Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
El año 1926, el teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes de Madrid, se inauguraba con Ligazón, una obra de Valle Inclán puesta en escena a cargo de su propia compañía. Hace seis años tuve la suerte de asistir a un aniversario, el de los 125 años de la institución, se aprovechó para reponer esta obra, encargando a una compañía de teatro independiente (Uróc), con Juan Margallo en la dirección, que con un gran elenco y junto a otra obra, La rosa de papel.
Si aquello, además de un evento peculiar dado el carácter de las obras, del autor y de la compañía, también me pareció una manera de poner al día un teatro perdido. Ahora veo una nueva versión, a cargo de una joven directora y con un elenco que consigue darme una visión muy distinta de aquella que, si bien era mucho más explosiva y contaba con más medios, esta se convierte en un trabajo que quiere reinterpretar a Valle en nuestros tiempos y que hace mucho de juego interior en los personajes.
Así, esta dirección, bajo el título de Lig∆zón contempla algunas peculiaridades sobre la idea original, ya que, por una parte actualizan el diseño escénico, integrando elementos que claramente sólo pueden ser actuales (en particular por los materiales empleados, como los vinilos semitranslúcidos que separan las paredes de la vivienda del público), pero también introducen una peculiar manera en los personajes al modo gitano, de forma Antonio Jiménez, que interpreta al supuesto prometido de la Mozuela (personaje que corre a cargo de Elena Esparcia), tiene una continua presencia en escena, como una especie de patriarca ajeno a casi todo, que sólo va a lo que va, porque por el resto es impensable moverse. Otro personaje peculiar es el de la madre de la Mozuela (en este caso no es una ventera) a la que da vida Haizea Aguila Minguez, además de la tía, interpretada por Javier Carramiñana, que se encarga de hacer de intermediaria tratando de comprar a la chica por baratijas. Completa el elenco Pablo de la Chica en papel de Afilador.
Además de la parte más teatral, la unión entre la pareja del afilador y la joven se culmina con una breve coreografía, a cargo de Xenia Sevillano, en la que la protagonista porta una cabeza de zorra o de loba, conduciendo al afilador en sus movimientos, que posteriormente culminarán en el consabido encuentro de ambos para hacer su pacto de sangre.
Elena Esparcia tiene la facilidad de cambiar su expresión a voluntad y reflejar estados de ánimo muy dispares sin necesidad de una transición, lo que dota a sus personajes de la posibilidad de mostrar cierta inocencia a la vez que expone una sensación de provocación y riesgo, dejando en este caso, además, el toque de cinismo que quiere trasladarse a través de esa venganza que urde como respuesta a las intenciones de quienes la rodean. El papel de la madre tiene un formato muy interesante en manos de Haizea Águila, que por sí sola o en equipo con Javier Carramiñana, dotan a sus persojanes de momentos realmente explosivos entre el humor negro de Valle, que la directora y el elenco han sabido explotar muy bien.
Hacía referencia a los anteriores formatos porque, si Valle Inclán era un genio del teatro con un formato que, a mi modo de ver, no tiene repetición ni parangón, hay quienes saben sacarle todo el jugo (caso de Juan Margallo en 2006, o de esta nueva puesta en escena), porque sólo aquell@s tienen la posibilidad de transformarlo y adaptarlo a los pasos del tiempo sin perder ni su época ni su actualidad. Con esa sensación con la que salí de este montaje, y también con la de que seguimos teniendo un teatro vivo, incluso en los formatos más clásicos de nuestra era.
Los días 17 y 18 de Mayo, Mathilde Rambourg presenta en la Sala García Lorca de la RESAD su particular visión de la breve e intensa Ligazón del personalísimo Valle-Inclán.
Y para ello, la joven directora, se vale de elementos y caracterizaciones muy teatrales, sin olvidar la fuerza irracional que mueve los instintos primarios nacidos de la tierra negra de sus mundos y del sinthe sepulcral que les empuja a su funesta bacanal electrónica. Siempre grotescos y deformados. Con una estética ochentera, con personajes arrabaleros y desarrapados, Rambourg da forma a un universo propio sin obviar las exigencias de este auto para siluetas.
El elenco formador por Haizea Aguila Minguez, Javier Carramiñana, Pablo de la Chica y Elena Esparcia. La música en directo por Facundo Devitto Mokotoff.
Ligazón. De Valle-Inclán. Ligazón. Por Mathilde Rambourg. Ligazón. Como grito de libertad. Como rebeldía. Como pelea entre generaciones. ¿Hasta dónde llegan los tentáculos del poder parental?, ¿hasta dónde deben llegar? Ligazón. Como la experiencia no es siempre la sabiduría. Ligazón. Como tradición teatral. Como mi cuerpo es mío.Como música en vivo. Como un mundo muy personal con estética de periferia. (Javier Hernando Herraez)