Sergio Torrijos – laRepúblicaCultural.es
Nada hay como un gran éxito para lanzar o, mejor dicho, relanzar una interesante carrera creativa, nada como un buen bombazo para que todo se tenga en cuenta, se anuncie una edición tras otra y se recuperen obras que pasaron de puntillas. Hablamos de la novela con mayor proyección del autor, El poder del perro, que tuvo dos grandes consecuencias, la primera fue mostrarnos una gran obra y la segunda mostrarnos a un autor de tronío. Gracias a ella y al tirón que supuso ahora tenemos la presente novela, una obra con origen en 1991, siendo la primera obra publicada de Don Winslow que para fortuna de sus seguidores tiene varias entregas más.
Del autor de El poder del perro al de Un soplo de aire fresco hay una gran diferencia, se percibe que la prosa es más titubeante, que todavía como autor está formándose, adquiriendo trazos y sobre todo aprendiendo. Aunque también se intuye que el autor tiene arte, capacidad y sobre todo un ritmo narrativo elevadísimo. En resumen, se mejoró sus aspectos más débiles y se pulió los mejores.
Sin duda a los seguidores de Winslow les resultará algo extraña esta novela. Analizándola podemos apreciar una cierta familiaridad en el autor pero con tendencia a dejarse llevar de otra forma, se perciben las influencias de autores muy clásicos, desde Block hasta Hammett, se nota un gusto grande por los personajes a medio hacer, una fascinación por narrar una historia que tenga bien asentadas sus bases, es decir retrotrayéndose hasta donde haga falta, y se aprecia ese placer por buscar personajes curiosos, al límite de cualquier peligro y al mismo tiempo con unos valores inquebrantables.
Un soplo de aire fresco narra la vida y milagros de Neal Carey, un muchacho sacado de las duras calles de Nueva York y educado para ser detective, arreglador de entuertos, el tipo al que se le avisa cuando los problemas tornan un cariz amenazante y todo parece irresoluble. La novela mezcla la biografía de Neal Carey con un caso al que le envían, la recuperación de una muchacha de familia muy adinerada perdida en el mundo de la droga y la prostitución. La novela se desplaza del este americano a Londres y de la alta política americana a los sucios clubes del Soho londinense.
La construcción de Allie, la chica desaparecida, es una delicia, en especial la descripción que crea Winslow sobre como perdió pie con sus adicciones, aunque luego el personaje sea más blando de lo que pudiera parecer al principio. El truco narrativo de mezclar la historia pasada de Carey con la presente está muy logrado y por momentos casi deseamos que persista en mostrarnos la vida de un raterillo en las peligrosas calles de Nueva York.
Otra cosa no pero Winslow tiene un poder absoluto sobre los lectores, es complicado no leerse la novela de dos sentadas, muy difícil dejar la lectura porque consigue engancharnos y que prosigamos, en alocada carrera, tras los personajes. Sin duda una de las mayores características de Winslow es ese ritmo trepidante que introduce en todas sus obras.
Lectura es interesantísima. Un lujo para los amantes del género negro y más aún para los seguidores del autor americano, sin duda uno de los que ya consideramos de cabecera. Recomendar al autor es una garantía de éxito, a estas alturas un escritor muy codiciado y muy admirado.
Tengo que destacar la labor de Rodrigo Fresán, director de esta colección, que ya, tras una docena de títulos, “imprescindibles”, ha conseguido una cosa muy complicada que no es otra que su palabra sea ley.