Concha González – laRepúblicaCultural.es
Se acaba de morir, con una prisa incoherente por lo reposado que era en todo lo demás, José Ramón Catalán, un magnífico traductor de Georges Brassens, colaborador de Joaquín Carbonell y último letrista de El Taller de Reinsertables. Un tumor en el pulmón le ha cortado el aliento para siempre… Y eso que él era de los de no respirar fuerte por no llamar la atención. Pero tenía versos acumulados en sus entrañas, normalmente pudorosas, y de vez en cuando tenía que sacarlos fuera. Así fue como mandaba sus poemas, escritos con primorosa caligrafía de colegio de señoritas bien, letras pequeñas y claras, párrafos justificados, sin atreverse a ilusión alguna sobre su valor, a los del Taller de Reinsertables, que le hacían canciones y le tomaban el pelo, pero le rendían homenaje como poeta cotidiano que expresa timidamente su desconcierto en un mundo que conoce pero que le resulta extraño. De ahí viene la broma de atribuirle un diagnóstico realizado por una supuesta Revista Científica sobre Fauna Salvaje Reinsertable que identificaba a “Catalán dentro de la familia de los Berbenejos. El berbenejo es un cruce de berberecho y conejo, molusco bivalvo que se mete primero en su concha y luego en su madriguera para defenderse de los ataques de otras especies”.
Podía haber escrito un Galimatías del Perplejo pero resultaba, como letrista, claro y meridiano aún contando historias con “sorpresa” final como en La incierta dama del bar. Cantaba mejor los desamores que las pasiones arrebatadas pero era un truco para defenderse de los espejismos triunfales. Este coquetear con la autoestima baja, la soledad y la tristeza convirtió a José Ramón Catalán en un poeta estoico capaz de dar consejos a los demás con clásica nobleza y serenidad. Una buena muestra de ello era la canción A tu tristeza. Pero la parte del vicio y la mala vida también se recoge (siempre adobada con una cierta sensación de derrota) en El señor marqués, Ese maldito veneno o en El Séptimo cielo donde parece que hablamos de un “pecado” y se termina estigmatizando una política aplicada a las (malas) relaciones socio-laborales.
Nos queda, sin ánimo de lucro, como todo lo que hizo con El Taller de Reinsertables, su disco-homenaje Catalán en castellano que ustedes no podrán adquirir en los anaqueles de ninguna gran superficie, de las que cantó con tanta ironía, aunque pueden contactar con Ediciones La Discreta por si se conserva algún ejemplar en sus covachuelas, y conservaremos, los que lo tratamos rompiendo la barrera de su timidez, el recuerdo de un “hombre sediento de ternura”, que es como se definió en algún momento y como lo entendimos, sin mayor esfuerzo, al leer sus versos.
Testamento
Quédate con mis versos, comunista,
Admítelos a modo de legado.
Son malos, ya lo sé, pero mi hado
No me otorgó el talento del artista.
Se conformó con darme habilidades
Que con tesón y esfuerzo -¡qué ironía!-
Las fui perfeccionando día a día
Hasta lograr al fin… mediocridades
Quédate con mis versos, comunista,
De pequeño-burgreses acobardados
Admítelos a modo de legado
Pues la Muerte no me pierde la pista.
[…]
Fragmento del poema de José Ramón Catalán
Portada del disco Catalán en Castellano
musicado, editado y producido por José María Alfaya