Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Pasado el tiempo, Bea sigue siendo más realista que su hermano, y tratando de sacarle esos terrores imaginarios de la cabeza, mientras el miedo les acecha, les huele y se alimenta de sus temores.
Hay trabajos que acaban siendo parte de quienes los crean y los desarrollan, y así ocurre con este Ojos y cerrojos, que hizo la Cuarta Pared, y que ya lleva girando y reponiéndose desde hace varios años. Eso hace que, cuando la puesta en marcha y el paso del tiempo identifican a actores y actrices con personajes de la obra, sea muy difícil sustituirlos. Y aunque es algo que ocurre a menudo, pasado el tiempo acudí de nuevo a ver la puesta en escena, con un nuevo cambio, porque María José del Moral ha sido sustituida por Raquel Alarcón, y en 2013 por Alexandra Arnal.
Es agradable ver que en un buen trabajo se pueden asumir los cambios, porque a Raquel, a la que ya conocía de La cuenta por favor (un trabajo realizado hace un año con la compañía Chiscón Teatro), ha encajado muy bien en este trabajo tan diferente al anterior y, si bien siempre andará por ahí el personaje de Bea, interpretado por María Moral, ha hecho un buen trabajo para alcanzar al resto del equipo. David Rubio sustituyó a Pedro Martín en el divertido y asustadizo personaje Óscar, el hermano de Bea, y sigue estando el tremendo Pedro Roca, que no tiene precio en la personificación del miedo, en lo corporal, en la voz… esa voz que, parece sacada de los muertos vivientes del Warcraft, un juego de hace años (muchos chavales la conocerán, y yo siempre pensé que era una voz sintetizada más que doblada), y que parece que te va a absorber cualquier posible confianza o seguridad, en ti mismo.
Ojos y cerrojos es uno de mis trabajos preferidos dirigidos a niñ@s o a público familiar, porque, además de estar muy bien diseñado y encajado dramáticamente, tiene un trasfondo de relato que es el perfecto cuento para niñ@s, en que la parte de miedo concluye en lo que debería acabar nuestra percepción real de la vida. Pero tiene mucho más: tiene una historia solidaria, es un relato contra la xenofobia, un alegato a la integración, una vía para acercar las personas entre sí frente al rechazo injustificado… Estamos ante un trabajo que puede ayudar a much@s padres y madres a explicar las cosas a sus peques, resolviendo esos problemas inexplicables que no sabemos de dónde surgieron, y por otro lado, hacer que se ayuden a sí mismos adult@s y niñ@s.
El problema, para mí, es otro, el problema es que con el paso del tiempo, los trabajos de calidad van cayendo en un saco roto, y si además se trata de una obra para niñ@s, entonces puede ir a un pozo sin fondo, de donde no los sacará ni el que bucee en el baúl de los recuerdos. No alcanzaré nunca a comprender el motivo por el que el teatro familiar se considera algo de peor calidad, y se paga peor, por qué se le descalifica llamándole “infantil”, cuando el teatro para niñ@s debe trabajarse más duramente y con más cabeza, es decir, ser más maduro, por qué, en ocasiones, se presentan trabajos carentes del más mínimo respeto, cuando el público más joven es el público potencial del teatro en el futuro: es como pisar las vides con el tractor para sacar las uvas de este año, como arrasar con los frutos del mañana.
No creo que hoy día se repongan obras de teatro de las que se hacían cuando yo era un niño, tal vez la problemática era diferente, pero la diversión no tiene que cambiar necesariamente, y la imaginación vale para la escena en todas las edades.
Me gustaría pensar que trabajos como este, dentro de veinte años, tendrán a alguien que los recuperará, sin ninguno de los actores o actrices actuales, sin Javier G. Yagüe o sin Javier García-Araus, para reponer algo que, desgraciadamente, aún será muy necesario en todos y cada uno de los aspectos que hoy trata en la arena de la Cuarta Pared y de otros escenarios. Pero si el buen teatro para espectadores principiantes no cuenta con buenos apoyos y bases sólidas, dentro de 20 años seguirá, como siempre, en el punto de partida.
Hace tiempo dije (y sigo diciendo) sobre la obra:
Tres únicos actores desarrollarán una obra de miedo e intriga, que hepatará a los grandes del misterio, pero con unos fines educativos que trascienden la edad, ya que la finalidad de la misma es favorecer la victoria de las personas sobre sus miedos y sobre lo irracional y supersticioso en cualquier aspecto.
De esta manera lo presentan Óscar (ahora es David Rubio) y Bea (ahora es Raquel Alarcón), dos hermanos que viven solos en su casa. Solos… con una desagradable compañía que al principio solamente Oscar puede ver: su miedo, pero que pronto Bea también podrá ver y hablar con él. El miedo (que representa Pedro Roca) les irá comiendo su vida, de forma que no podrán hablar con nadie, todo se transforma en clave de sucesos extraños, hasta la cosa más simple, aunque Bea, más racional aunque influenciable, se resiste a creerse todo, afortunadamente para ambos y para el vecindario.
Los tres intérpretes representarán a media docena de personajes, cada uno con su idiosincrasia, y la mitad de ellos inmigrantes que han ido llegando a un edificio medio en ruinas, pero que quieren salvar a toda costa como si se tratase de su propio hogar, en tanto que los antiguos inquilinos se han ido a lugares más cómodos. Los únicos que quedan de los anteriores habitantes son los dos hermanos, acompañados por su miedo, que se encuentra en su salsa cuando huele cómo va aumentando el miedo ajeno. Bea se percatará enseguida de que están viviendo entre cerrojos, que les ciegan ante su entorno, y que es preferible romperlos y abrir los ojos a la realidad.
De esta manera, además de fomentar el uso de la razón para comprender lo que nos rodea, los personajes destierran otros miedos, como aquellos que conducen a la xenofobia y el racismo, pero también tratan el miedo a los animales y las agorafobias que parecen apuntarse en un determinado momento, que acabarían con los chavales encerrados en su casa sin ir a trabajar uno ni a estudiar la otra.
Considero que el excelente trabajo trasciende e que se encasille en uno u otro concepto teatral, ni rango de edad, por lo que debería recomendarse a cualquier espectador, ya sea por pasar un buen rato, o por el motivo que sea, pero también como buena terapia.