Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Hace alrededor de un año, la compañía de Mr Kubik, con Fernando Sánchez-Cabezudo al frente, abrieron al público un espacio escénico, con vocaciones muy diversas, ya que, por una parte, se trata de un lugar que trata de fomentar la creación, dando la oportunidad de utilizar sus instalaciones desde antes de los estrenos y sin hacer las cosas a la carrera. Pero también es un lugar desde donde se está irradiando la difusión cultural en un barrio periférico de la gran urbe madrileña, permitiendo que mucha gente (grande y pequeña) acceda a un entorno cultural que no es pasivo, sino que quiere interactuar con la población más cercana.
La idea que circula desde hace tiempo por el mundillo teatral es que en la sala Kubik Fabrik hay “muy buen rollo”, que se trata a las compañías de forma muy cuidada y con trato muy amable, cosa que sorprende porque están en sus comienzos, los agobios son grandes y no es fácil seguir adelante en esta ciudad de cultura desalmada y desarmada. Pero es cierto que se respira un agradable (y divertido) trato interior, que se transmite a quienes asistimos, ya sea como público, o como prensa. No es que pueda tener yo queja de muchos lugares al respecto, pero cada sitio tiene su idiosincrasia, y creo que una de las principales en esta sala es, precisamente, el trato.
Hay que tener en cuenta que el núcleo de la compañía no es nuevo en las lides teatrales, porque llevan unos cuantos años de producciones propias, como las tres obras que componen La Trilogía del hombre moderno, y otros trabajos como Los cazadores de thé, El gran atasco en formato Muppets o Mundos posibles, que son los principales trabajos que han puesto en escena en escenarios como la Sala Cuarta Pared, o el Teatro de la Abadía (además de otros muchos). Así que han sabido buscar aquello que han necesitado en estos años, y han querido compaginarlo con una acción social de barrio vinculada a la cultura. Tal vez este sea un modelo que ayude a mantener a flote al teatro de nuestra ciudad, porque parece que ayudas externas no va a tener muchas a partir de ahora, así que esperemos que los proyectos sigan creciendo dentro de nuestro tejido social.
A un año aproximadamente desde la apertura de la sala, ¿cómo valoras el trabajo que habéis realizado?
Bueno, ha sido un trabajo muy artesanal realmente: muchas horas de invertir poco dinero, pero mucho tiempo, energías y en gente alrededor que ha creído en el proyecto y lo ha sacado adelante. Y en un año, poco a poco, hemos crecido como sala de alquiler, como un espacio que, en principio, estaba destinado a la creación (lo sigue siendo) y ahora abarca un proyecto más ambicioso que quiere exhibir propuestas nuevas que se estrenan aquí, que incluso se ensayan aquí y se crean aquí. Por eso conservamos aún el nombre de fábrica de creación, y seguimos apostando desde el principio por ese carácter, como decía, de artesanal, de construir, de que todo sea muy personal.
¿Qué peso tiene lo externo frente a lo propio?
En principio, Kubik Fabrik estaba destinado a que fuese un espacio de ensayo de la compañía, de muestra de los espectáculos,… Pero nos dimos cuenta de que para llenar la programación de un año no tenía mucho sentido, y que lo ideal era abrir a compañías (sobre todo amigas y que creen en un mismo modelo de hacer teatro y de gestión) para que participaran en esta experiencia y, de hecho, lo que siempre decimos es que esto es posible gracias a las compañías que quieren venir aquí a estar programadas, y que apuestan por venir a una taquilla que, al final, evidentemente no les aporta demasiado en lo económico, pero sí para exhibir un trabajo y llenar esa programación anual de la Kubik.
La ubicación parece un tema complicado: parece que Usera es un lugar de difícil acceso… sin embargo veo que en muchas ocasiones está lleno el espacio ¿se eligió intencionadamente o el espacio estaba aquí…?
Principalmente fue porque se trataba del sitio más económico y con viabilidad más clara para hacer un proyecto así. Hacer esto en el centro es imposible (y hablo de un centro muy amplio). Realmente, Usera no está tan lejos del centro, pero es cierto que no está tan bien comunicado como otros sitios. Así que, primero hemos intentado hacer un teatro local, en ciertas actividades. Por ejemplo, la escuela está destinada a la gente del barrio, la programación de niñ@s es prácticamente gente del barrio, público familiar… es un barrio que se está dinamizando porque hay gente joven, por esa economía, por esos pisos más baratos, y se están viniendo aquí al barrio y tratamos de dinamizar culturalmente un sitio que es desierto (como en el caso del Cactus 2012 que organizamos) un desierto donde empiezan a florecer pequeñas entidades culturales, compañías y artistas que están viniendo aquí. Queremos contar con un público local, que es más familiar, y también con el público profesional que se desplaza aquí y es el que viene a ver estrenos o proyectos sin terminar, o bien que se interesa más por un proyecto de creación. Ese es que viene, fundamentalmente, a la programación para adultos.
Yo creo también que París, Berlín, Londres, tienen espacios muy alejados del centro y que funcionan culturalmente. Son espacios industriales o barrios industriales, y la gente se desplaza porque cree que es interesante ver cosas fuera de un ocio más comercial. Aunque hay cosas alternativas en el centro, pero hay que salirse del ocio de allí y apostar por nuevos espacios que están empezando a florecer: me consta que en el barrio de Ventas se está haciendo otro proyecto importante, aquí se va a abrir otro espacio más pequeño… En fin, creo que en los tiempos que corren hay que volverse a un modelo, que es muy europeo, de poblar zonas económicas para proyectos viables y en barrios industriales.
Entre escuela, sala y compañía ¿con cuánta gente contáis en este espacio?
Somos tres personas fijas trabajando y contamos con voluntariado y con prácticas de becari@s de otras instituciones como CES (la Escuela de Imagen y Sonido), o de colegios e institutos, que vienen a echar una mano los padres y madres, y lo que nos aporta es que la propia gente voluntaria atrae público a la sala. Eso es muy importante, porque no es una sala de puertas cerradas, sino que hay una vida dentro e incluso un germen de gente que trabaja aquí y atrae a público interesado.
Cuando pusisteis en marcha este proyecto ¿teníais asumida la locura que es algo de estas características?
Totalmente. Yo hago muchas locuras en los montajes también. Con El gran atasco me fui a por un coche a Berlín y me lo traje. Son cosas muy inconscientes, creo, pero que detrás tienen “inconscientemente” el sueño de hacer tu propia sala, saber que tienes la energía que se necesita para poner eso en pie y apostar por ello. Y en ningún momento me he arrepentido: es una locura, pero creo que es necesaria, que tendría que haber más locuras así en esta ciudad, que espero que las haya y que las va a haber.
Lo mejor que le puede pasar a la Kubik es que nazcan más salas como esta, que se genere y se eduque a un público consciente de que los proyectos culturales como este tienen que surgir.
Precisamente, al hilo de esto que dices y de tu anterior comparación entre Madrid y Berlín ¿te parece que hay una esperanza para el teatro y para la cultura en general en esta ciudad?
Yo creo que sí, ya se ha dicho mucho: el teatro no va a morir nunca. Ni tiene pinta de que desaparezca, pero, ha pasado en otras ciudades y es verdad que es otra cultura, y Buenos Aires es otro ejemplo, en Argentina, con esa idea de crisis se generó un teatro con poca cosa, en el que la gente utilizaba el trueque para hacer gestión cultural… y creo que es un modelo que seguramente no hay que copiar, porque no es la misma cultura, no tenemos el mismo público de allí, pero sí hay un modelo de gestión que ha funcionado y funciona allí, podemos seguirlo para ver si educamos poco a poco a un público de teatro.
¿Esperáis algo de las instituciones?
Nunca hemos pedido nada hasta ahora, que lo hemos hecho porque el proyecto se está haciendo cada vez más grande y, como somos muy ambiciosos, estamos abarcando muchas cosas. Así que hemos pedido ayudas, sabemos la situación de crisis, y que no hay dinero, pero también queremos un cambio de mentalidad de las instituciones: no todo es dinero, se puede hacer trueque con las instituciones, porque infraestructuras que están sin utilizar se pueden utilizar en nuevos proyectos, o bien material, recursos de promoción, recursos humanos,… Y de todo eso tienen que darse cuenta las instituciones, y reinventarse ellas también, apoyando precisamente proyectos como estos que lo que hacen, como en este barrio, es suplir la falta de gestión cultural e iniciativa, por ejemplo, por parte de la Junta, para dinamizar todas las actividades culturales.
¿En la situación actual de crisis cómo ves las posibilidades de que la cultura tenga esperanzas de cara al futuro?
Creo que la cultura la hacemos los artistas, pero también el público, así que, la esperanza es que el público se interese realmente por lo que hagamos, y que empiecen a entender que no todo es un ocio de salir, ir a cenar… sino tratar de encontrar otro tipo de ocio y entender proyectos como este. Insisto: desplazarse, tomar ellos mismo la iniciativa porque esto funcione. Pero los artistas tenemos también la responsabilidad de hacer proyectos que atraigan a un público y que sean los suficientemente interesantes para que se desplacen hasta aquí, lógicamente.
¿En qué señalarías las diferencias que marcan vuestro proyecto respecto al de otras salas?
Fundamentalmente como fábrica de creación. Proyectos como Croquis Work in Progress, que ahora hay en el mes de julio, nos define porque la idea es que la compañía que entra a actuar esté aquí desde un lunes montando luces, ensayando y cerrando su proyecto, y el jueves lo estrenan, pero con una residencia minima, pero habiendo estado aquí de diez de la mañana a diez de la noche aprovechando el espacio. Cuando fui compañía sin sala era un espacio así lo que necesitaba y muchas veces nos íbamos a centros culturales en los que nos trataban de forma muy poco profesional, y siempre he querido que cuando voy a una sala pueda terminar el espectáculo, y no ir poniendo luces el día antes para hacerlo. Así que creo que ese carácter de sitio en el que la compañía se sienta a gusto desde que entra hasta que sale, es fundamental. Hablo de trato, pero también de un seguimiento profesional para que todo vaya bien en su estreno, en su creación.
Y en proyectos como Croquis también tratamos de fomentar la creación, en el sentido de que la gente enseñe 20’ y se lance a hacer espectáculos, piezas, se muestren al público y haya un contacto directo de éste con el proceso de creación, que creo que eso se ve muy poco y es una idea más inglesa, de poder asomarte a la creación real de una compañía.
¿Y la gestión de este espacio deja tiempo para que sigáis con vuestras creaciones?
Es una locura y, desgraciadamente, vamos a dejar de hacerlo de momento, porque iniciar una producción es generar más gastos y vamos muy apretados. También tenemos suficientes espectáculos para representar aquí, para intentar distribuirlos, así que vamos a tratar de centrarnos más en la gestión, dejando entre un pequeño paréntesis a las próximas producciones. Pero, evidentemente, la sala respira también de la estética y de la idea de los espectáculos: de hecho toda la sala, desde la entrada y el bar, está llena de escenografías y respira de ese ambiente de teatro que tenemos.