Julio Castro – laRepúblicaCultural.es
Las hermanas Postnodevna se han quedado solas, desde que el padre no regresó a casa de su último viaje. Así que guardan riguroso luto por él. Estamos ante una clásica tragedia rusa, que no podría ser más humorística. Porque es un microteatro que ha creado José Ignacio Tofé, y dirigido Silvia de Pé, que lo interpreta junto a Ana Villa.
No hay mucho más que una habitación, dos sillas, una mesa, las cortinas que dan al resto de la mansión y una peculiar cajita de música. Y el público que está cara a cara con ambas actrices, y que no puede aguantar la risa, aunque ellas permanezcan serias y afectadas (a cual más) durante toda la obra.
Todo se gesta en una vieja Rusia, al estilo de Tolstoi en la ambientación, al de la mejor comedia en la recreación. El padre ha desaparecido tras un alud, pero no saben cuándo murió, de manera que el luto de un año nunca podrá concluir, debido a las apariencias, pero Irina, la pequeña de las Posnodevna (no confundir con posmodernas), quiere casarse con un nuevo pretendiente: en estas circunstancias no va a poder ser, como le explica Olga, la hermana mayor, mucho más responsable que la otra (¡dónde va a parar!).
El relato de José Ignacio, la afectación que imprime Silvia a su personaje sin excederse ni en la comedia ni en la tragedia, y la frivolidad que se desprende del personaje de Ana, dentro de los límites que marcan esos cánones sociales, son suficientes para que logren capturar el interés y el buen humor del público que asiste, con un trabajo que no pierde calidad pese a su corta duración.
El aspecto que recuerda algo a aquellas viejas “tacañonas” que agriadas e incisivas de Ibáñez Serrador, tanto en el empeño de ser así, como en la dualidad de tener miedo a ser lo que quieren ser. Así, dentro de la comedia encontramos esa sutil crítica a una sociedad agotada, que aún siglos después logra alcanzar con sus reminiscencias a buena parte de nuestra época, en la que, si entonces era absurdo, ahora no hay por dónde cogerlo.
Un buen ejemplo microteatro, que no quiere ser otra cosa, ni parte de un “obrón mayúsculo”, y que me atrevo a recomendar mucho para quienes gusten del teatro.
Tampoco es de extrañar, porque, aunque no conocía el trabajo de Ana Villa, todo lo que he visto hasta ahora, tanto de Silvia de Pé, como de José Ignacio Tofé, (Los hijos de puta, Pudor, Moma, La familia…) puedo recomendarlo sin duda alguna.