Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Al entrar te entregan un corazón de oveja, que te prenden a la altura del tuyo. Esto es importante, porque, además de servir como guía en ciertos momentos del viaje, resulta que por aquí corren tiempos difíciles para la cultura, porque puestos como estamos tod@s en la picota, hay que darle a la imaginación y tirar del cajón de las ideas, para poder llegar al público de una manera que le haga acudir a un teatro y, no digo ya participar del trabajo escénico.
Y mientras los responsables políticos hacen labor de zapa contra todo lo crítico y creativo, dentro del festival Teatralia 2012, al cual el gobierno de la Comunidad de Madrid ha tenido a bien no invitarnos este año (ni siquiera enviarnos información o difusión: saque cada cual sus conclusiones, que otros las tenemos muy claras), encontramos cosas tan estupendas como el trabajo que trae la compañía italiana TPO, en formato de danza-teatro, bajo el título de Kindur que, como explican, significa oveja en islandés.
La idea parte de la intención de describir el trayecto estacional de las ovejas en un país de contrastes tan duros como hermosos, con estaciones tan marcadamente distintas, que tienen horas de sol y de noche extremas a lo largo del año. Un país en el que las condiciones son tan opuestas como los parajes de nieve y hielo, frente a los fuegos y vapores volcánicos.
Con todo ello juegan las tres intérpretes que desarrollarán la historia que, mediante proyecciones sobre el linóleo blanco en el que se mueven y en la pantalla del fondo, van marcando el movimiento y la historia de estas tres ovejas islandesas.
Lo más divertido (que no lo mejor, porque lo mejor es su propio trabajo de danza y su creación en conjunto) viene cuando en un momento dado se iluminan ciertos corazones de oveja en algun@s de l@s niñ@s que asisten, y ellas les van recogiendo para que salgan a participar de sencillos juegos de danza que, por medio de las formas y luces se hacen muy intuitivos. No queda en esto la cosa, ya que lo participativo acaba convirtiéndose en interactivo, de manera que movimientos o voces tienen reflejo en los diseños paisajísticos de las pantallas, así como en los sonidos y música.
En varias ocasiones se invitará a diferentes grupos de niñ@s a participar (no siempre coinciden, a fin de que tod@s puedan pasar por el escenario) y algun@s que se divierten mucho se cuelan de vez en cuando donde no les toca: al final a un auténtico renacuajo tienen que convencerle bailando de que salga de escena, con numerosas risas entre el público.
Creo que el gran resultado de la puesta en escena y lo participativo e interactivo, oculta un poco la creación coreográfica y la soltura de cada una de las tres bailarinas, o de las tres en conjunto, que además del desarrollo propio, están pendientes en todo momento de cada pequeñ@ integrante de los distintos grupos que pasan por el linóleo. Parece un juego, pero estamos ante una incitación a la danza y al teatro para quienes inician su andadura como pequeño público, construido de una manera muy inteligente que, de forma sutil, no deja de engancharles con un formato cultural que seguramente les deje un buen poso. En cuanto a las ovejas… no dejo de preguntarnos si tras esta conducción estamos los borregos de nuestra sociedad: mi recomendación es que, si hay ocasión, vayan a balar con TPO, porque merece la pena.
En realidad estamos ante uno de los distintos trabajos de esta compañía que, como me indica Ana Sala (responsable de traerlos a nuestro país y organizar sus giras), tienen otras puestas en escena del mismo estilo, participativas e interactivas, donde la belleza atrapa en el formato. Lo cierto es que cuando me entero de que Ana trae algún montaje escénico al que puedo ir, procuro no perdérmelo, porque sé que llevan detrás un gran trabajo y un enorme interés. En este, la imaginación de la compañía ha desbordado todo y demuestran que cualquier cosa es posible sin un elevado coste, mientras el trabajo marca el fundamento de su propuesta.
Kindur en islandés significa "oveja" y éste es un espectáculo dedicado a Islandia a través de los ojos de sus ovejas aventureras. Todo el territorio de esta isla está impregnado de un aura maravillosa. Del blanco de los glaciares a la aurora boreal, de los géiseres al fragor de las enormes cascadas, éste es un país donde todos los elementos naturales parecen animados por fuerzas misteriosas: aquí una roca puede convertirse en un troll y en sus páramos desiertos los elfos ejercen su poder mágico.
En este escenario, hasta los animales más humildes viven una verdadera aventura, digna de las historias milenarias que distinguen a Islandia. Observemos a las ovejas: cerradas en el redil en invierno, pueden disfrutar de plena libertad, viajando en solitario o en pequeños grupos, desde la primavera hasta el otoño. En su búsqueda de alimentos tienen la oportunidad de disfrutar de la naturaleza más remota y codearse con los habitantes más o menos "ocultos". En su camino, las ovejas protagonistas de Kindur nos muestran este mundo secreto, fuerte y frágil al mismo tiempo, capaz de comunicar a los niños la extraordinaria belleza de la naturaleza.
En Kindur la historia de tres ovejas corre paralela al ciclo de las estaciones: nace en otoño, con la tormenta de viento sobre el redil, y sigue hasta el tardío verano. Será un viaje peligroso, heroico, la historia de una naturaleza que es leyenda y música, y alberga otros encuentros.
¿Danza, teatro o taller interactivo?
La Compañía TPO ha creado un espacio escénico "sensible" para este proyecto donde el público, especialmente los más pequeños, puede entrar en escena, adentrarse en los diferentes ambientes naturales y jugar gracias al uso de tecnologías digitales. El público y los artistas pueden dibujar en el espacio, producir sonidos, interactuar con las imágenes o los elementos de la escena en un contexto de atelier-taller. El juego, la danza y la narración visual se convierten en parte de una creación artística original interpretada por los bailarines y el público donde no hay un límite preciso entre espectáculo y taller.
TPO es conocido internacionalmente por la creación de espectáculos e instalaciones interactivas dedicadas a un público infantil y juvenil. La tecnología utilizada por TPO se basa en el uso de sensores controlados por el software Max MSP con Jitter. El núcleo básico está compuesto por Davide Venturini y Francesco Gandi (directores artísticos / creación de idea y concepto) Elsa Mersi (diseño digital) Rossano Monti (ingeniería visual) Espartaco Cortesi (ingeniería de sonido), Martin Von Gunten (investigación y desarrollo). Así mismo hay bailarines y artistas de diversas nacionalidades. La compañía tiene su residencia artística en el Teatro Metastasio Stabile de la Toscana.