Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Ninguno entre quienes han participado en este montaje son “Josés”, ni cercanos, así que, para evitar confusiones, no hablan de sí mismos, sino de unos “Joses”, que tampoco lo son. Quiero decir, que uno es Yosa, y el otro es Pepe… Sí, también tratan de crear un poquito de confusión entre el público, aunque no es esa la línea principal de este trabajo de Jerónimo Salas y Luis Sampedro, Iñaki Tejedor y Saúl Mansilla y que dirige el propio Sampedro.
Mientras la cosa se pone complicada para trabajar en nuestro país, un padre, Pepe (Luis Sampedro), incita a su hijo Yosa (Jerónimo Salas) a marcharse a trabajar a Alemania, ya que habla el idioma desde la infancia, pero él se niega en rotundo. Pronto descubriremos que Yosa es adoptado, que fue una lucha por parte de Pepe para lograr la adopción y que existe un vínculo muy especial entre ambos, fruto de una infancia algo difícil, pero muy divertida en la manera de revivirla ante el público.
Los recuerdos van y vienen en breves secuencias, no siempre consecutivas, entre las que aparece su “yo” para aclarar e introducir nuevas historias. Por su parte, Saúl Mansilla se encuentra al piano durante toda la función, amenizando en segundo plano la función, aunque de vez en cuanto se empeñen en traerle a su relato, a veces para chincharle, a veces para llevársela ellos.
La magia fallida como juego de niños, o la magia como resultado de su manera de ver las cosas en la vida, acompaña, siempre con humor, al resto de esta comedia y sus gags.
Tanto el trabajo que logra hacer Jerónimo en escena, como el grandísimo esfuerzo que Luis, al tener que sustituir al actor original en poco tiempo, son parte del resultado de un empeño en sacar adelante su función, cuestión que tiene mucho que ver, precisamente, con el planteamiento de la obra.
Es un trabajo que está en evolución, porque hay cambios y adaptaciones en este primer breve tiempo desde su estreno, y tal vez echo en falta un regreso al planteamiento inicial antes de terminar y saludar. Sin ello, creo que la propuesta se queda en un aparente juego de entretenimiento y diversión, lleno de escenas entrañables (todo muy válido), pero podría ir fácilmente más allá en su recorrido, y estoy seguro de que irá.
No es preciso un gran espacio para el funcionamiento de este trabajo, que se vincula más a la intimidad, e invita a un espacio minimalista sin apenas más decorado o atrezzo que el que ellos aportan y añaden poco a poco a su vestuario, pero es que la valía está en el trabajo artístico de interpretación. Un rato muy divertido, y una bonita historia para las noches de este verano de estreno.
Pepe y Yosa son una familia especial. Pepe está esperando a Yosa con la maleta hecha para que se vaya de casa. Yosa no quiere irse a probar suerte a ningún otro país pues este es el lugar del mundo en donde quiere vivir y además tiene una idea: ¡un espectáculo!
Su vida da para un escenario y la vida de su padre, para dos. A partir de ese momento comienza el montaje de un divertido vodevil con piano en directo, que irá revelando escenas de las vidas de los personajes. Amparados en la supuesta figura de Bertold Brecht se sucede una galería de personajes con un mismo hilo argumental, las aventuras de este hombre mayor que quería ser padre sin estar casado y de este muchachito que podría haberse pasado la infancia en un centro de acogida. Compartimos sus secretos personales y familiares y sus desventuras amorosas entre canciones, guiños y escenas. El público es testigo y cómplice de la conquista de este logro.
Por nuestros sueños y por nuestros proyectos dicen Pepe y Yosa y construyen una proeza que los hará inolvidables. Seres cotidianos que frente a la adversidad de las circunstancias sacan lo mejor de sí para reírse de ellos mismos y generar una alternativa.