Blanca Vázquez – laRepúblicaCultural.es
Fieles al cine policíaco, negro o thriller variante detectivesco, no podíamos faltar a otra cita, aunque el título en castellano no inspire demasiado. Me refiero a Broken City, con un título de tercera mano en nuestro país, La trama. Allen Hughes, su director, se ha lanzado a este largometraje sin su hermano gemelo, Albert, con quien tiene en su haber Desde el infierno (2001), y El libro de Eli (2010), entre otras. Películas con un evidente interés en la estética y ciertos elementos fantásticos, una ambientada en la época de Jack el destripador y la otra en un futuro apocalíptico. Su dirección en solitario e incursión en el “noir” policíaco a lo denuncia muy Lumet le ha dado a Allen una cierta debilidad, que quizá con su hermano hubiera contrarestado. Ahí se queda la duda. En todo caso La trama tiene elementos atractivos suficientes como para no faltar a la cita con la gran pantalla esta semana.
Para empezar el personaje típico del detective privado, que nos recuerda a los días de cine de Lew Harper, (como el literario Lew Archer) en los setenta, Sam Spade o Philip Marlow algo más clásicos, o el Jake Gittes de Chinatown (1974), también descubriendo tramas corruptas. El detective privado Billy Taggart (Mark Wahlberg) transita como puede entre la mezcla de todos los anteriores con unos dejes o golpes a lo "Harry el sucio", en un escenario urbano con evocaciones clásicas , la inquietud estética propia de su director y el vocabulario de los movimientos de cámara.
El proyecto tiene, sin embargo, un guión que muestra debilidades en ciertos momentos del metraje, o ciertos recovecos del thriller no están cogidos con la suficiente garra como para que el espectador se encandile. Buenos actores elevan el film a algo pausible, pues un Russel Crow en forma, el mismo Wahlberg, también como productor, y la vuelta al candelero de Catherine Zeta-Jones son un buen reclamo.
El detective privado Taggart, ex policía con una historia violenta detrás, es contratado por el alcalde de Nueva York (Crow), en plena campaña electoral, para que investigue con quien se acuesta su mujer, la “femme fatale” de la intriga. Taggart hace su trabajo, cuyo dinero no le viene nada mal, (para hacer honor a los clásicos detectives). Pero lo que parece un simple trabajo de infidelidades, tiene una miga muy política. De alguna forma Taggart es elegido por su pasado, y será utilizado por éste para que cierre la boca ante propósitos nada éticos.
A pesar de un conjunto fallido, en La trama hay escenas muy apreciables y de una belleza visual muy atrayente. Desde los encuentros-encuadres entre alcalde y detective en el despacho de aquél, la nocturnidad de la gran urbe, la condición católica del detective muy a lo personaje de Little Italy, el comienzo mismo del film, y una descubrimiento encantador, la secretaria de Taggart (Alona Tal), cosas que compensan desequilibrios en la falta de concreción de personajes, como el de la mujer del detective (Natalie Martinez), que se queda perdido, o el hecho de que tanto la mujer del alcalde como la misma secretaria, deberían haber tenido más presencia en el desarrollo del guión, por ser personajes con chispa y gancho.
El poder de los actores es inmenso en un film, no hay duda, pero hace falta poner más alma en la realización y un guión (Brian Tucker) mejor facturado es esencial, aunque la atmósfera se consiga. Sin embargo permanece ese “nada es lo que parece” que siempre satisface en este tipo de Films.