Inma Luna – laRepúblicaCultural.es
Gran parte de su poesía reside en su pelo. Ella es consciente y por eso lo convierte en nido de lápices y versos. Cuando recita, cada palabra es una cápsula de emoción condensada. Sabe de raíces y de revolución por eso grita desde el susurro y profundiza sin violencia pero de modo contundente. La poesía de Sofía Castañón tiene los dientes afilados y el pelo suave, los rizos y las ondas son pura naturalidad, tan lejos del artificio como de la simplicidad. Juega también con la música, con las imágenes, hace paquetes de poesía con todo lo que toca, con todo lo que respira.
Sofía (Gijón, 1983) es filóloga y trabaja como realizadora en la productora Señor Paraguas. Ha publicado los poemarios Animales interiores, Últimas cartas a Kansas, y Tiempu de render y los cuadernos Culpa de y La sombra de Peter Pan. Está incluida en antologías como HankOver/Resaca (Caballo de Troya, 2008), 23 Pandoras (Baile del sol, 2009), Poetas asturianos para el s.xxi (Trea, 2009). Ha participado como poeta en encuentros como Cosmopoética, Versátil.es, o en el festival de spoken word Palabra y Música. Fue seleccionada para la Bienal de Jóvenes Creadores de Europa y el Mediterráneo de 2009 en Skoopje. Ha sido becaria de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes en el año 2009-2010. Es una de las poetas Voz + Joven 2010 de La Casa Encendida.
Le envío a Sofía mis provocaciones y sé que en estos días su Señor Paraguas atraviesa dificultades porque la tele asturiana les adeuda trabajos ya realizados y facturados. Me avisa de que su nivel energético no le ayuda a subir demasiadas cuestas estos días. Aún así sus respuestas tienen potencia y resilencia.
¿La poesía no da miedo?
Es importante que no dé miedo, porque de lo que se teme no se puede aprender. Y debemos aprender de la poesía, que es mucho más que aprendernos poemas, que saber de poemas. No toda la poesía está escrita, pero sí que todo lo que es poesía lo es porque nos hace falta. Quieren -ellos, dígase sofistas, dígase políticos, mercados- que nos dé miedo (se suaviza diciendo "respeto") porque eso mantiene a muchas personas lejos. Y la palabra tiene poder, sobre todo porque la palabra es de todos y para todos.
¿Escribes desde dentro hacia afuera o coges lo que hay fuera y lo conviertes poesía?
Escribo rodeada, como todos. Quiero pensar que no consiste en un "dentro hacia fuera" únicamente, por esto de no reducirlo todo al vómito. Y que tampoco es sólo de fuera hacia dentro, por esto de no hacer de la realidad mi onanismo. Creo, espero, que sea una mezcla, una consecuencia de estar. La mía es escribir, la de otro será recorrer grandes distancias, palmear, captar la luz con una cámara, plantar árboles.
¿La poesía es patrimonio de la humanidad?
Debe serlo porque, como ocurre con algunos monumentos, a veces se descuida o se olvida o se deja llenar de carteles publicitarios. Nos falta más de eso de "nuestro patrimonio", y más de eso de "humanidad".
¿Leída, recitada, vista?
Creo que es el efecto secundario de algo que padecía de cría: incontinencia verbal. Quería contar todo lo que veía, lo que me pasaba, lo que pensaba. Ahora, me sirvo de las herramientas de las que dispongo: la palabra (cuando se deja), la voz (que por favor aguante), la mirada (y ahí es fundamental mi compañero, en el trabajo y en la vida, Juan Tizón, que desborda talento y además tiene la paciencia suficiente para entender lo que quiero contar en cada ocasión).
¿Con qué mezclas los versos?
Con alcohol, como casi todo el mundo. Y con fruta. Y con versos de otros. Y con noticias y ensayo y con la sabiduría de mi abuela, que es tremendamente sabia sin saberlo.
¿Cuál es tu lengua poética?
La cuestión lingüística en Asturies es lo bastante compleja como para que si en algún momento fuiste bilingüe te hayan hecho sentir, y creer, que en algunos momentos hablabas "mal" y corregir lo que te decían que eran fallos pero que en verdad era una lengua no reconocida. Con el tiempo, con el conocimiento y debo decir que, sobre todo, con la literatura, he vuelto al asturiano. Y que ambas lenguas me habitan, en lo laboral y en la vida. Y que cuando escribo surgen como surgen las necesidades, sin más.
¿Es tiempo de poesía comprometida o siempre ha sido?
Creo que la poesía siempre es compromiso. Y creo que esta palabra está muy castigada: porque se ha simplificado y porque además se ha buscado desprestigiarla. Si hablas de compromiso, eres panfletario. Uno puede sentir compromiso con muchas cosas, pero creo que aquello que es realmente poesía se compadece (otra palabra maltratadísima) de ese compromiso. El resto: volutas, hojas de corintio, adornos a columnas preestablecidas.
¿Qué lees?
Ahora mismo vuelvo a leer a Vallejo, siendo una lectora distinta a la de entonces, que estaba acabando el instituto, que no había vivido nunca sola ni en otras ciudades. Eso es lo que leo con calma. Y de las lecturas recientes, dos títulos que me han gustado: Barra americana, de Javier García Rodríguez (DVD Ediciones, 2011) y Ejército enemigo, de Alberto Olmos (Mondadori, 2011)
Y ahora… ¿qué?
Ahora, resistencia. En todo, y con la palabra.
Mi dedo en su llaga
Tres poemas de Sofía Castañón. Los dos primeros dejan al aire las raíces, el último “republicaniza” su propio nombre.
Poética
Hay una máquina de CocaCola
en la antesala de la mina.
Mina
no es una metáfora.
Mina
es el carbón en la frente
y el sudor en las manos.
La mina de mi abuelo. Puede
que también de tu abuelo.
Mina negra. Mina grisú.
CocaCola
es lo que aparece en la caja
de luz donde los hombres se cambian
y cambian palabras -`porque
así no piensan- y esperan
sin céntimos
para la máquina.
En la antesala de la mina
no hay ninguna metáfora.
Hay una máquina de CocaCola
muy luminosa y muy blanca.
Y nadie la toca.
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Agora escuende les manes. / Eses manes buenes de mio güela / coles que acariciábame’l pelo tó / y llamábame rosa / vida, anxelín rubiu y guapu. / Eses manes.
Eses manes sabies de mio güela / que ficieron caldiu l’iviernu texiendo / mantes meyors que les de cualquier / Penélope, que tornaben la pena en risa / sólo con dexame la caxa botones / pa xugar. / Eses manes.
Güei apuntose a ún cursu d’internet / y nun quier / que naide vea eses manes, / diz que tan vieyes, fees, escures / de tanto trabayar na tierra.
Agora, mio güela, escuende les manes / y nun s’atreve a tocar el teclao l’ordenador.
Y yo, tan lloñe como sigo tando de mi mesma, / nun-y digo que eses manes / ficiéronme creer na vida tantes veces, / nun-y digo que eses son les manes / más guapes que enxamás tocaron / la tierra.
Ahora esconde las manos. / Esas manos buenas de mi abuela / con las que me acariciaba todo el pelo / y me llamaba rosa / vida, ángel rubio y guapo. / Esas manos.
Esas manos sabias de mi abuela / que hicieron cálido el invierno tejiendo / mantas mejores que las de cualquier / Penélope, que convertían la tristeza en risa / sólo con dejarme la caja de botones / para jugar. / Esas manos.
Hoy se apuntó a un curso de internet / y no quiere / que nadie vea esas manos, / dice que están viejas, feas, oscuras / de tanto trabajar en el campo.
Ahora, mi abuela, esconde las manos / y no se atreve a tocar el teclado del ordenador.
Y yo, tan lejos como sigo estando de mí misma, / no le digo que esas manos / me hicieron creer en la vida tantas veces, / no le digo que esas son las manos / más hermosas que jamás tocaron / la tierra.
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Me llamo Sofía
y desde niña
he oído que es nombre
de reina.
Me llamo Sofía
como los pasos oscuros de mi abuela
antes de que un tren me dejara sólo
un nombre
y un vacío
en la memoria.
Me llamo Sofía
igual que el conocimiento,
me recuerdan quienes saben tres
palabras en griego y tienen
muy poco que contar.
Me llamo Sofía
y nunca me dicen
como Coppola, como Marceu,
como esa de Kill Bill
a la que le cortaban los dos brazos.
Y me disculpo
por no tener a Jostein Gäarder
en mi mundo, por no
querer estar en el candelabro, por no
tener de Bulgaria más que una postal
que no era para mí.
Me llamo Sofía
y desde niña he oído
que es nombre
de reina y también
que por aquí llueve mucho
y que antes se leía más
y que los niños ya no saben jugar
y tantas otras
conversaciones de ascensor. Por eso
para evitarnos
tanto tópico
y tanto rollo monárquico
quisiera llamarme
de vez en cuando
Dolores, Virginia, Margarite
y hablar también
de revolución.