Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Siempre ha podido ser un buen recurso el uso de los personajes de la Commedia dell’Arte para un espectáculo dirigido a un público familiar, sobre todo cuando se ejecuta en formato de títeres. En este caso se huye en buena medida de lo convencional, y Farándula Teatro, junto a Magomino han llevado a cabo un montaje que, además de contener una gran diversión, pone en el otro lado de la balanza con una buena cantidad de impulso imaginativo para niñ@s de todas las edades.
Una buena parte del esfuerzo se ha volcado en el diseño escénico, mediante la confección de un escenario elevado, lleno de trampas y de recursos para utilizar durante el espectáculo, pero que también permite el recuerdo de un teatrillo de títeres (a lo grande, claro), como los que muchos pudimos ver en la niñez en calles y ferias, pero que ahora son mucho más escasos.
No todo es escenario, y la realidad es que el encanto reside en lo que no vemos y que tan sólo vamos percibiendo: la trama de esta historia, que utiliza el Decamerón de Boccaccio como excusa para enlazar cuentos que están dentro del cuento, y que consiguen enredar la imaginación de todo el público, en un juego de espacios múltiples que l@s tres artistas utilizan a gusto mediante apariciones y desapariciones, transformaciones en otros personajes y uso de recursos variados, incluidos algunos trucos de ilusionismo.
La historia viene de la mano de tres protagonistas Leio, Fiorinetta y Corallina, que tras sus máscaras esconden a Antonio Palomino, Carmen Sánchez y Cecilia Anahí, respectivamente. Pero también aparecerán otros seres más o menos “perversillos”, más o menos listos y en distintos formatos, ya sean guiñoles o personajes con máscaras, que perseguirán a nuestr@s tres amig@s para encerrarles y castigarles por contar relatos. Y es que los cuentos se han prohibido en ese reino, pero, claro, todo proviene de un divertido timo que ocurre al comienzo de la historia. En la Commedia dell’Arte no podía ser de otra manera, porque al final se trata del pequeño pillo que engaña al gran estafador que trata de imponer sus normas.
Los personajes conseguirán una estupenda participación del público, especialmente el más peque, que ayudará a realizar algunas cosas y que, finalmente, salvará a nuestros personajes de su encierro y también a sus relatos.
Además del argumento, los relatos y el montaje del escenario, recomiendo fijarse en los juegos de luces que, en los mejores momentos, dan una bonita dimensión a los personajes sobre el escenario, pero también buenos y atractivos contraluces. Y sin duda el diseño de las máscaras, creo que algunas trabajadas en formato de marroquinería, y alguna incluso bastante impresionante por la altura y la complejidad. Es verdad que en ocasiones no lucen todo lo que debieran precisamente por el tema de iluminación, pero no importa tanto.