Inma Luna – laRepúblicaCultural.es
Cuando conocí a Alejandro era un escritor en busca de un poeta. Él sabía que estaba, lo sentía y, desde entonces, se ha ocupado de limpiar la hojarasca para encontrar esa voz. Tanto tiempo es su primer poemario, antes fueron, entre otras, las novelas El tiempo del corazón (por la que fue nombrado Nuevo Talento Fnac), El secreto de los Hoffman (finalista del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja 2008 y adaptada al teatro en 2009) y El alma del mundo (finalista del Premio Primavera de Novela 2011).
Tanto tiempo es un libro de búsqueda y de reflexión, de preguntas y verdades, un libro que se nota limpio y fresco, afilado y concreto, una poesía desnuda de artificio en versos cortos y determinantes.
Empieza aquí el Alejandro poeta, desarmado, sin trampa, y ya no habrá quien lo pare.
Tanto tiempo ¿de qué, para qué?
Tanto tiempo buscando la palabra exacta, o mejor la voz. Han sido muchos años buscándome la voz, años de mucha búsqueda. ¿Para qué? El “para qué” es y yo no solemos llevarnos bien, esa es la verdad. Cuando en mi vida desemboco en el “para qué”, es el momento de volver al diván porque algo no está bien encajado, algo no respira bien y siento que me asomo a la oscuridad del pozo.
¿Se aprende el amor, se aprende el desamor, se aprende de ellos?
Se aprende poco, en general, digo, y en particular se aprende aun menos. Se aprende con el amor como se aprende con la compañía: a vivir entre espacios más pequeños, a que esto, este plano de realidad, ahuyente las fobias, aunque sea temporalmente. Yo nunca he aprendido del amor, y tampoco del desamor. He aprendido a verme amando y también desamando, a descifrarme de otro modo, pero si un amor se aprende es que es un amor pensado, aguado, poco entrañable.
¿Poesía como descanso o como indagación?
Indagación, sin duda. El descanso poético es el silencio. Poesía es ruido, es la voz del retiro, no el retiro “per sé”. Ni siquiera es el descanso de uno mismo. En mi proceso creativo (y hablo exclusivamente de mí), lo poético es tremendamente activo, agotador. Es caminar por un pasillo oscuro intentando encontrar un interruptor que a veces está y otras… no aparece todavía.
Las reflexiones que empiezan por quizá, ¿sirven, quizá, para relativizar?
Las reflexiones que empiezan por quizá son, en mi caso, reflexiones que llegan con pudor. Mi “quizá” es el reflejo de mi timidez, de la relatividad con que vivo mi vida y mi creación. Y también de ese Alejandro inseguro que navega siempre a mi sombra.
Silencio, reflexión…, ¿para llegar a la verdad? ¿Para qué quieres la verdad?
Soy un buscador incansable de la verdad. Supongo que porque me he criado en un ambiente en el que nada era blanco o negro, en el que lo que se decía a veces no tenía importancia, porque lo que realmente importaba era lo que no se formulaba. Me muevo mal, torpe, en la realidad que no se enseña, me aterran los mensajes no claros, las verdades a medias… mi imaginación coge vuelo y llegan los peores monstruos… la desazón.
El amor es una palabra vieja y vulnerable, ¿todas lo son?, ¿qué valen las palabras?
Las palabras son, en muchos casos, música. Tienen vida musical propia, pero el valor… es poco porque es demasiado subjetivo. No existe la matemática de la palabra. Hay palabras porque hay ganas de cosas y las ganas nunca son cuantificables, no son universales. La palabra es un pequeño madero en la corriente. A menudo hueco. De otro modo es muy difícil flotar.
Da la impresión de que has ido quitando capas a los poemas para quedarte con la esencia, la raíz, lo crudo.
Y me congratula que esa sea la sensación, porque es la que busco. También es así es mi prosa, en mi narrativa. Me gustan las frases limpias, el verso esqueleto. Me gusta el mensaje, el impacto, la piedra en el agua… y que las ondas se expandan, lentas, desde lo mío, pero no “con” lo mío. Me gusta imaginar a mis lectores/as libres, sin ganas de nada en particular, solo curiosos… atentos a la esencia.
¿Se puede seguir sin preguntas, sin respuestas?
Yo no he podido vivir sin preguntas. Ni siquiera cuando era muy pequeño. Me recuerdo muy a menudo preguntando: ¿Por qué? ¿Por qué? Quizá el camino no sea ese, me refiero a la cordura, a poder caminar en paz. Quizá la madurez sea precisamente poder aprender a vivir sin preguntar, sin esperar, pero yo soy incapaz. Pregunto porque me defiendo, porque quiero anticipar algún daño posible. Pregunto porque tengo miedo.
¿Hay nexos entre tu narrativa y estos versos?
Absolutamente. Mi narrativa busca la esencia de las situaciones y de los personajes que las viven. Busco, como en la poesía, que lo difícil parezca sencillo, que la lectura no cueste. Que fluya. Sin concesiones.
¿Te buscas en los poemas o buscas a los otros?
Me busco a mí y busco también el consuelo de saber que no estoy solo, que ahí fuera tengo compañía. Busco miradas, la mía y las de fuera. Saber que la travesía es común.
¿Después de Tanto tiempo seguirás poetizando?
No podría dejar de hacerlo. Ya no. Lo he pospuesto durante demasiado tiempo y ahora sale la voz a chorro, quiere libertad y aire. Hace poco terminé de escribir mi segundo libro, titulado Entre el ruido y la vida, muy en la línea de Tanto tiempo y estoy metido de lleno en el tercero. Es la voz, que sigue pidiendo.
¿Y qué más?
Ahora mismo estoy trabajando en mi siguiente novela, para la que excepcionalmente me he concedido un plazo “largo” de cuatro meses. Quiero trabajarla tranquilo, sin tanta visceralidad, aprender a disfrutarla, a parir con alegría. De momento lo estoy consiguiendo. Crucemos los dedos.
Reflexión IX
Quizá la lucidez
beba de lo relativo.
Solamente.
O quizá el amor y el odio
sean materia absoluta
y la vida,
todo lo demás.
Verdad VI
El gran temor
de los suicidas
es que la muerte
esconda una vida.
Curioso que la posibilidad
de una vida
evite tantas muertes.
Curioso que la posibilidad
de una muerte
alivie tantas vidas.