Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Un conjunto de situaciones y conflictos confluyen en estos tres personajes, que exponen sus situaciones y sus motivos en un viaje similar al de Kavafis. Los problemas que arrastran son generados por sí mismos y por la incomprensión del resto, por eso tratan de explicarse y de enfrentarlos… acaso de enfrentarse, con la esperanza de que cada contrario comprenda sus motivos, su modo de pensar, su situación.
Estamos ante el estreno de la obra de Alfonso Pindado, En defensa propia, una defensa que por momentos se convierte en ataques, o en justificaciones de la vida, siempre la defensa en primera persona, siempre el ataque en segunda o tercera. Texto de tinte más poético que dramático, tiene una transposición a la escena que me parece muy interesante, porque añade el encanto del elenco actoral que, con fuerza y con rabia hacia todo, o con implicaciones retenidas, saca al exterior todo lo que llevamos dentro a lo largo del tiempo.
Dos actrices (Natalia Domínguez y Pilar Gil) y un actor (Chema Rodríguez-Calderón), además de un pianista (Rafael Buscalioni) que acompaña con su música y, a intervalos, entona esa poesía de verso libre que ha creado el autor. El efecto me recuerda un compendio entre el acompañamiento de piano en las viejas películas mudas (que ocurre mientras en escena se preparan ciertos momentos, o para acompañar el desarrollo) y las presentaciones poéticas que en los años ‘70-’80 llevaban una música aparejada, a veces improvisada, a veces muy new age. De todo este compendio surgen voces que reivindican, que denuncian (“Me callaron la boca, no puedo hablar / Si yo hablara… pero no puedo hacerlo / El silencio es la paz / Las paredes oyen…” dice Chema Rodríguez-Calderón cuando, realmente, lo que tiene tapados son los ojos y camina entre obstáculos por una pasarela elevada).
Mientras avanza el desarrollo, una de nuestras protagonistas explica que apenas espera un poco de calor, pero no poseer a la otra, un afecto casi perruno que le hace comportarse como tal. Y es que se expresan las miserias propias, pero también se denuncia la mierda que se ve en cada uno de los demás, porque es más fácil enfrentar lo ajeno que lo de uno mismo.
Todo pasa por un viaje agitado y, casi desde el comienzo, se preguntan nuestros personajes ¿cuándo llegamos?, pero también ¿es necesario llegar? Y de ahí ese Viaje a Ítaca, que nos dejaba Konstantinos Kavafis a comienzos del siglo XX.
Contrastan los caracteres de las dos actrices en escena, porque mientras Natalia Domínguez extrae de su interior toda la fuerza del personaje que se transforma en un compendio de ira liberadora y furia contra lo que la hiere o la molesta, Pilar Gil compone el efecto opuesto, controlando y conteniendo esa energía de su interior que queda nítida en su cara, en sus gestos, que limitan la salida medida de sus sentimientos. Chema Rodríguez-Calderón parece jugar el papel de tercero en discordia que acaba por ser el punto que ambas utilizan para pivotar entre ellas (creo que su papel no está suficientemente desarrollado y queda algo más secundario).
De un texto muy interesante y una puesta en escena, yo diría sorprendente, me sobra la canción que el actor entona en un momento dado, porque no parece que le sea lo más apropiado y saca a cualquiera de la escena, del contenido y de la línea de trabajo, sin conducir necesariamente a ninguna parte.
Mientras tanto, el autor continúa con sus denuncias en los textos más poéticos, que son actualidad, pero también atemporalidad:
¿Qué es la violencia?
Nuestras calles están llenas de mierda
¡Eso es violencia!
Nuestros hijos no tienen futuro
Eso es violencia
Violento es quien roba, estafa o prevarica
¡Eso es violencia!
El hambre, el hambre es violencia
Y cada uno tiene derecho a gestionar la suya
La especulación, la banca usurera es violencia
No podemos quedarnos mirando perplejos
Los que pasa en el mundo
Nos pasa a nosotros
Y el día menos pensado
Sucederá aquí
Pero, sobre todo, muy trasladables a nuestra situación cotidiana, en la que unos pocos nos desmontan la vida, por su propio bien, o por simple desidia, mientras esta sociedad está al borde de echarse a la calle: “Nos meten en guerras por cuestiones mercantiles. Avariciosos y ególatras dejan países desnudos ante el terror. Socialistas, centristas, conservadores, neoliberales, pseudocomunistas, duermen mientras tanto una eterna siesta y arrobados en sus egos llenan sus panzas ¡Basta ya!”. Un juego que va desde quienes se anclan en un pasado para justificar que la vida no avanza o quienes tan sólo miran el presente para ignorar lo que la experiencia puede demostrar que les deparará el futuro. Sea como sea, un gran texto y (sin tratar de desmerecer a nadie) dos pedazos de actrices que lo dan todo
Tres jóvenes se encuentran en un viaje que en realidad es una metáfora de la vida. La relación entre las dos mujeres es la vía para profundizar en las cuestiones que se plantean en el tránsito vital.
En defensa propia expone esta relación para provocar un enfrentamiento consigo mismos y con lo que les rodea. Tránsito agridulce, encierro obligado, reflexión vital, prisa, poesía, confusión, pero a su vez un gran aprendizaje.
En defensa propia busca movilizar al receptor. Denuncia el atropello, el insulto a la inteligencia. Cada cual es dueño de gestionar sus emociones, gozar, sentir, llorar, soñar, etc. y nadie puede dirigirlas y por supuesto menos elegir tu pasta de dientes, el color de camisa, o si tienes que cambiar de mobiliario. Esta llamada de atención lo que intenta poner de manifiesto es el inmenso valor que tiene la vida.