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La poesía bisturí de Cristina Morano - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

La poesía es un lenguaje y es mucho más que eso, pero la forma en la que se utiliza el lenguaje en los versos, su precisión o su preciosismo, el despojamiento o la floritura de la palabra, lo terroso o arbolado de las letras definen de manera contundente a quien escribe y determina su discurso. Esto es una verdad palpable en los poemas nada complacientes de Cristina Morano, una poeta que estremece por lo acerado de sus versos, por el rigor y lo descarnado de su propuesta. Su último libro, El ritual de lo habitual, editado recientemente por Amargord, utiliza a mujeres reales e imaginarias como punto de partida de los poemas y, a partir de ahí, desmenuza las historias poéticas de manera sorprendente e incluso dramática. Irónica y sin eufemismos, Cristina Morano tiene un modo de entender la poesía que denota compromiso y denuncia y que se aleja tanto como es posible de los lugares comunes y de los estereotipos de los que se ha acusado siempre a la poesía escrita por mujeres o sobre las mujeres.

La poesía bisturí de Cristina Morano

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Cristina Morano
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Cristina Morano

Foto: Ángel Manuel Gómez Espada.

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Cristina Morano

Foto: Ángel Manuel Gómez Espada.

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Inma Luna – La República Cultural

La poesía es un lenguaje y es mucho más que eso, pero la forma en la que se utiliza el lenguaje en los versos, su precisión o su preciosismo, el despojamiento o la floritura de la palabra, lo terroso o arbolado de las letras definen de manera contundente a quien escribe y determina su discurso. Esto es una verdad palpable en los poemas nada complacientes de Cristina Morano, una poeta que estremece por lo acerado de sus versos, por el rigor y lo descarnado de su propuesta.

Su último libro, El ritual de lo habitual, editado recientemente por Amargord, utiliza a mujeres reales e imaginarias como punto de partida de los poemas y, a partir de ahí, desmenuza las historias poéticas de manera sorprendente e incluso dramática. Irónica y sin eufemismos, Cristina Morano tiene un modo de entender la poesía que denota compromiso y denuncia y que se aleja tanto como es posible de los lugares comunes y de los estereotipos de los que se ha acusado siempre a la poesía escrita por mujeres o sobre las mujeres.

Ganadora en el 2000 del Premio Nacional de Poesía José Hierro por su poemario La insolencia, Morano ha publicado también Las rutas del nómada y El arte de agarrarse, además de participar en diferentes antologías.

Diseñadora gráfica en paro, esta escritora es una pura provocación poética, dice que está triste y que por eso sus respuestas a mis preguntas no le gustan demasiado. A mí me han enseñado algo más sobre su entrelineado.

¿Cuál es el punto de observación de la poesía?, ¿dónde lo sitúas?

Desde que me hago preguntas como esa no me sale ningún poema… Je, je, era broma. Podría contestar ingenuamente que me lanzo sobre la materia a poetizar sin pensar, pero lo cierto es que no me encuentro cómoda dentro de un texto si antes no he “salido” de lo que pretendo tratar y lo planteo desde una cierta distancia, que casi siempre tiene que ver con la amargura o el sarcasmo. No me encuentro cómoda en el sentimentalismo, ni en la belleza pura, ni en lo propiamente culto. Necesito una mixtura de varias cosas y si puedo subrayarlo con un final poderoso y seco, mejor.

¿Cuál es tu ritual habitual?

Básicamente, escuchar a mi alrededor y ver “reality” en MTV. A veces tomo notas de las conversaciones de la gente en el bus o en la tele o en las reuniones familiares. En el libro de El ritual de lo habitual hay una mezcla de recursos: tomé frases enteras de las hemerotecas, investigué en sentencias judiciales y visité a gente. El poema de mi madre o el de la pija de Murcia reproduce, tal cual, su estilo al hablar.

¿Cómo te has sentido en otras pieles?, ¿escuecen?

Escuecen los personajes condenados, que no podemos salvar, como la madre parricida de Murcia: pero tenía que investigarla porque la intuición me decía que ahí había algo más, un caso complejo. Lo que descubrí de esa familia está puesto en el poema: luego la gente juzgará, yo espero que consideren sus atenuantes. También escuece el caso de la pija que va a casarse y dice “El aderezo final de mi recogido pertenece a la historia de tu patria”, eso lo saqué de mis lecturas del Hola, de todas esas bodas de gente riquísima que todavía no se ha dado cuenta de que su fortuna y sus joyas nos las deben a los trabajadores; de que, en puridad, sus joyas son nuestras. Otra cosa que me ha escocido mucho y por eso lo puse en el poema de la Top-model es la báscula que se puso hace unos años en el backstage de la pasarela Cibeles. Hay muchas profesiones para las cuales tienes que demostrar un peso y una altura determinada (policía, bombero, minero, militar…), te llevas un certificado de tu médico y punto. Así que no entiendo por qué en este caso nadie protestó: pesaban en público a las modelos como si fueran carne de ganadería y ni un solo sindicato fue a defenderlas. Algunas se negaron, otras salían llorando… fue tremendo.

¿Hay algo a lo que no te atrevas a mirar?

Bueno, si has leído el libro habrás visto que no me atrevo a mirarme a mí.

¿Cuál es tu compromiso en los versos?

Supongo que se trata de un compromiso marxista no-revolucionario. Siento muy clara mi pertenencia a una clase explotada en todos los sentidos: es decir, soy mujer y obrera. Pero no soy revolucionaria, las noches que pasé durante mi infancia escuchando las historias de la Guerra Civil de mis dos abuelas me han prevenido contra cualquier clase de violencia. Creo que por ello, encauzo mi compromiso político en mis textos, esperando que poco a poco, con mi trayectoria vital y mis textos, contribuya a extender una cierta forma de vida y de gobierno.

¿A qué desobedeces?

Esa pregunta es muy compleja. Como poeta no tengo que obedecer ninguna regla ni costumbre puesto que he fracasado, puedo hacer lo que quiera con mis textos: no los va a leer casi nadie. Como ciudadana obedezco la ley lo justo: no tengo casa ni propiedad alguna, uso el transporte público y no tengo formada una familia. Pero si miramos dentro de mí, verás que soy muy obediente, cuando me despidieron no quemé las oficinas, ni ocupé la Consejería de Cultura, ni salí disparada hacia Madrid, (cosa que debería haber hecho hace muchos años). Sigo aquí, triste, viendo la tele.

¿Cómo miras a las mujeres?

No lo sé. La verdad es que no lo sé. A veces me encuentro en la calle, con manifestaciones y me uno, a veces me quedo en la acera y veo que no tengo nada que ver con ellas. Puede que haya escrito un libro como El ritual de lo habitual en el que el compromiso con las mujeres, entendidas como clase explotada a la que pertenezco, es muy patente, pero a veces me siento muy lejos del resto de las chicas, no lo sé.

¿Qué incógnitas te plantea el mundo poético?

Para mí es, cada vez más, un misterio. No entiendo que alguien se haga editor sin saber hacer libros ni plantear una distribución regular. No entiendo la poesía como parque temático (para mí es algo muy íntimo, no entiendo que la gente le guste mezclarla con vídeo o con espectáculos verbales…). No consigo entender por qué a los poetas políticos o sociales se les considera poetas de segunda fila.

¿Poesía y blogs?

Me encanta. Proporciona una inmediatez tan libre y tan fuera de canales establecidos que sólo por eso deberían ser establecidos como obligatorios para cualquier escritor. Yo he llevado un blog hasta hace poco. Ahora llevo como un año sin escribir poemas y lo tengo abandonado, pero me encanta seguirlos.

¿Revistas de poesía?

Es casi lo que más me gusta hacer, incluso más que un catálogo de arte, las revistas de poesía permiten una libertad y una riqueza en su “puesta en página” que ninguna otra publicación te dejaría hacer. A la poesía le vienen bien las tipografías más vanguardistas, las combinaciones de color más atrevidas e incluso feístas; casi todos los movimientos o ismos del siglo XX tuvieron su revista de poesía. En España destacaron las revistas ultraístas y las publicaciones de la Residencia de Estudiantes, así como los libros de Juan Ramón Jiménez, quien iba personalmente a las imprentas a ver las tiradas. Más contemporánea nuestra era la preciosa “Poesía”, dirigida por Gonzalo Armero desde 1977.

Es una lástima que algunos de esos logros se hayan perdido y las revistas de poesía sean ahora mismo un batiburillo de textos sin orden, mezclado con ilustraciones mal escaneadas, todos en la misma y aburrida Garamond.

¿Qué poesía lees?

Casi todo lo que cae en mis manos. Y desde hace un año, en mi mesita están La belleza del marido de Anne Carson, los Poemas a la noche de Rilke y la antología de Antidio Cabal. Y releo mucho a David González y a Concha García.

¿Después de El ritual de lo habitual, qué viene?

Por ahora no hay nada. Tengo un libro terminado Cambio climático que estoy presentando a concursos, porque ahora mismo no estoy dispuesta a perder más dinero. Quien quiera publicarlo tendrá que pagarlo. Estoy en paro y tengo 45 años, ya está bien de “jugar” a ser poeta.

 

Mi dedo en su llaga

Tres poemas, tres personajes, tres mujeres bajo el bisturí de Cristina Morano.

Ana: miembro del personal de limpieza de una sala de cine

He visto a los mejores cerebros
de vuestra generación vomitando
las palomitas que sus padres les pagan,
limpiándose la regla con las manos
y luego las manos en la pared.
He limpiado trozos de mierda
depositados deliberadamente
sobre la taza de cada uno
de los dieciséis urinarios de este cine
por dos evanescentes muchachas
a las que no consentí fumar
en el pasillo. Sé cuántos y quiénes
de vosotros se mean en los vasos
de cocacola mientras la sala esté a oscuras
-luego salís del cine tan serios,
con el gesto de un pájaro fascinador
y el comentario erguido sobre el labio:
no ha estado mal”-.
A mí, normalmente no me veis.
Yo
no existe.
Soy la que limpia.
El testigo de la fisiología
vuestra; testigo de la carne.
Y sin embargo, en los aseos,
al lado del excremento,
a veces, la Palabra: “el amor es tal
que cuando tú tienes algo
el otro necesita una cosa distinta”.

Emilia: madre de la autora

Mido metro y medio
pero mis pies calzan un 38;
me hicieron así para afianzarme
sólidamente sobre el suelo;
más que andar, deslizo el mundo.
Son grandes barcos
mis pies. No me tambaleo:
aguanto. Lo que más me gusta
es ver por la tele los campeonatos
de patinaje artístico.

He vivido ¿por qué?
He limpiado la casa donde nací
desde que nací. La heredarán
mis hijos: menudos piezas.
Paco es alto: calza un 46
pero es un pájaro o una flauta,
parece no casar bien con el mundo.
A Cris le puse nombre de reina,
a veces trata la gente como a súbditos;
ni su alma se ha librado del látigo.

Los hijos son poca cosa…
las casas, la calle del mercado,
los hospitales donde me han abierto
y me han cosido; de todos ellos saliendo
por mi propio pie, siempre;
ese esfuerzo: para sangrar de nuevo
tantas vueltas.
Las vueltas que hay que dar
para poder morirse.

Ileana: emigrante rumana, contratada para recoger la cosecha en Andalucía

Esta es una tierra alegre,
el que no se calienta al sol
se alcoholiza y punto.
Me doblo en un ángulo de noventa grados
para recoger sesenta cajas diarias
de fresas, una por una. Mis compañeros
son mujeres por expreso deseo
de los empresarios, dice mi jefe
Son más dóciles
y no tienen problemas de convivencia”.
Esta declaración no ha sido subrayada
por ninguna organización feminista.

Somos buenas reses. Sacamos
adelante los países. Sufrimos
y callamos, nuestras madres
nos enseñaron a no alborotar,
tampoco ellas protestaron, se limitaron
a trabajar para la nación. Nosotras
nos lanzamos a mejorarlo,
a cumplir sus patrones con mérito.
Asistimos a la noche sin música,
sin alegría nos acostamos; lejos,
en los claros sub-alpinos, se oye
cantar a las flores amarillas de la arzolla,
y las orquídeas del Cárpatos
exhalan un fuerte olor a vainilla.

Soy licenciada en medicina
por la facultad de Cluj Napoca.

DATOS RELACIONADOS

Para más información:
Las Afinidades Selectivas de Cristina Morano

Cristina Morano (Madrid, 1967). Escritora y grafista. Fundadora de las revistas Thader (1994-1996) y Hache (2004).

1993: Finalista en el Murcia Joven de Poesía con el libro “A un hombre que se desangraba en los ceniceros”. 1994: Finalista del concurso internacional “Alcaraván” de Jerez de la Frontera (Cádiz).

1999: Las rutas del nómada, Aula de Poesía de la Universidad de Murcia.

2000: XI Premio Nacional de Poesía José Hierro por el libro La insolencia (Madrid, 2001).

2002: Participa en los Congresos sobre mujeres y literatura celebrados en marzo en Barcelona (Colectivo Mujeres y Letras, de Concha García y Cinta Montagut) y en Murcia (Consejería de Mujer y Juventud).

2005: Participa en el proyecto audiovisual sobre la violencia de género “Cárcel de amor” del MNCA Reina Sofía en Madrid, comisariado por Berta Sitchell. Ha publicado en revistas de difusión nacional como Turia, Barcarola y Ultramar.

2002: Cruz de vacío de Antón Patiño (comisario, Miguel Cereceda).

2003: Antología de Nicolas de Bussy (comisaria, Carmen Sánchez-Rojas Fenoll).

2003: Odysseus de Antonio Martínez-Mengual (comisaria, Isabel Tejeda)

2004: Scombraria, arqueología submarina en Cartagena (comisarios, Juan Pineda y Daniel Alonso Campoy).

2004: Desde el puente de los años, sobre Paul Celan y su esposa en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, (comisario, Francisco Jarauta).

FORO DEL ARTÍCULO
Opiniones publicadas: 1
  1. El Miércoles 29 de agosto de 2012, a las 10:25

    [1476] Begoña Abad dijo:

    La poesía bisturí de Cristina Morano

    Cristina Morano, inmensa desconocida para mí, hasta hoy.
    Admirada a partir de ahora. Te añado a mi lista de ignorancias que resolver.
    Viniendo de la mano de Inma, además, es un valor seguro.

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