Menú
laRepúblicaCultural.es - Revista Digital
Inicio
LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital
Síguenos
Hoy es Jueves 27 de julio de 2017
Números:
ISSN 2174 - 4092
PORTADAS

¿Para que sirve la Literatura? - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

Se despertó el día lloviznando, uno de esos en que tienes que abrir el paraguas, de un cielo gris que se echa de menos en la distancia. No suele haber cinco días seguidos en Asturias sin unas gotas que la reverdezcan, es su clima y la verdad es que me resulta una delicia. Nada cambia los ritmos ni los hábitos, varía el paisaje que se abre de paraguas multicolores, de impermeables y chubasqueros, de charlas meteorológicas entre dos vecinos. A la hora que el recinto de la Semana Negra de Gijón se despereza, a eso de las cinco de la tarde ya no quedan restos, tampoco fue para tanto.

¿Para que sirve la Literatura?

Tip A Friend  Enviar
Versión para imprimir de este documento Versión imprimir
Semana Negra. 16.07.2010
Ampliar imagen

Semana Negra. 16.07.2010

Jerónimo Tristante
Foto: ® Javi Álvarez

Semana Negra. 16.07.2010
Ampliar imagen
Semana Negra. 16.07.2010

Francisco Prado Alberdi y Alejandro Gallo
Foto: ® Javi Álvarez

Click en las imágenes para ampliar
DATOS RELACIONADOS

Javi Álvarez – La República Cultural

Se despertó el día lloviznando, uno de esos en que tienes que abrir el paraguas, de un cielo gris que se echa de menos en la distancia. No suele haber cinco días seguidos en Asturias sin unas gotas que la reverdezcan, es su clima y la verdad es que me resulta una delicia. Nada cambia los ritmos ni los hábitos, varía el paisaje que se abre de paraguas multicolores, de impermeables y chubasqueros, de charlas meteorológicas entre dos vecinos. A la hora que el recinto de la Semana Negra de Gijón se despereza, a eso de las cinco de la tarde ya no quedan restos, tampoco fue para tanto.

Las tertulias siguen con intención de dibujar el oficio de escritor

La tertulia de esta tarde reune a Rogelio Guedea, Willy Uribe, Jon Arretxe, José Ramón Gómez Cabezas, Enrique Rubio, Carlos Zanón, Juan Ramón Biedma, Guillermo Orsi, Raúl Argemí, Gregorio Casamayor, Elsa Plaza, Sanjuana Martínez y Paco Taibo para hablar sobre Novela negra de la realidad a la moda a la búsqueda.

Como dice Biedma le preocupa que el género está ya asumido por la sociedad, lo que ha mermado su capacidad de transgresión y denuncia. Los medios de comunicación han integrado el mensaje y se acabó el escándalo. ¿Qué vamos a seguir denunciando? Literatura frente a realidad a la hora de elegir los temas que tratamos. No debemos pintar escenas más truculentas que la propia realidad, pero el escritor debe de ir un punto más allá que el periodista, no puede contentarse con el simple hecho de la condena, necesita adentrarse en lo que denuncia para desentrañarlo.

Argemí piensa que cuando escribimos un libro no estamos modificando la realidad, para eso hay que hacer una revolución o tomar el poder. No somos distintos a nuestra realidad, así que aquí es evidente el descafeinamiento y que ya no se llega a la profundidad, se denuncia lo que conocemos todos. Hay otro plano del compromiso de la persona, que transciende al escritor. Su apuesta sigue clara, siempre va a haber grupos de inadaptados que van a tener un concepto de rebelión antes esa realidad.

Todos comparten en ese tema de la superficialidad en la nueva literatura, de la falta de interés o capacidad por adentrarse en la profundidad de las cuestiones para denunciar con todas las evidencias. Si la nueva novela negra que viene de los países nórdicos nos interesa es porque describe las fisuras de la sociedad europea acomodada. ¿Qué es lo siguiente a contar, lo que queda pendiente? Hay que entrar en las cabezas de los financieros, en los mundos que no se han tocado, para narrar nuevos caminos por contar. Se puede explorar los demonios propios porque estos enlazan con la realidad de nuestra sociedad y verbalizar lo más execrable que lo social nos deja. Echar raíces profundas en las pequeñas historias y conflictos. Mutar hacia lo psicológico, indagando y pinchando las creencias establecidas de la gente. Simplemente proponer un punto de reflexión al lector.

Influir en la realidad es otra de las intenciones del escritor de género. Dickens influyó en su época, pero ahora denunciar toda la corrupción no sirve de mucho. Tender a lo cotidiano, a dibujar emociones que enseñen nuevos puntos de vista. La ficción tiene difícil superar la realidad, se compite con los noticieros, con sus imágenes, así que el poder del escritor de cambiar el mundo hay que tomárselo con cierto escepticismo.

¿Cuántas veces leer algo te ha hecho pensar y cambiar las formas de hacer las cosas? Escribir es una dinamo para el lector que tiene efectos multiplicadores porque es subersiva: abro un libro y soy otro. La literatura construye arquetipos, luego descubres que quieres ser como ellos. Escribes y los efectos son insospechados

Guillermo Orsi explica que como ciudadano quiere vivir en una sociedad más justa, por eso le preocupan esos financieros tan educados que están tomando decisiones que nos comprometen a todos, ese es el misterio que le gustaría desentrañar.

Hoy se me queda grabado la voz de Gregorio Casamayor diciendo que "como ciudadanos tenemos una responsabilidad y como escritores otra, la de escribir historias que hagan pensar al lector".

A la Literatura le queda un gran trabajo pendiente para ayudar a generar memoria colectiva

Toca la cita anual con la Fundación Juan Muñiz Zapico en la Semana Negra de Gijón. De un tiempo a esta parte se habla mucho de la memoria de nuestro pueblo y del lento proceso para construirla, de esto versa la mesa redonda que nos proponen desde la Fundación: Literatura y memoria histórica.

La presenta Francisco Prado Alberdi Pipas, memoria sindical de Gijón y presidente de la Fundación, que informa de la ausencia en la mesa de Luis García Montero, a quien se le ha retrasado el vuelo y en estos momentos todavía está volando.

Alberdi cita al sociólogo Jesús Ibañez como preámbulo: "El orden dominante nos impone el olvido…, y el olvido de que hemos olvidado". A él le gusta más el término memoria colectiva que el de memoria histórica. El ser humano no puede vivir sin memoria, así que se reescribe la Historia. El debate que quiere abrir es para encontrar lo que debe hacer la Literatura en ese esfuerzo para recuperar la memoria. Los tres ponentes que le acompañan en la mesa son el escritor de novela negra Alejandro Gallo, la escritora en asturiano Vanessa Gutiérrez y el historiador Francisco Érice.

Alejandro Gallo, autor entre otras novelas de Operación Exterminio y que en unos meses presentará una nueva obra que son dos en una, quiso hablar de 1984 como paradigma del control que ejerce el poder sobre el olvido y como muestra de que quien gobierna el presente, también gestiona el pasado y prepara nuestras mentes hacia el futuro que dibuja. Explicó después el tipo de Historia que habíamos recibido a través de la educación en este país. La que tuvimos durante la dictadura la definió como escatológica y acuñada en las monedas. Se limitó a un engañoso "Francisco Franco caudillo de España por la gracia de dios". Pero Franco no charló con dios, con quienes habló fue con Salazar, Hitler y Mussolini para empezar a hacer experimentos fascistas. Una etapa que acusaba con el dedo al gobierno de la República por las 547 toneladas del famoso Oro de Moscú y olvida el expolio que estaba realizando en las minas de wolframino españolas para recubrir el fuselaje de los Panzer del eje alemán. Franco regalaba a sus aliados un producto que en el mercado superaba al valor del oro, multiplicándolo por diez en aquellos tiempos. Murió Franco y surgió otra Historia, la historia capada, la que floreció a la sombra de un pacto de silencio y que comenzó un camino de reconstrucción de la Historia sobre la máxima de que en los dos bandos hubo buenos y malos para evitar el verdadero debate, el que debió establecerse entre víctimas y verdugos. Es una educación que busca el alzheimer colectivo.

Lentamente los libros de los vencedores van siendo sustituidos por las voces de los hijos de la dictadura que piden que no nos reinventen más la Historia los mismos. Con lentitud vamos viendo una justicia que no puede hacer justicia, así que tendrá que hacerla la Literatura. Literatura que tendremos que fabricarla entre todos, porque hay que reconstruir la Historia para hablar de nuestra gente, de su épica que han querido ir destruyendo en todo este tiempo. Lo que ocurrió en este país no tiene nombre, a los perdedores se les convirtió en esclavos y todas esas historias están pendientes de ser contadas. Hay que devolver la voz a los nuestros, a quienes fueron exiliados, a los que se asesinó con vileza, a nuestros familiares, a nuestros amigos, porque como decía Quevedo, "uno a uno somos todos mortales, pero juntos somos eternos".

Todos los países reconstruyeron su historia tras la Segunda Guerra Mundial, pero qué pasó en España. Aquí se mantenía una dictadura que no nos dejó reconstruir nada y nos fuimos olvidando de una parte importante de nosotros, de quienes siguieron luchando contra el fascismo en Europa. Somos cada uno de nosotros quienes tenemos que reconstruir la memoria, es una obligación de todos para dejar a nuestros hijos y nietos la Historia bien contada.

Francisco Érice que en su libro Guerras de la memoria y fantasmas del pasado. Usos y abusos de la memoria colectiva nos propone una reflexión sobre los abusos de la memoria, señaló que la memoria no es equivalente a la reconstrucción histórica. El objetivo que pretende la Historia es el de establecer fielmente fragmentos del pasado. La memoria es diferente, lo que intenta es interpretar ese pasado en función de lo personal, de los intereses y del presente. Por decirlo de alguna manera, es el pasado de hoy. No existe una memoria única y siempre se encuentra en conflicto, pues la memoria es un campo de batalla, porque surge de la interpretación del pasado desde las necesidades del presente. Así que se reconstruye constantemente en función de nuevas luchas e intereses. La memoria colectiva es una especie de collage acerca de un pasado. Los recuerdos son limitados, algunas escenas, algunos hechos. La construcción de esos recuerdos es la memoria colectiva y los mecanismos que se utilizan para elaborarla no distan mucho de los empleados por la Literatura. Como no existe un pasado de recuerdos puros la memoria no se puede recuperar, lo que se hace con ella es construirla y en eso la Literatura tiene una enorme capacidad. Primero por sus técnicas que mezclan planos, no respetan los elementos cronológicos e introducen elementos subjetivos, emocionales y personales. En segundo lugar desde el punto de vista de los contenidos que incorporan el pasado utilizándolo para el presente y que consiguen hacerlo de una forma que se convierte en fuente más efectiva para generar nuevos recuerdos y unificar una visión del pasado mostrado; aprovechando la posibilidad de difundir un pasado con mayor atractivo para el público que la propia Historia.

La Literatura se ha utilizado de formas diferentes en tres momentos recientes de nuestra historia. Durante la postguerra se escribieron novelas para ofrecer la imagen que el Franquismo precisaba y para demonizar el recuerdo de la República. En el final del Franquismo y principio de la Transición, para señalar que vamos a tener una manifiesta imposibilidad de desenterrar el pasado de los vencidos. En los últimos años y paralela a los movimientos de recuperación de la memoria ha surgido una crítica al olvido del pasado y una recuperación de la tradición oral para dejar grabadas las historias concretas no contadas. Es este último un camino que busca recuperar tramos de nuestra Historia.

En las sociedades democráticas también existen silencios, hay límites a la memoria. No tenemos que ser beatos con ella, se puede llenar de mitos y deformaciones, pues su objetivo es crear una identidad. Es importante el conocimiento de la Historia, a la que incluso los literatos acuden para documentar sus historias. La gente construye su discurso y en torno a él elabora sus recuerdos.

Vanessa Gutiérrez es autora, junto con Beatriz R. Viado, del ensayo El país del silencio basado en la memoria contada por mujeres corrientes. Su experiencia personal más reciente en los medios audivisuales debida a su participación en Una vida contada hace que, a través de la entrevista a Anita Sirgo, vayan aflorando sus propias sensaciones, sintiéndose arte y parte. Recuerda que lo que Anita le contaba le afectaba a su propia memoria y también a su estado de ánimo.

Como escritora le interesa la literatura que se apoya en la experiencia humana. Para preparar El país del silencio, Beatriz y ella partieron de dos premisas, dos frases escuchadas, "El olvido está lleno de memoria" y "el miedo funciona como gas paralizante a largo plazo". El ensayo es una sucesión de narraciones que merecían ser contadas. Se adentra en el ámbito privado de las personas, testimonios de vencidos. Es un relato directo de sus protagonistas, pero desde una perspectiva de dar visibilidad a lo anónimo. Los hechos tienen recuerdos que han sido silenciados durante mucho tiempo por sus propios actores. También ha buscado el papel de las mujeres, siempre un tanto relegado. Asturias como territorio y la mujer como protagonista, así surge este trabajo periodístico de entrevistar a 21 mujeres que es El país del silencio. Le impresionó y marcó mucho la rotura del silencio que algunas mujeres habían guardado por miedo. Su intención era contar los hechos y también observar la selección de recuerdos que cada persona elegía narrar. Cada una de estas mujeres tuvo compromisos e implicaciones distintas, pues no hacía falta pasar por la cárcel para ser una víctima más. Las hay más célebres, que ya tienen un relato elaborado y construido a fuerza de repetirlo y otras que aún no lo habían contado y se expresan dando pinceladas. No forzaron la memoria, no quisieron dirigir las respuestas, porque los silencios también son significativos. "Si conoces las causas preocúpate por los efectos, si ves los efectos pregúntate por las causas".

Sus intenciones eran las de realizar un trabajo subjetivo ya que se sustenta en la experiencia y en la importancia de lo personal, de unos testimonios con mucho valor. Es una forma de recuperar nuestra autoestima a través del testimonio y la memoria de las personas. Nada impacta más que la sencillez de un relato escolar. Llega más que cualquier técnica.

Tristante nos cuenta la Barcelona del comienzo de la industrialización

Jerónimo Tristante es otro de los habituales de la Semana Negra de Gijón. Siempre llega con una nueva novela bajo el brazo. Este año trae la tercera entrega de su detective Víctor Ros resolviendo el caso titulado El enigma de la calle Calabria.

Cristina Fallarás, cómplice canalla, le pone los puntos sobre las ies a Ros, un hombre serio, sin vicios, fielmente casado que a ella no le produce ninguna pulsión, seguramente un reflejo de su autor, bromea. Enseña las notas que ha tomado para la presentación, pequeñas frases escritas en un sobre usado como papel. Dice que en esta Semana han sido muchos los debates reivindicando el papel social como lucha política de la Literatura y nos hemos olvidado del folletín blanco. En los casos de Víctor Ros, la razón va desvelando el enigma. Es un detective que usa la ciencia del siglo XIX para investigar. En esta novela nos retrata la Barcelona de 1919, cuando se está construyendo el Ensanche, una ciudad en la que convive a un tiempo el modernismo y las chabolas, donde las madres prostituyen a sus hijas, algunos chinos venden opio y los ricos se hacen tan bohemios como imbéciles. La novela se introduce en la tripa de la chabola y va mostrando todos aquellos efectos que provocó la industrialización y la miseria de los prejuicios. El personaje más atractivo es un travestí llamado Elisabeth que se alimenta de sangre.

El caso que nos ocupa esta vez trata de un hombre que sale de viaje en un carruaje de caballos, que no para en ningún momento, pero que al llegar al destino y abrir las puertas no está dentro: ha desaparecido mágicamente durante el trayecto. Cuando reaparece sobre sus ropas hay polvo de azufre, ha sido torturado y muestra una fuerte aversión hacia los símbolos sagrados. La Iglesia lo señala como endemoniado.

Tristante empieza recordando a Julián Muñiz, una persona entrañable, que se encargaba de llevar a los invitados y charlar con ellos en esos traslados. Propone un nuevo premio más que se sume al palmarés de la Semana Negra, que lleve el nombre de Julián y que sea sobre literatura de viajes.

Reconoce que Ros es demasiado formal, pero el autor está un tanto cansado de los detectives que son antihéroes. Su protagonista es serio, con una vida ordenada y hecho a sí mismo. Tal vez un poco "perfectito". Con él y a través de sus casos, Tristante buscaba crear un Holmes que pudiera contar la época y lo que va viendo en sus viajes. Cada novela ocurre en una ciudad diferente. Ahora le ha tocado a Barcelona. Recuerda que preparando la historia, mientras se documentaba, ha encontrado información de entonces que le ha servido para entender muchas cosas que pasan allí ahora, ha visto aquel tiempo como el de una colonia regida desde Madrid, una especie de sentirse vistos con incomprensión y querer emanciparse. Observó una burguesía contradictoria, que se quiere ir pero que se siente más contenta con la restauración que con los liberales por el simple hecho de que estos primeros graban con impuestos la entrada de textiles extranjeros. Encontró en sus indagaciones previas el inicio del anarcosindicalismo. Se dio de bruces con un ambiente poliédrico.

Siempre supo que el Moriarty de Ros tenía que ser una mujer. En esta novela surge Elisabeth, que en realidad es un travestí, para ocupar ese papel antagónico. Se ha basado para construirla en varios elementos, entre los que se encuentra la figura real de Enriqueta Martí, la vampira del carrer Ponent. Dice Tristante que cuando un autor toma cosas de la realidad el lector no se las cree, como ocurre con las historias de sacamantecas.

Recupera la palabra Fallarás para señalar dos grandes aciertos de la novela, su truculencia y la de colocar a la inmigración como motor del proceso de industrialización. Una inmigración que al llegar no se enfrenta a una aristocracia sino a una burguesía pacata. Con estos dos elementos muestra también que Cataluña representaba el racionalismo y una cultura nueva emergente frente al oscurantismo que aún seguía imponiéndose en el resto de España.

Tristante señala que el asunto catalán es un tema lleno de contradicciones. En aquel momento los que llegaban desde otras regiones iban a trabajar en turnos de 14 horas y que en las muchas festividades que señalaba la Iglesia no se trabajaba, pero que tampoco se cobraban esos días. Surge por contra un nacionalismo rural, ultracatólico en una sociedad de grandes extremos. Una ciudad que es puerto de mar y que por tanto resulta más abierta, más cosmopolita, donde con dinero se puede comprar cualquier cosa.

Matiza Fallarás que la novela resulta totalmente actual, porque aquella Barcelona no difiere en gran cosa de la de ahora. Señala que es muy interesante el retrato realizado por Tristante que maneja un tipo de sociedad propia de Barcelona y que si la superponemos sobre una imagen real de hoy nos explica también el presente como un germen de lo que ahora es. Cierra informando que por primera vez, en este caso, Ros apunta maneras para que ella pueda sentir una pequeña pulsión por él.

Tristante para despedirse recoge el guante y promete hacer más golfo a su detective en próximas entregas. Para su próxima novela, el protagonismo lo tomará la mujer de Víctor Ros, una sufragista que llevará el peso de la acción.

Ver más fechas pasadas

Fecha: el Viernes 16 de julio de 2010

Lugar: Semana Negra - Playa del Arbeyal. La Calzada. Gijón

FORO DEL ARTÍCULO
¿Quién eres?

Tu mensaje

Alojados en NODO50.org
Licencia de Creative Commons