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Un libro que podría titularse El baile de la berenjena
Portada de la obra de Óscar Santos Payán |
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Blanca Vázquez - laRepúblicaCultural.es
Ediciones Baladí es una de esas arriesgadas, valientes, exigentes y novedosas editoriales que se preocupan de ofrecer una visión literaria nueva. Gente que ama los libros y que en modo alguno está reñida con las ventas y la prosperidad, sin por ello aparcar la calidad a un lado por su condición de empresa. Me han sorprendido en la reciente Feria de Madrid, perdida como estaba entre tantas casetas siempre con las mismas firmas. Me hice con varios volúmenes, algunos ya comentados en esta vuestra revista, El caníbal y Escenario de guerra.
Un libro que podría titularse El baile de la berenjena del poeta, escritor y presentador radiofónico Óscar Santos Payán, es el tercero que gusto comentar para recomendarles buenas lecturas en un verano al que siempre hacemos hueco en la maleta para varios volúmenes.
El título y la portada (en color berenjena con silueta superpuesta de la tal verdura sobre el cuerpo curvo de una hermosa mujer en cuyo hombro reposa un delicado gorrión) ya nos invitan a entrar. Sus 244 páginas de dinámicos diálogos englobados en una prosa más cercana a la dramaturgia y el mundo del teatro que a la novela densamente descriptiva y contemplativa. Llega, además, con un regalo extra, las ilustraciones de Macarena Alagarín que se esparcen por la historia de juveniles descubrimientos confiriendo al trabajo de Santos Payán un aura más que apetecible para estos cálidos días bajo el sol marino o de montaña.
Plato, esta salsa de berenjena, especialmente indicado para amantes de asuetos en parajes pueblerinos, a poder ser auténticos. Sí, el pueblo de la abuela, de la tata, o de los tíos lejanos; el pueblecito de siempre. En semejante escenario se desarrolla la fábula cuento que desarrolla, con un lenguaje limpio, natural, pero sólido; rico pero alejado del enrevesado barroquismo irreal de algunos de los bestsellers de moda. Dotada de un naturalismo que la acerca a las obras de aquellos autores poco revisados hoy día: la generación del 98, que describían con amor los pueblos españoles y sus gentes, las tradiciones, en versión folletinesca, con un lenguaje cercano, donde se critica los abusos de poder y autoritarismo y se da la oportunidad de crear unos personajes muy determinados, desde el librepensador anarquista al curita obtuso. Un aura romántica, castiza y liberal. Un estilo herencia de Unamuno, Baroja, Azorín, Maeztu, Valle-Inclán, un cierto regusto republicano.
Se le nota el bagaje poético a Santos Payán, (poemario Infierno sostenido, 2006) pues esta fresca y novedosa historia que acontece en un pueblo de nombre Cataratas de mar (si bien imaginario, podría ser cualquiera de los pequeños pueblos que aun conservan su historia y sus mayores) está bañada por una lírica romántica que recuerda nuestra niñez cuando éramos liberados del yugo familiar y correteábamos como lagartijas entre los polvorientos caminos y escondrijos varios. Recuerdos y rememorias que se centraban en las fiestas del pueblo, que siempre coincidían con las estancias vacacionales de las familias que venían de la ciudad. El libro que podría titularse El baile de la berenjena transcurre precisamente en un fin de semana de fiestas patronales en honor de San Jorge Aguado, un santo listillo que hace doscientos años se había apoderado de la virginidad de las mozas del pueblo (anécdota harto divertida). El narrador es un chaval de unos trece años en ansioso estado por querer hacerse un hombrecito, amante de las faldas y las sonrisas femeninas. Él y su mejor amigo, Jorgito, hijo del veterinario, andan a la greña con unos gamberretes, (los pijos visitantes), se hacen amigos de un tal Genaro, hombre de mundo retornado al pueblo para ver a su amor de juventud, y les traen locos un par de mujeres, Rosario, casada con Blas, y Gloria, la hija del alcalde.
Peleas, besos robados, una pizca de voyerismo, más de una moña bien puesta, amores confesados, soledades aceptadas, y muchas lecciones sobre la vida: “La vida es un juego, y sólo conocemos el comienzo y el final. Lo demás son reglas inventadas por los hombres. Trucos que utilizamos para ir salvando los obstáculos que se cruzan en nuestro camino. Por eso nunca, si uno quiere, se es joven o viejo. La única diferencia es la forma de vivir.”
Un fin de semana largo, en el que un adolescente con ganas de crecer va a experimentar la valentía de enfrentarse a los problemas de ser mayor, de enamorarse, de la pérdida de los familiares. Va a saber lo que es la amistad verdadera, y luchar contra la violencia y rabia incontrolable de algunos. La vida en un microcosmos pueblerino, la vida en una canción del verano. Escrita con un lenguaje sencillo, no deja de estar apoyada por una prosa íntegra, perfecta, como pocas veces se ve últimamente con tanta carambola y retruécano de delirio. Con cierto aire humorístico, no la tomen por una novela de humor, porque no lo es. Es una frescura de verano con orquesta, misa, procesión con santo, peleas, revoltijos carnosos…y todo lo que imaginen en este baile de la berenjena.
“Y por fin acompañando al bocazas al micrófono, se adivinaba una forma espantosa, mitad mujer, mitad burra, que hacía los coros embutida en un traje negro con lentejuelas talla primera comunión. Y en eso se gastaban el dinero del pueblo. Todos los años la recolecta para las fiestas, un donativo que escocía más que una raspadura, para contratar un grupo de desalmados que emitían sonidos desgarradores y dolorosos…”.
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IMÁGENES Y DATOS RELACIONADOS |
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Título: Un libro que podría titularse El baile de la berenjena
Autor: Óscar Santos Payán
Editorial: Ediciones Baladí S.L.L.
Ilustraciones: Macarena Alagarín
Páginas: 244
ISBN: 978-84-937661-4-6
Precio: 16,35 €
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