Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
No es ninguna novedad decir que me hay un par de temas genéricos que me preocupan hace décadas: la cultura (como herramienta para comunicar y transmitir de inquietudes desde la creación) y la educación (claro, como forma de facilitar y fomentar el acceso a la creatividad y el desarrollo y potenciación de la misma). Así que, en este caso, tengo la suerte de haber encontrado a través de la bailarina, profesora y creadora Marina Bruno, a una persona como Andrea Giraldez, que con apenas unas pinceladas ha sido capaz de condensar en una breve explicación, un problema de nuestro sistema que supone la mayor parte de aquello que traba el desarrollo en una cuestión, la creatividad, por medio de las carencias de la otra, la educación. Así que, Andrea los sintetiza de la siguiente manera:
“Hay una visión muy infantilizada de lo que se le ha de ofrecer a los niños. Estos productos descafeinados, cultura para niños, dibujos para niños, y ellos ya tienen un contacto con la cultura, fuera de los muros del aula, mucho más rica de la que les ofrece la escuela. […] La mayoría sigue pensando que aquí lo importante es memorizar muchos datos, aprender matemáticas, lengua… y mientras pensamos en eso se nos pasa el tren de lo que necesitamos. Y es que hay una contradicción, porque todos dicen desde ámbitos como la Comunidad Europea, que hace falta que la gente sea más creativa, que tenga otras competencias, que sepa trabajar en grupo, que tenga iniciativas… y la escuela, normalmente, mata todo eso. Es una enseñanza plana, que creo que es muy parecida la que tuviste tu a la que tuve yo… ha cambiado muy poco”.
Y me parece especialmente interesante, porque toca elementos clave, como son las contradicciones por las que se nos llena la boca de lo que debe hacerse, para luego limitarnos a lo que ya había. Y así va la Educación en España, con un fracaso que ninguna administración ha tratado de mejorar, sino de dejar su sello de fracaso personal.
Precisamente Andrea Giraldez, a través del postgrado que coordina y dirige en la Organización de Estados Iberoamericanos, está demostrando, por medio del trabajo de ella y su equipo, que es posible abordar los formatos de la enseñanza entorno a las artes de otra manera, y para ello han trabajado a partir de las correspondientes investigaciones para conocer lo que se demanda y lo que se necesita. La profesora Giráldez está pilotando desde hace unos años este proyecto que crea redes en todos los sentidos: en el de las actividades artísticas, en el de las personas y en el de las distancias geográficas, enriqueciendo así el panorama cultural internacional.
A la hora de presentar su postgrado, entre sus objetivos dicen que se trata de “comprender el significado de la educación artística”. A partir de esto me generó una serie de curiosidades que hemos tratado de abordar en esta breve pero interesante entrevista.
En la sociedad española actual ¿qué significado tiene la educación artística? ¿Este planteamiento no te parece de un optimismo elevado?
No se trata de encontrar la respuesta definitiva, pero sí plantearnos por qué enseñamos arte, para qué y cómo lo hacemos. Cuando se habla de educación artística se entra en un terreno muy polémico, porque se refiere a muchas coas distintas, porque hay gente que piensa que consiste en formar a niños y jóvenes en las técnicas para que sean artistas en potencia. Hay quienes piensan que el arte es un medio para educar en otras cosas.
Cuando se habla del significado, se trata de discutir qué podemos entender cada uno en distintos contextos por educación artística.
La idea que se percibe a partir de lo que planteáis es la de tratar de integrar
Sí, integrar artes y personas, las dos cosas. Por un lado la visión es la de integrar artes, porque uno puede ser músico, bailarina, dedicarse al teatro, pero hoy por hoy no tiene sentido pensar que vas a trabajar en una única disciplina, porque las artes por sí mismas se integran. Menos en la educación, que aún insistimos en eso de que “si esto es danza, no es música,…”.
El otro gran objetivo es el de crear redes de personas. Es decir, poner en contacto a personas que están en distintos lugares de Iberoamérica y que hacen unos trabajos fantásticos, para que se puedan conocer, saber lo que hacen, igual hacer proyectos juntos más adelante…
Por un lado la OEI tiene un centro de altos estudios universitarios, donde vienen haciendo cursos de postgrado desde hace ya bastante tiempo, la mayoría de ciencias o de letras. Y en 2007, por iniciativa de todos los ministros iberoamericanos, se llega al acuerdo de que hay que potenciar la educación artística, y se crea el Programa de Educación Artística, Cultura y Ciudadanía. El nombre ya indica un poco el espíritu del programa, en cuanto a que hay que entender que la educación artística no consiste solamente en la enseñanza, sino que tiene que estar integrado también en la cultura y que también, a través de la educación artística se puede trabajar en valores sociales entorno a la ciudadanía.
En 2007 comienza el programa y lo que demandan los países que forman parte de la OEI es la formación en el sentido de que, aunque hay gente con mucha preparación en América Latina, pocos pueden acceder a unos estudios reglados, así que se decide montar este postgrado en curso, que en realidad está abierto a gente muy diversa. No es sólo un curso para profesores de arte, es para artistas, para cualquier persona que utilice el arte como un vehículo para educar. Así que hay mucha gente que no está en una escuela, pero que tiene talleres de arte en el ámbito de la educación no formal, o en un grupo de desfavorecidos o en riesgo de exclusión… Así que el perfil de la gente que viene es muy amplia, y creo que eso enriquece mucho el diálogo.
¿Te parece que la interacción del arte con el entorno puede cambiar a ciudadanos que le son ajenos? ¿De alguna manera podéis cambiar a gente ajena a la cultura?
A gente ajena accedemos de manera más eventual, a veces se apuntan profesores de Historia del Arte, o maestros que quieren… pero la mayoría son quienes ya tienen un interés por la educación artística en sí. Comenzamos con este colectivo, pero ahora estamos empezando a hacer una investigación en Iberoamérica, para conocer el estado de la educación artística, concretamente en la escuela de educación básica (no se puede empezar con todo el ámbito a la vez). Así que hemos pasado un cuestionario grande a todos los países, donde no buscamos profesores de arte, sino maestros que pueden ser de arte o no (la mayoría no), que son gente que dan música o prácticas o nada de esto. A partir de ahí, según lo que se detecte, puede que también apuntemos hacia otro colectivo distinto que requiera formación.
A partir de vuestro trabajo y vuestra experiencia, ¿crees que pueda existir un arte sin implicación ni compromiso?
No, en absoluto. Hasta hace unos años, sobre todo en el ámbito de la educación artística se pensaba en cómo enseñar o cómo desarrollar técnicas, pero hoy se habla más de educar emociones, de compromiso social, … La propia educación artística se ha comprometido también con ese ámbito y cuando hablo de educación artística, hablo de artistas que educan, y de educadores que han aprendido arte y que también se dedican a educar.
Pero, hoy por hoy, no es posible desvincularlo. Hay gente que lo hace, claro, pero no tiene mucho sentido.
¿La interculturalidad mata la diversidad o la hace crecer? Es decir ¿podemos llegar a un nivel plano de expresión global o el intercambio puede generar nuevas ideas “locales”?
Creo que hay que trabajar para que siga creciendo lo que ya existe. Es decir, no se puede crear una “cultura uniforme”. En el propio postgrado, lo que intentamos hacer es poner en valor la cultura de cada uno, por ejemplo, trabajamos el tema de arte en el paradigma más postmodernista, poniendo en cuestión eso: que enseñar arte no es enseñar el arte de la tradición europea del siglo XIX, que es lo que se hace y se ha venido haciendo. No tanto en el ámbito de las artes visuales, pero en el de la música, por ejemplo, eso es terrible. Cuando se enseña música, parece que lo único digno de conocer es a los grandes maestros de la historia de la música y se niega todo lo demás.
Intentamos poner en valor el arte más local, más tradicional, o como se le quiera llamar, es decir, más propio de cada lugar, y también otras formas de arte. Pero tampoco se puede impedir lo que está pasando: la globalización, la mezcla, se está dando y no vamos a impedirlo, pero hay que intentar no olvidar que hay otras formas de expresión artística que están ahí.
¿Cuál es para ti la situación, no sólo ahora, pero sí a corto o medio plazo del arte y la cultura en nuestro entorno (Madrid, España, Europa…)?
Sí, porque ahora… hoy escribía en Twitter que estaba muy enfadada, porque venía escuchando en la radio todas las nuevas medidas del Ayuntamiento de Madrid, y uno insistía, erre que erre, que la cultura tiene que dejar de ser gratis, así que escribía que no es que sea gratis, sino que ya la pagamos con nuestros impuestos. El panorama no es bueno en el sentido político, pero sí lo es en cuanto a lo que hace la gente. Creo que hay muchísima gente trabajando desde distintos ámbitos, y creo que van a seguir haciéndolo.
Tal vez salga más perjudicado el arte que requería de pagos o de subvenciones, y algún tipo de subvención tendrá que haber, pero habrá que ver por dónde va. Creo más en los creadores que en los políticos que les deben dar apoyo.
Desde el punto de vista de la educación ¿dónde está el problema en nuestro país en lo referente a la cultura?
Pues creo que hay una visión muy infantilizada de lo que se le ha de ofrecer a los niños. Estos productos descafeinados, cultura para niños, dibujos para niños, y ellos ya tienen un contacto con la cultura, fuera de los muros del aula, mucho más rica de la que les ofrece la escuela. Así que creo que hace falta una reflexión muy seria en eso. Hay alguna gente (poca, pero muy entusiasta) que está trabajando en otro sentido, como proyectos mediante los cuales los niños salen de la escuela, luego artistas entran en la escuela… pero son pocos los que se animan.
La mayoría sigue pensando que aquí lo importante es memorizar muchos datos, aprender matemáticas, lengua… y mientras pensamos en eso se nos pasa el tren de lo que necesitamos. Y es que hay una contradicción, porque todos dicen desde ámbitos como la Comunidad Europea, que hace falta que la gente sea más creativa, que tenga otras competencias, que sepa trabajar en grupo, que tenga iniciativas… y la escuela, normalmente, mata todo eso. Es una enseñanza plana, que creo que es muy parecida la que tuviste tu a la que tuve yo… ha cambiado muy poco, exceptuando, insisto, un pequeño grupo de gente que vemos en ciertos encuentros a los que van voluntariamente (nadie les paga, pagan para ir), y se reúnen para intentar debatir para tener una formación más horizontal, y no que venga alguien y les diga lo que hay que hacer. Pero claro, son una inmensa minoría, y ese es el problema.
¿Qué crees que es lo que permite que haya el volumen de creadores que hay, sobre todo en las grandes ciudades?
Bueno, las grandes ciudades atraen gente de fuera, y aún queda espacio, así que la gente va ocupando espacio y se va juntando para crear. Por ejemplo en el Medialab de El Prado, o este espacio de El Matadero, otros sitios donde hay residencias de artistas.
En otras zonas faltan medios o apoyos, porque la gente que crea no suele necesitar tantos medios económicos, pero sí apoyos de otro tipo, como que les den un local para ensayar, que es un problema inmenso para la gente que hace artes escénicas… Por ejemplo, habría que organizar mejor los espacios públicos que están infrautilizados o mal gestionados.