Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Vivemos una época que promete ser convulsa y de grandes cambios, por eso este trabajo de la compañía Cal y Canto Teatro que se sitúa entorno al día de la muerte del viejo dictador, puede traer momentos, por desgracia, muy cercanos.
En clave de humor, esta comedia ligera incluye en su desarrollo algunas breves coreografías, tan divertidas como el resto del trabajo, porque aparte de aquellos Tiempos modernos Chaplin, y algún formato escénico más reciente de la Metrópolis de Lang, no conozco a nadie que haya tratado de convertir una fábrica de trabajo en cadena, en una forma de expresión en danza, y me refiero al tema que se trata, más que al hecho de la fábrica en sí.
En realidad, con menos medios, otro tono y otro tono, podrían traerse inspiraciones de un intermedio entre los Tiempos modernos y El gran dictador, pero con aires hispanos, de manera que hay momentos en que nos recordarán a ciertas películas de Esteso, Pajares y Ozores, con todas aquellas dudas sobre un cambio hacia la democracia que nunca se dio, con un nido de corruptela que ha seguido tirando del hilo, pero resumido en un par de días tras la muerte de Franco.
Completamente transponible a fechas actuales, vemos cómo los despidos siguen siendo una cuestión de primer orden y preocupación, y también observamos una retrospectiva a los inicios del trabajo de los sindicatos sin el dictador, en una andadura que llevaría a aquel Estatuto de los Trabajadores, que se consideró insuficiente y que, a día de hoy, está completamente desmontado y en niveles mucho más bajos. Tal vez, la ingenuidad que este grupo de actores y actrices, nos deje su grano de arena, entre banderas de rojos y guitarras de juventudes de las hermandades obreras católicas, que son quienes generaron cierta lucha, pero se quedaron a mitad de camino en ese color desvaído, que sirvió para no cambiar nada, pero sí para maquillarlo.
Con un gran sentido de humor y un gran desenvolvimiento en escena, tiran de cuatro elementos que convierten el entorno en un auténtico escenario de fábrica y producción en cadena, pero también de lugar destartalado y almacenes con toques de abandono. Las cuatro cosas que están en escena las han aprovechado y las han hecho muy versátiles, de manera que el resto lo ponen ell@s con el movimiento y el engaño, que también son parte de la magia del teatro cuando se sabe aprovechar.
Me sorprende que gente de una edad tan distante de la mía pueda recrear ciertas cosas y darles ese aire tan propio, lo cual, junto a los fragmentos de las músicas elegidas para acompañar y ambientar el espectáculo (lo mismo Señor azul, de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, que Saca el wiski cheli, de Desmadre ‘75), me señalan que ha habido una buena investigación y/o asesoramiento, pero también una buena dirección. Acabo pensando que la última escena podría estar sacada de una de las historias de aquella época de Francisco Ibáñez (por ejemplo Mordadelo y Filemón), o de Vázquez (Anacleto, pongamos por caso): el tipo bajito con bigote, que huye con un maletín del que sobresalen los billetes pillados entre los bordes… El final definitivo lo construimos ahora, y me pregunto si alguna de las pancartas que utilizan durante la función, no tendremos que sacarlas estos días.
Despido improcedente. Una comedia musical de enredo de poderes emergentes.
1975. Tras la muerte de Franco, España se encuentra en un extraño vacío de poder.
Las pulsiones sociales y reivindicativas estallan tras la represión.
Dionisio Pelayo, un maduro industrial que ha mantenido el negocio familiar durante varias generaciones, se enfrenta a esta crisis económica que asola el país, luchando contra sus propios empleados. Acosado por las deudas y la recesión económica se ve obligado a vender la vieja fábrica a un inversor alemán.
En la fábrica todo tiene que estar a punto para la visita de los futuros dueños, sin que nadie detecte este periodo de transición que llevará al cierre y despido de los trabajadores.
Éstos, enterados de la noticia, pronto empezarán a preparar la revuelta.
Clandestinamente se reúnen en los sótanos de la fábrica y maquinan un sofisticado plan de huelga.