Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Tal vez la vida sea cuestión de tener oportunidades, o de buscarlas, y cada quién elije el camino por el que va a conducir sus pasos. Lo que ocurre es que a estas alturas me produce una gran envidia gente que con una gran juventud ha sido capaz de decidir las cosas que quería hacer, empeñarse en todas ellas y sacarlas adelante, sin perder ni un ápice de ese sentido crítico que Lola Blasco tiene hoy día, pegado al mar de dudas que hay que mantener toda la vida para poder seguir creciendo y enriqueciéndose.
Esta alicantina, de la misma generación de María Velasco, y de gran proximidad en el sentido crítico y en ciertos aspectos de sus opciones profesionales, tiene ese pequeño toque de rabia que la impulsa en cada instante a tomar una iniciativa y una decisión, cueste lo que cueste. No parece producirle pereza poner en marcha proyectos complicados o ideas que la obliguen a tener que viajar a sitios como los campamentos de refugiados del Sáhara en la provincia argelina de Tinduf, sólo con la finalidad de fundamentar su trabajo como autora y dramaturga. Pongamos que, además, ni se cree todo lo que ve, ni piensa nunca haberlo visto todo, así que se limita a sacar sus conclusiones o a no exponerlas y preguntar a los demás qué ven en su propuesta.
Es un poco el perfil global que he podido ver en la persona, en la dramaturga, en la autora y en ese pequeño fragmento escénico en el que se obliga a implicarse a sí misma como actriz en su proyecto escénico Pieza Paisaje en un prólogo y un acto, desde donde un tema tan arduo como el lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima, es tratado de manera directa, sin tapujos y en un lenguaje por medio del cual consigue transformar su interés en un lenguaje para su generación y para otras más jóvenes, no sólo por el texto rapeado, sino por el mismo lenguaje que establece puentes entre entornos de creación más actual y otros lugares más “clásicos” del teatro contemporáneo.
Como llevo diciendo hace tiempo, estamos en un momento en que distint@s creadores escénic@s están innovando de manera inteligente, sin hacer una ruptura radical pero dando un gran avance en la forma de mostrar, ver y entender su entorno cultural. Cada vez es más generalizada la fusión entre formatos y si no aprendemos nuevas clasificaciones, lo mejor será tratar las nuevas propuestas escénicas como un todo. Pero lo mejor es que quienes crean esos formatos, cada vez son más libres a la hora de abordarlos, en el lenguaje, en el contenido, en el hilo conductor… y además, hay quienes necesitan una reconciliación con la memoria que se destruyó en el mundo durante el siglo XX. El trabajo de jóvenes profesionales como Lola, no es sencillo, muchas veces no tiene fácil reconocimiento ni difusión, y no se accede fácilmente a poner un texto encima de un escenario, así que la lucha por la vida y por mantener tu trabajo no es un camino de rosas, pero creo que a mujeres así no les detienen estas cosas. Vamos, lo que decía, cierta envidia de cómo son y de lo que hacen, no me la quita nadie.
¿Por qué eliges concretamente el tema del lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima para tu trabajo?
En realidad cuando la escribí hace poco más de dos años, me di cuenta de que teníamos muchas obras literarias y algunas dramáticas sobre el holocausto, pero aunque había algunas novelas, no había ninguna obra dramática española sobre Hiroshima. En ese momento me pareció un tema pendiente.
¿Y por qué eliges esta manera?
Cuando empiezo a escribir esta obra, no consigo llegar a un acuerdo conmigo misma. A medida que voy documentándome y escribiendo la obra, la ira aumenta. Entonces, también me planteo que, aunque la memoria es necesaria, hasta qué punto se puede recuperar sin que suponga un envenenamiento absoluto. Y en eso no llego a ninguna conclusión, porque estoy de acuerdo con recuperarla, y me cabreo igualmente, porque esto funciona así. Por eso hay dos discursos en la obra, por un lado querer recuperar lo que pasó, pero por otro lado, también está este sentimiento, quizá más joven, que dice “esto no lo he hecho yo, esta culpa es una culpa que heredo pero que no es mía…” y me debato entre estas dos cuestiones, pero no he conseguido darle una solución. No sé si tú la tienes, pero yo no la tengo. Creo que es importante escribir este tipo de obras y ponerlas en el teatro, porque el teatro, al fin y al cabo, es una forma de hacer política sin estar sujeto a un partido, así que me parece importante que ese espacio se use, porque aunque critique mucho a Brecht, creo mucho en él,… aunque lo critique al principio de la obra, sí creo en ese tipo de teatro.
¿Cada sujeto es dueño de su vida, o al final está condicionado y controlado por las circunstancias?
Creo que el sistema está viciado y se pueden dar una serie de causas que provoquen algo, pero también creo que las personas tenemos la posibilidad de decidir, y no me basta con decir “yo no hice nada, sólo le rapé el pelo”, “yo sólo abrí la llave de la ducha de gas, pero yo no hice nada”. Eso no es cierto, y si uno no se opone al sistema está formando parte del mismo, y finalmente se acaban cometiendo atrocidades, de las que todos somos culpables. Si uno no se opone a lo que comete un gobierno, estamos contribuyendo a que eso suceda.
Y es cierto que la gente sale a manifestarse y dice “no queremos ir a la guerra”, pero a lo mejor es que hay que manifestarse más o de otra forma. No es que quiera ser radical, pero…
Y el teatro, en medio de todo esto ¿qué pinta, soluciona algo, o sólo sirve para desahogarnos cada un@?
Pues mira, creo que el teatro es de los pocos espacios donde todavía se establece un diálogo real. Y se necesita de cuerpos para estar ahí. Como dice Fucault, se puede hacer una historia de los cuerpos, pues creo que el teatro lo que hace es poner cuerpos y se encarna. No basta con la literatura, el teatro en sí mismo, es verdad que es literatura, pero hay que encarnarlo, representarlo. Y creo que es importante hacer justicia a través de los cuerpos, así que creo que el teatro, aunque obviamente no es una manera de hacer justicia (y es muy pequeño lo que podemos hacer, porque viene muy poca gente), menos es nada. Y me parece que, dependiendo qué tipo de teatro, se producen cosas en el “aquí y ahora” y ese diálogo que se establece es importante.
Habláis en la obra de no asumir los errores de quienes nos preceden ¿es irónico puramente? ¿Se refiere a no continuarlos o incluso a no corregirlos?
Se refiere a no continuar con una culpa judeo-cristiana, pero sí que creo en cierta forma de redención (más al estilo de Benjamin), aunque tampoco sé si esto resuelve algo… Al menos, creo que no hay que contar la historia como nos ha sido contada, sino que hay que contarla como uno crea que debe hacerlo. Porque, al fin y al cabo, el historiador ya produce una manipulación, así que me quedo con lo que quiero.
Y por eso me quedo con lo que quiero de Hiroshima, y por eso lo cuento de esta manera “deslabazada”, a partir de lo que yo considero que es importante.
Me parece que estáis haciendo un abierto alegato antifascista dentro de vuestra obra, y parece sorprendente que, en esta época en que nadie se implica en nada, vayáis de frente con vuestra postura.
Pues es lo que intentamos. A mí me parecía que el lenguaje del rapero era adecuado. Es la primera vez que escribo un rap en mi vida, pero de repente, estaba haciendo una revisión de la tragedia clásica, y me parecía que la rapsodia de entonces, lo que podían ser los coros y esa forma que tenía de cuestionar la vida pública y la vida política, era lo que hacía el rapero hoy día, que va contra el sistema. Me pareció un lenguaje interesante par abordar.
Y lo que hacemos es decir lo que pensamos: simple y llanamente, con un lenguaje directo, si se quiere. Además rimado, para que la gente se quede con ello, porque así, con el verso, uno recuerda. Y es cierto que entre la gente de mi edad no hay mucha pero sí hay quienes tenemos una opinión, un criterio político, o de vida, o como se quiera llamar, y es una forma de contar la historia.
Por supuesto que no estoy de acuerdo con que planten una cruz enorme en la plaza de Colón el “día de la familia”… y a lo mejor, mi forma de decir que no estoy de acuerdo es esta.
Normalmente no sales a escena, pero en este caso sí ¿Porque era necesario o porque querías hacerlo?
Sí, por dos motivos: lo primero que ocurrió es que la actriz que lo hacía se tenía que marchar, así que era una cuestión de producción. Pero luego nos planteamos coger a otra actriz y me pareció que esto era una forma de dar la cara, porque yo sabía que estaba poniendo un texto bastante duro a mis compañeros (y somos un equipo), así que pensé “qué bien, yo escribo todo esto y les pongo a ellos allí a que lo digan”, así que ha sido para mí una forma de encarar el golpe, porque si vamos a repartir, aquí hay para todos: no sólo para los demás, sino también para mí misma. Y para mí es una forma de hacer una batalla, pero también de recibir en ocasiones el rechazo o los bostezos de la gente que no “comulga” con lo que estás diciendo y, por qué no, también los aplausos de vez en cuando. Pero sobre todo ha sido el dar la cara.
¿Te ha costado hacer este montaje?
Mucho, porque en realidad no hay un método concreto de interpretación para este tipo de textos que están surgiendo ahora, y que se pueden ver en varios autores de mi generación. Se trata de textos que por un lado no renuncian a la historia o a los personajes (porque quieren contar cosas concretas), pero lo hace desde lenguajes distintos, que no son lo que podemos ver habitualmente en el Centro Dramático Nacional. Son otro tipo de lenguajes.
Entonces, ¿cómo se hace esto? Pues a nosotros nos ha costado mucho investigar cómo hacerlo con este texto, porque no aunque sale un personaje, no es un personaje en una historia contada con su presentación, nudo y desenlace, no es una historia lineal… el personaje está dividido en dos con dos actores que interpretan al mismo personaje en dos momentos de su vida, pero en realidad no evoluciona, sino que creo que los dos conviven. Creo que todos estamos de alguna forma divididos y que las dos realidades pueden convivir. Investigamos sobre este señor, y lo que me encontré fue un poco esto, así que creo que a veces no evolucionamos tanto, aunque tengamos momentos, destellos de iluminación. Es lo que yo planteo.
¿Qué otros trabajos dramáticos o literarios has hecho? ¿van en la misma línea?
Este es el segundo de la trilogía americana, que está compuesta por tres tragedias. Trabajo sobre tres mitos americanos: la primera es sobre Jesse Owens, y se llama Oración por un caballo, se centra en el Berlín del ’36, desde varios puntos de vista, pero el principal es el del atleta negro.
Después viene este trabajo, Pieza Paisaje en un prólogo y un acto, en la que el protagonista es Claude Eatherly, que ni siquiera iba en el Enola Gay, así que no es de los importantes, sino que viaja en un avión meteorológico, donde lo único que hace es decir “está soleado en Hiroshima” pero es muy fuerte, porque si dice “está nuboso”, la tiran en otro sitio. La hubieran tirado en cualquier caso.
La tercera no ha salido a la luz, se llama Nosotras las hijas de Manson, y trata la historia de Charles Manson, el asesino, pero es una especie de Jesucristo reencarnado, que va a Cielo Drive a cargarse a todo el mundo. Aún estoy haciéndole algunos retoques y es bastante “heavy”
Antes trabajé una pieza que se llama Foto Finis, y trabaja la relación del deportista-soldado, el deportista y el Estado… un poco sobre esa idea. Y ahora estoy con Los hijos de las nubes, que es un testimonio en primera persona en los que entran fragmentos de ficción, sobre mi viaje a los Campamentos Saharauis.
¿Crees que el teatro actual es suficientemente crítico o se autocensura?
Creo que no es crítico de ninguna manera, porque por un lado hay gente que está instalada en los espacios públicos, que no hacen discurso crítico, porque no saben si mañana van a ganar los del lado contrario y ellos ya no van a poder estar, así que no se mojan. Y luego está el teatro alternativo en el que la línea dominante tampoco es la crítica, en los últimos años, la tendencia va más hacia lo estético y no hacia el discurso más comprometido o más político. Hay excepciones, como Angélica Liddle, que en ocasiones cuenta cosas que tienen que ver con el compromiso, o Marco Canale, que también ha hecho un texto que se ha comprometido a contar… Creo que también María Velasco,… Pero llevarlo al panorama general sería falso, y ahora se tiende mucho hacia la danza y la performance con la cultura de la imagen, que se ha impuesto (antes era una alternativa y ahora está en todo) y se ha dejado de lado lo que el texto y el discurso. Y a lo mejor yo no quiero hacer “cosas bonitas”, aunque a veces, el hecho de poner cosas horribles en el escenario puede ser muy hermoso.