Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Dice la Real Academia de la Lengua que el término “retablo” puede tener varias acepciones, la principal (“conjunto o colección de figuras pintadas o de talla, que representan en serie una historia o suceso”) puede recogerse como el símil que se utiliza dentro de las artes escénicas, para desarrollar una secuencia de escenas. Dice también la RAE que, con ciertos matices, puede describirse como “Persona en quien se acumulan muchos trabajos y miserias”.
Bueno, en este montaje del que es responsable Javier de la Torre, parece que se unen de manera muy ajustada ambas definiciones, porque el retablo que nos traen comprende, como no podía ser de otra manera, una secuencia de breves relatos, muy diferentes entre sí, pero tocando las miserias humanas, ya sea desde distintos aspectos de aquello que vemos como lo más podrido de nuestra sociedad, o bien desde la ruptura de convencionalismos que pretenden ser la cara amable de una realidad que no es tal.
Nerea Moreno, con un solo en el arranque de este retablo, aunque aparecerá más tarde en otros, se lleva la palma al tener que romper el hielo, con esa “prostituta pródiga” que anuncia en parte por qué derroteros discurrirá este conjunto de historias. Una actriz que alcanza un nivel similar al de El retrato, donde por medio de la parodia hace un par de años, ejecutaba también un estupendo papel.
Jesús Gallo sirve de excusa para mostrar otras historias más oscuras. Es como el pivotante masculino para ciertas escenas que nos presentan, en las que el papel de “malo” o de retorcido que recrea en sus actos, acaba por mostrárnoslo casi como “víctima” de sus propias perversiones y acciones violentas. Compartirá sus escenas con Olivia Baglivi, una joven protagonista femenina con un peso impresionante en las dos historias que coprotagonizar, que reparte el peso en distintos aspectos en cada una de ellas y, pese a aparentar en ambas que es quien sufre la acción, detrás encontramos la transformación de su personaje, vengativo y mezquino, aunque aparentemente justiciero ante las miserias de otros.
Creo que cada actriz / actor, tiene su escena y su momento y, claramente, la historia de Geli Albadalejo es la última en la que interviene, donde evoluciona en un estupendo monólogo que consigue llevar a una intensidad, en el discurso y en la parodia de esa Belle de jour, que conecta a la perfección con el público.
En conjunto, pese a que no soy especialmente seguidor de las piezas breves encadenadas e inconexas, el trabajo está bien dirigido y bien ejecutado, de forma que con pocos medios, actrices y actores lo dan todo de sí en estos cinco cuadros del retablo, y se hacen con l@s espectador@s.
Universales y eternas, las bajas pasiones reflejan esa parte que yace bajo la superficie de todo ser humano, a veces dormida aunque siempre al acecho.
La lascivia, la lujuria, la carnalidad desaforada, o el desajuste sexual son algunos de los zooms a los que se acerca este retablo de una manera satírica, cómica y trágica.
En definitiva la imparable pugna entre el bien y el mal.
Una obra teatral compuesta por cinco cuadros/retablos:
- Pasión 1. Donde se demuestra que vender tu cuerpo es mucho más ético que vender tu alma. La prostitución del alma.
- Pasión 2. En la que Sonia puede jugar al ratón y al gato sin saber que está ahogándose en una telaraña. El sexo como motor de destrucción.
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Pasión 3. Por la que se extrapola que el crimen puede ser la única manera de alcanzar la libertad.
Pasión 4. La vida como un cuento cruel en el que se juega con la idea de que nada, nada es verdad. La ambigüedad del deseo y sus abismos.
- Pasión 5. De la influencia de las películas como justificación para vivir nuevas experiencias. El cine como espejo sexual de una burguesía hipócrita y podrida.