La ópera de Henry Purcell y los versos de Shakespeare han servido como inspiración y material de trabajo para crear un espectáculo concebido por Pedro Martínez bajo el titulo El sueño de la Reina de las Hadas que se estrenó en las madrugadas clásicas de la 32 edición de Festival de Almagro, y que dio lugar a la formación de la joven compañía de teatro Pedro Lagarta Teatro, formada por profesionales de las artes escénicas y artísticas. En este montaje de ópera y teatro, las piezas de Shakespeare y de Purcell, no se presentan aisladas sino completándose entre sí y dotando a la música de la intención incidental con la que fue concebida en su origen, intentando crear un espectáculo de opera pero dirigido principalmente al espectador de teatro.
En escena encontraremos 4 actores y 3 cantantes líricos acompañados por un piano, buscando un formato íntimo pero muy “espectacular”, que lejos del historicismo, pretende proponer una revisión de los arquetipos románticos de los cuatro jóvenes enamorados que afecta por completo a los cimientos de la historia original y que ofrece una visión renovada y moderna, buscando la complicidad de aquellos que aman a los clásicos, y también, seducir a un público más joven y menos erudito mediante el uso de lenguajes actuales y contemporáneos. A nivel formal se trabaje con partituras provenientes de diferentes disciplinas, tratando de retroalimentar constantemente materiales que al mezclarse generen experiencias inesperadas.
Antes de licenciarse como director de escena en 2008, Pedro Martínez, director de la compañía, fue elegido para dirigir la participación madrileña en la Cuatrienal Escenofest de Praga del 2007 con una performance basada en la transformación de 4 mitos clásicos en 4 mujeres contemporáneas y estreno en Shanghái en el 2009 La rosa del azafrán, una coproducción de Fundación Guerrero y el Consulado Español en China, además de la ópera-teatro que presentamos mediante este dossier. Clásicos, performances, zarzuela, ópera todo ello nos hizo aprender los diferentes mecanismos técnicos de cada genero, lo que permitió lanzarnos en la búsqueda de un lenguaje integrador que nos permitiera llegar al mayor número de espectadores.
Nuestro teatro intenta servir de catalizador de todo aquello que nos interesa, estableciendo un vínculo personal con nuestras propias obsesiones e inquietudes a través de la partitura y el texto y todo el mundo de ideas y relaciones que se establecen entre ellas y la interacción que surge dentro del propio grupo creativo… En el caso de nuestro Sueño de una noche de verano necesitábamos desde hace tiempo, cuestionar el clásico, forzarlo ha interaccionar con siglos de distancia, discutir con los personajes diversas cuestiones en torno al género, tanto el estilístico como el vinculado al rol de lo masculino y de lo femenino, hasta que nos mostraran, además de su belleza, su utilidad. Nos interesa lo que está oculto y en este caso en concreto queríamos constatar que debajo de un arquetipo siempre hay un personaje que se parece a nosotros y que ya no hay que justificarlo como tal, ya no. Y es que este “sueño” promete alterar los pilares básicos que sustentan la historia original, mostrarnos con que sueñan los personajes de Shakespeare y explicar sus anhelos más íntimos a través de la música de Purcell. Sin duda una buena oportunidad para descubrir por que los clásicos siguen vivos y de conocer a nuevos y prometedores valores de las artes escénicas.
Sinopsis
Hermia y Demetrio están prometidos, pero Hermia ama a Lisandro y Demetrio mantiene una tórrida relación con Helena. Demetrio no quiere renunciar a su futuro enlace con Hermia, mientras Helena no quiere renunciar a la pasión que siente por Demetrio.
Para huir de los compromisos que obligan a Hermia a casarse con Demetrio, Lisandro propone una huida de la ciudad, una escapada a un sitio donde no tengan ataduras.
Helena, al enterarse del plan, confiesa a Demetrio las intenciones de ambos, esperando el reconocimiento de su lealtad. Los cuatro enamorados huyen a través de un bosque, donde dormirán y soñarán, y al soñar descubrirán que las cosas ya no son lo que parecen…
El título
El Sueño De La Reina de las Hadas no sólo es una alusión a la naturaleza híbrida de un montaje operístico-teatral basado en El sueño de una noche de verano, texto original de Shakespeare sobre el que Purcell compone una ópera con libreto anónimo, The Fairy Queen… Aunque podría resultar legítimo y justo combinar los títulos originales de las obras en las que está basado nuestro espectáculo en un único enunciado, en realidad se trata de una alusión al enigma que gestiona la naturaleza de la propuesta, el epicentro desde el que nace la manera de contar esta historia: La Reina de las Hadas es Titania y su sueño es yacer junto a la “imagen monstruosa” de un hombre con cabeza de animal.
Vayamos por partes… La imagen de una Reina, de una Diosa, abrazada y compartiendo lecho con un animal, con un burro vulgar, víctima de las hechicerías de su legítimo consorte, es uno de los principales iconos del universo shakesperiano y por extensión de la cultura occidental. A pesar de ser uno de los textos de Shakespeare más representados y más asequible a todo tipo de públicos, la imagen proyecta una especie de cima de lo irreverente e incluso de lo perverso… La consumación del amor entre dos especies distintas nunca ha sido aceptada dentro de las convenciones sociales y funciona como altavoz de todas aquellas relaciones desposeídas del beneplácito de los márgenes de la normalidad y, por lo tanto, susceptibles de juicios, condenas e irremediables consecuencias vitales… Y es que no sólo se trata de una mujer que yace junto a un animal… Se trata de la quinta esencia de lo prohibido, puesto que en ese lecho conviven impúdicamente todas las diferencias que hacen de ese amor la imagen de lo imposible. Mientras que el placer no conoce límites, la pertenencia a la cultura está plagada de fronteras… Así que nos encontramos ante un símbolo perfecto del amor imposible, del deseo prohibido, de la pasión trágica en estado puro ante las consecuencias de dicha unión… Por eso el sueño de la reina de las hadas es, para empezar, la necesidad de un amor prohibido, de un amor imposible y por eso se proyecta como título perfecto para resumir las inclemencias que sufrirán los protagonistas de nuestra historia…
La ópera llega a las salas alternativas…
Que la ópera es teatro y forma parte de las artes escénicas nadie lo cuestiona, sin embargo el devenir del tiempo parece haberla colocado en una encrucijada entre los circuitos meramente musicales y los templos de los teatros líricos donde sólo grandes nombres pueden gestionar grandes producciones propias de unos tiempos de abundancia diferentes a los que atravesamos… Sin embargo la ópera como espectáculo teatral forma parte de las artes escénicas y como tal debe estar sujeta a un cuestionamiento de base y pertenecer al repertorio de todas las salas teatrales. No parece casualidad que sea una sala alternativa la que se atreva a programar un espectáculo como el nuestro, ya que ellas han sido las encargadas de servir como baluarte de casi todos los cambios en la evolución del teatro. En momentos difíciles el teatro puede imponerse como herramienta de cambio, sin renunciar a su valor cultural, y puede generar la semilla de una reinvención. Que las cosas que nos han contado contienen el germen de otras bien distintas es pura actualidad, y que las necesidades artísticas no pueden rendirse ante las inclemencias del tiempo también.
Que una ópera basada en materiales clásicos pero comprometida con su tiempo llegue a una de las salas alternativas más veterana de Madrid, la Sala Triángulo, sólo puede significar que el teatro sigue vivo y buscando una manera de llegar a la espectador.
¿Ópera o teatro?
En nuestro caso la ópera de Henry Purcell y los versos de Shakespeare han servido como material de un espectáculo híbrido, en cuanto a fuentes dramatúrgicas se refiere, pero que busca una coherencia como tal, porque ambas piezas no se presentan aisladas, sino complementándose entre sí y dotando a la música de la intención incidental con la que fue compuesta en origen.
En escena encontraremos 1 bailarín, 4 actores y 3 cantantes líricos acompañados por un piano, buscando un formato íntimo pero muy “espectacular” que lejos del historicismo, pretende proponer una revisión de los arquetipos románticos de los cuatro enamorados que afecta directamente a los cimientos de la historia original y que ofrece una visión completamente renovada y contemporánea de la misma.
A nivel formal nos interesa trabajar con fuentes que provengan de distintas disciplinas y tratamos de retroalimentar constantemente materiales que al mezclarse generen experiencias inesperadas. Como hijos de la posmodernidad todo nos interesa si podemos establecer un vínculo personal, a través de nuestras propias obsesiones, con la partitura, el texto, la idea o las personas que forman el equipo… En el caso de nuestro sueño teníamos una enorme necesidad de interrogar al clásico, forzarlo a interaccionar con siglos de distancia, discutir con los personajes diversas cuestiones en torno al género…
El género: transgénero
La Reina de las Hadas es un arquetipo cultural clásico y como todos los arquetipos incide directamente sobre nuestra forma de pensar, se instala en nuestra memoria colectiva, en este caso, mediante la idea del amor romántico, sensual y al hilo de nuestro tiempo, también sexual. El sueño de la Reina condiciona nuestra predisposición a la búsqueda del placer mediante un peregrinaje por el dolor, o más bien del placer a pesar del dolor… A partir de esta idea, queremos transitar la posibilidad de dar sentido a nuestro montaje mediante lo que hemos denominado “transgénero”… Una de las particularidades de nuestra versión consiste en extraer una línea de acción de las tantas que surcan el original de Shakespeare, mostrarla ajena al contexto completo de la obra y así dejarla sin coartada, sin complemento y sin la justificación que el autor propone de los extraños sucesos que sufren sus protagonistas… Descubrir como por arte de magia que las personas a las que amas o crees amar han dejado de ser amadas, o que las personas que nos proponían amor eterno han dejado de amarnos por completo, no nos parece un tema ajeno a nuestra sensibilidad… Observar cómo el desconcierto, el vacío, el abismo se apoderan de lo que antes estaba orientado, completo y definido, tampoco. Shakespeare juega con los trucos sobrenaturales, con las pócimas externas que generan cambios de orientación sentimental en lo más profundo del corazón de los protagonistas, pero no deja de ser interesante que el ser humano contemporáneo sigua padeciendo los mismos cambios bruscos en sus itinerarios sentimentales, víctima o verdugo del giro inesperado de sus deseos… Así que o bien admitimos la presencia de hadas caprichosas que manipulan nuestros sentidos de manera arbitraria o bien nos damos cuenta de la fatalidad de la naturaleza humana… Nosotros hemos decidido entender este particular viaje iniciático al bosque como un juego en el que no participan ni las hadas ni la magia, sino la proyección de un mundo inconsciente y subconsciente cultivado en una de las lagunas del texto original: Los sueños de sus protagonistas: ¿Qué cosas se confiesan a sí mismos cuando duermen los cuatro enamorados? Al descartar las hadas como justificación descubrimos el género trágico de un texto que nació como comedia… Nos interesa lo que está oculto y en este caso queríamos constatar que debajo de un arquetipo siempre hay un personaje que se parece a mí, o a ti, o a alguien que conoces…y que no siempre hay que justificarlo como tal, ya no…
El marco
El marco es el elemento que separa los dos planos que constituyen el espectáculo… El plano de la razón representado por el texto mediante los personajes de Shakespeare (teatro) y el plano subconsciente habitado por una deformación de la realidad objetiva y por los iconos de nuestra memoria cultural, representado por la música(ópera).
Nuestro Sueño de la Reina de las Hadas define a los personajes que protagonizan la ópera, a los personajes que cantan, como arquetipos culturales, como clichés que necesitan mantener unas constantes para poder definirse como tales, y al ratificarse como arquetipos pueden funcionar en el sueño de cualquiera porque forman parte de nuestra infraestructura interna, de nuestra memoria colectiva. Si las 4 estaciones son el fluir lógico del tiempo, el fluir lógico de la cultura tiene que ver con la evolución de sus arquetipos que establecen un puente entre el punto de partida de las partituras y el público receptor, generando así un anacronismo y un distanciamiento de la verosimilitud tan propio del mundo de la ópera como del mundo de los sueños… Muchas veces entre ellos y nosotros sólo hay un marco…
Pedro Lagarta Teatro y Pedro Martínez, su director
Pedro Martínez es egresado en Estudios Superiores de Arte Dramático, por la RESAD, en la especialidad de Dirección de Escena desde el año 2008. Antes de terminar sus estudios fue elegido para representar a Madrid en la cuadrienal Scenofest de Praga 2007. De forma casi “accidental” ha estado especialmente vinculado al género lírico, aunque nunca fue su mayor ambición. Ha estrenado la ópera barroca The Fairy Queen en el Festival de teatro clásico de Almagro, además de la Zarzuela La Rosa del Azafrán en Shangai (China). Ha impartido talleres de interpretación actoral en zarzuela en Shangai, Buenos Aires, La Plata y Posadas acompañados del estreno de dicha zarzuela en cada una de las ciudades mencionadas, con intérpretes autóctonos.
Prepara el estreno de Los Gavilanes de Jacinto Guerrero en el Teatro Nacional de Sao Carlos en Lisboa y en el Centro del Conocimiento en Posadas. Es profesor de interpretación en Cuenca y ha estrenado textos clásicos como El Peregrino de José de Valdivieso como ganador del programa Las Huellas de la Barraca de la SECC dentro de las conmemoraciones del año Xacobeo 2010, o el entremés anónimo La Guitarra en un proyecto de Radio-Teatro en las XXVIII jornadas del Siglo de Oro en Almería. También ha trabajado diferentes autores contemporáneos como Brecht, Cocteau o Müller.