Octavio Fraga Guerra – laRepúblicaCultural.es
Lo simbólico en toda pieza audiovisual se traduce en desdoblamiento de lecturas, en la búsqueda del icono y el gesto. En la construcción de respuestas ante posible preguntas guardadas en los cajones de la desmemoria. La palabra es la estructura primaria de toda pieza fílmica, y también el silencio. La luz hace posible la corporeidad de los protagonistas, de los objetos puestos para la ocasión. Construye volúmenes y “materializa” la magia del texto fílmico convertido en historias, en narraciones nuevas.
Cuando una agrupación musical trata, (como es el caso del grupo de Rock Boikot) la Memoria Histórica en un tema como: Lágrimas de rabia, se visibilizan claramente el uso de otros resortes. De otras herramientas para jerarquizar la intencionalidad en temas como este.
La metáfora y el ingenio son claves para construir una estructura narrativa. En este caso la obra viene apertrechada de texturas, de historias vividas. De símbolos meridianamente posicionados, que jerarquizan argumentos ante un tema que (aún), forma parte de la “nebulosa pretérita”.
Mientras quede un solo caso de represaliado víctimas del franquismo, enterrado en cunetas y fosas comunes del Estado Español toca estremecer el tiempo para clarificar el futuro. La literatura, el cine, junto al resto de las artes y toda la sociedad, han de hacer labor sin pausa para dignificar la vida truncada de los que han soportado el silencio y el ostracismo.
La idea de Boikot de realizar un video clip y a un documental (dos artes de texturas narrativas dispares) del tema Lágrimas de rabia, son claras señales del empeño de estos cuatro músicos por ponerle cara e imagen a los que aún viven en el anonimato y merecen (de todos nosotros), el inaplazable reconocimiento moral.
La estructura del video clip evoluciona desde dos vertientes. La ficción como recurso para rememorar parte del infinito anecdotario de esa España sombría y dictatorial. Y por la otra, la presencia de los cuatro integrantes de la agrupación en escenas, que emiten señales que el cine documental legitima como punto de vista.
Es corto musical apela a contarnos una historia. La historia de un maestro encarcelado y ajusticiado por enseñar. Por hacer de esos jóvenes en la República seres cultos y atentos. Una época (sin lugar a dudas) gloriosa de la cultura, donde la literatura era parte vital de la vida y el orgullo de aquellos hombres y mujeres.
El guión es sencillo, diría que sobrio. Unas cuantas escenas bien montadas dan para construir un mensaje y una identidad. Transitan despojadas de superfluos andariveles, que suelen entorpecer y ensuciar las mejores ideas dramatúrgicas.
Las locaciones están teñidas para esta puesta, con una gama de recursos que responden a esa transportación del pasado. Vestuarios, utilería y atrezos completan esa intencionalidad de poner al espectador, en el lugar y en contexto en que se desarrolló la particular historia que nos cuentan. La de un personaje que Boikot ha querido llevar al presente y la integra como parte de un homenaje simbólico de un represaliado, teñido por el paso de los años.
No falta el necesario discurso sentenciador. No sobra la clara señal del recuerdo. La voluntad del cuarteto es dialogar con esa realidad sin cortinas. Son esas mamparas, que nublan los más horrendos pasajes de una historia que aún está fragmentada y descafeinada en la literatura escolar del presente.
Desde este rock que no tiene apellidos se van llenando páginas de ese tiempo remoto que sus huellas quedan en la memoria. Es un rock salido de la voluntad de ponerle cerco a la página en blanco. Es un tema que busca enmendar los sueños de los que murieron sin la necesaria gloria y hablar (siempre hablar), de esa verdad mutilada.
Es alentador ver que jóvenes músicos se preocupan y ocupan de ese pasado sin fronteras. El almanaque no puede enterrar la verdad mutilada o la que pretenden enterrar, el actual pensamiento reaccionario sustentado en el pretexto de no volver al vértice de los odios y las heridas cerradas. Este proyecto (como otros) gestado por los jóvenes, han de ser apoyados sin fisuras ni simulaciones oportunistas.
La Memoria y la Historia se harán más grande y más imperecedera, cuantos más artistas e intelectuales den su parte de valor y virtud, para construir ese gran texto que es el tiempo anulado. La convocatoria sigue abierta, Boikot ha hecho los deberes. Los tiempos que se avecinan, que son tiempos de crisis y de confrontación de ideas no son razones ni argumentos para posponer ese necesario debate de nuestra historia. La de todos.
A los poetas de la generación del ‘27.
A los represaliados del Franquismo.