autor llegó a conocer. Recuerda de él que lo recomendó una novela de Durrell que le cambió la vida, haciéndole surgir la concepción de escritor.

Con este nuevo impulso y teniendo en la mente al personaje de Kaczynski escribió el primer capítulo y vio que iba a ser muy denso, tanto como una bajada a los infiernos. Así que fue más tarde, tras ver el documental de Spike Lee sobre Nueva Orleans tras el paso del Katrina lo que le despertó de nuevo. Tras la catástrofe y entre la muerte, se debaten en la necesidad de montar el festival anual. Empiezan a tocar y la cámara se para en un graffiti de dos palabras: "Thanks Katrina". ¿En qué estado se encontraba la persona que lo escribió para dar las gracias por haber llegado al límite? Ese estado se llama resilencia y es la capacidad de algunos sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional dándole la vuelta a ese sufrimiento.

La novela es un viaje de unos anarquistas a través de los infiernos para acabar con el sistema, en realidad una historia de resilencia.

Retoma la palabra Castañón para decir que dentro de la historia hay muchos temas como son el problema de la culpa, la perversión del capitalismo, las relaciones de pareja… Le pregunta a Mendoza si todos estos temas estaban al principio o han ido saliendo durante la escritura. El autor explica que en cierto modo trabaja como un arquitecto, haciendo primero el plano inicial que se corresponde con el esquema de la novela. Sobre este esquema va escribiendo, pero lo hace respetando las dinámicas que van surgiendo de la propia escritura. La mayoría de los temas fueron surgiendo durante este proceso, aunque sí tenía muy claro que uno de los personajes se acercaría al budismo.

Mario Mendoza comenta que sospecha de la gente que sufre mucho, tal vez porque deben tener un ego muy grande en el que les quepa tanto dolor. Su intención es afirmar la vida en la mitad del dolor, pero enfrentarlo con un cierto humor.

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Fecha: el Lunes 12 de julio de 2010

Lugar: Semana Negra - Playa del Arbeyal. La Calzada. Gijón

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