Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
En esta ocasión Baudelaire es una nueva excusa para Mey-Ling Bisogno, que le sirve para la puesta en marcha de dos nuevas experiencias. La más concreta es el montaje que han ideado entre cuatro creador@s: Mamen Agüera, Diana Bonilla, Jonathan Martineau y la propia Mey-Ling Bisogno, un conjunto de piezas de danza contemporánea y teatro-danza, servidas en cuatro platos a un público reducido, como veremos.
La segunda cuestión, más genérica y que es la que nos trae aquí, es la de tratar de salvaguardar el trabajo de las compañías, impulsando una iniciativa que, tal como anda la cuestión con las Artes Escénicas en Madrid, y con los problemas que las pequeñas Salas Alternativas están tratando de terciar y superar, puede ayudar a mantener a algunos equipos de creación, siempre que el público se avenga a apoyar estos trabajos. La coreógrafa, asentada hace años en Madrid, ha decidido dar la oportunidad de mostrarse a pequeñas compañías y a profesionales de la danza, dentro del pequeño espacio en el que desarrolla su preparación y algunas clases, un espacio llamado El Local, ubicado en el entorno de Avenida de América, donde en grupos reducidos se podrá asistir a conocer otras propuestas y maneras de trabajar, y que a partir de ahora pasa a llamarse Teatro Petit Comité.
No hay pago de entrada, si acaso, como decía una de las primeras en acudir el primer día, “hay salida”. Tras cada muestra el público decidirá si deja o no un donativo (completamente voluntario, que eso son los donativos), que no tiene tarifa prefijada. La cantidad del día se reparte entre tod@s l@s integrantes del grupo que hace la muestra, y la responsable del espacio cuenta como una parte más: si no hay nada, nada se reparte, y si hay, tod@s se llevan partes iguales.
El estreno de esta idea corrió a cargo de l@s cuatro creador@s que antes mencionaba, con una propuesta elaborada bajo el nombre de Spleen et idéal, donde nos plantean la vieja idea fundamentada en que el bazo sería el órgano responsable de la melancolía y la represión personal, como generador de una supuesta bilis negra que provocaría esos estados de ánimo. El término que popularizara Charles-Pierre Baudelaire hacia mediados del XIX, es seguido por otros escritores decadentistas y, aunque errónea, la idea es asumida por mucha gente.
Mey-Ling viene a explicar que planteó a l@s otr@s tres participantes el término sin desarrollar el concepto, a la espera de experimentar que surgía de las cuatro cabezas pensantes sin imponer un prejuicio. Cada uno interpreta la cuestión del “bazo” como le parece, sea de forma literal o de manera más acorde al estado de ánimo. De todo ello surge el siguiente menú:
Petits Hors d’oeuvres: Mamen Agüera, Diana Bonilla, Jonathan Martineau y Mey-Ling Bisogno
Plato 1 – Tobillitos al fuxia: Mey-Ling
Plato 2 - Bazo Mi-cuit: Mamen
Plato 3 - Fines tranches de papier: Jonathan
Digestivo -Trou Normande: Mey-Ling
Plato 4 - Sal-Muera.
Creo que la mayor parte queda a la percepción y disfrute de quienes asistan a esta extraña cena de danza, donde encontramos desde la improvisación, más presente en las propuestas de Mamen Agüera, y que cuenta con un trabajo más de dramaturgia, hasta la danza Butoh a cargo de Jonathan Martineau.
Por su parte, Mey-Ling nos demuestra la mejor manera de destrozarse unos tobillos (ya de por sí castigados en l@s profesionales de la danza), en un formato de danza con muletas, aunque se reparte entre esta pieza y una breve performance, como para poner la cabeza del revés. El trabajo de la coreógrafa tiene mucho que ver con sus montajes habituales, un estilo en el que tanto el formato como el desarrollo tienen mucho que ver con un formato vinculado a lo visual y a la percepción de los sentidos, pero que además se dirigen hacia algo actual y moderno, en la concepción y en el resultado, aunque, como en este caso, parta de un concepto ya desfasado y desmontado hace dos siglos. Lo vemos y lo percibimos aquí, como en sus anteriores creaciones como Manga o Cómeme.
Apenas ningún@ tiene espacio para sí mism@, ya que antes o después se integrarán el resto, por ejemplo, Diana Bonilla desarrolla una pieza de danza en un solo, mientras las voces de Mamen y Jonathan hacen una crítica voraz, aparentemente incoherente, con términos de actualidad que no llegan a concretarse.
El solo de Jonathan acaba con la recogida de elementos por parte de la propia Diana. Prácticamente todo va encadenado, y cada cual participa en varias de las piezas, haciendo sus apariciones en algún momento.
La iluminación, trabajada por el propio equipo y cuya técnica sirve Cristina Pérez Sosa (otra habitual del equipo, a la que vimos, por ejemplo, en Manga o en Cómeme, junto a Mey-Ling), ha sido instalada por la responsable del espacio (con alguna colaboración de Paloma Parra). Y es que, además de la creación de danza, hoy día, cualquier profesional tiene que acabar haciendo casi de todo, pero también trabajando en red y en colaboración con otr@s profesionales: un principio de subsistencia.
Además del interés de estas ideas, del momento posterior y de la posibilidad de intercambiar pareceres enriquecedores tras la actuación, me parece muy importante la cuestión de la intimidad del espectáculo, que también puede rayar en lo naif en algunos momentos, cuando alguien se empeña en llamar al timbre y aporrear la puerta para entrar, cuando casi está terminando: la espontaneidad de Mamen Agüera es suficiente para poner las cosas en su sitio.
Si este tipo de iniciativas consiguen complementar las soluciones que buscan otros espacios a la situación en que los responsables políticos han dejado la cultura en Madrid, aún quedan muchas esperanzas. Siempre que apoyemos las nuevas ideas.
Desde el 11 de febrero el estudio El local se convierte en el Teatro Petit Comité. El aforo es limitado a 25 personas. La idea es generar un espacio escénico íntimo, donde después de la representación el público pueda quedarse de tertulia bebiendo un digestivo e intercam…biando opiniones con los artistas sobre lo que vieron.
Comenzaremos esta temporada con la performance Spleen et idéal ó la melancolía del hombre moderno, creada e interpretada por Mamen Agüera, Diana Bonilla, Jonathan Martineau y Mey-Ling Bisogno. El formato de performance y no de obra cerrada, nos permitirá ir evolucionando y así mantener vivo y actual el trabajo cada sábado.
La función se presenta como un menú de danza al plato, compuesto por 5 delicatessen cocinadas a partir del Spleen et idéal. Si al finalizar la velada usted se siente satisfecho por el trabajo realizado puede aportar una donación de 5€, si considera que el menú ha contenido un manjar exquisito entre los platos, puede añadir una propina a su consideración.
Atención: No se venderán entradas y es imprescindible hacer reservas.
Spleen et Idéal, o la melancolia del hombre moderno
La conexión entre spleen (el bazo) y la melancolía viene de la medicina griega y el concepto de los humores. Los griegos pensaban que el bazo segregaba la bilis negra por todo el cuerpo y esta sustancia se asociaba con la melancolía.
Este término fue popularizado por el poeta Charles-Pierre Baudelaire (1821-1867) pero había sido utilizado antes, en particular durante la literatura del Romanticismo, a inicios del Siglo XIX, en España regenerado por los decadentistas y Rubén Darío.
Spleen et Idéal es una contradicción o lucha entre lo ideal y lo sensual, es decir, entre lo reprimido y lo instintivo.
Menu
Petits Hors d’oeuvres: Mamen Agüera, Diana Bonilla, Jonathan Martineau y Mey-Ling Bisogno
Plato 1 – Tobillitos al fuxia: Mey-Ling
Plato 2 - Bazo Mi-cuit: Mamen
Plato 3 - Fines tranches de papier: Jonathan
Digestivo -Trou Normande: Mey-Ling
Plato 4 - Sal-Muera.