Julio Castro – laRepúblicaCultural.es
Apenas siete minutos en el campo de juego, un gol y una posible victoria que le encumbraría ante el observador de promesas del futbol… “¡Yo he nacido para esto!” afirma convencido, bajo su disfraz de pollo. Hay elementos que atontan a la sociedad, que entorpecen su capacidad para reclamar todo lo que se les está recortando, mientras miran embobados lo que otros, con sueldos millonarios, se dedican a hacer en sus narices. En nuestras narices.
Quizá ese sea un paralelismo que este montaje de Kalashnikov Teatro expone entre una historia desarrollada con humor, y otra, la misma, vista como la tragedia que tantas personas sufren. Porque paralelamente a lo que el fútbol signifique para mucha gente, vemos el despliegue de gente con poder, con dinero, con nuestro dinero, que juega a pasarnos la mano por delante de los ojos, como si no fuésemos capaces de ver lo que hacen “nada por aquí, nada por allá…”, y te han birlado hasta la dignidad.
La compañía aprovecha esa influencia del deporte-espectáculo para plantear una situación diferente, en la que éste será precisamente el detonante del enfrentamiento, pero también de la tragedia. Porque nuestro personaje siempre tuvo un sueño, que a fuerza de pasar el tiempo y meterse en la cadena productiva de la empresa en la que le explotan, se ha borrado. Pero él sueña con el día en que ve su “partido de final”, y está dispuesto a todo para conseguirlo, enfrentándose a los jefes y a los jefazos, a esos que nos presentan mezclados en los negocios y, a la vez, en la política. Los salvajes del mercado económico.
Poco desvelan en el texto de esa realidad, pero casi todas las situaciones contienen paralelismos e ironías, en las que los “malos de la historia” se jactan de conseguir un poder, en el que se entremezclan la manipulación por distintos medios, la extorsión entre ellos mismos, y la manera de explotar al trabajador. Si los primeros llegan a la manipulación de mandriles y jabatos, el proyecto definitivo es el llamado “experimento del post-it rosa”. A partir de este, la situación laboral quedará reducida a la mera esclavitud, mientras las cadenas de mando nunca son capaces de resolver ni decidir ningún problema del trabajador.
Finalmente, nuestra situación en la desigualdad, apenas nos deja desear tener la vida de un pollo, con el simplismo de dejarse alimentar para alcanzar el final definitivo. “Nuestros deseos”, dice en su monólogo nuestro personaje, “da igual cuáles sean, porque todos son válidos y humanos”.
La brutalidad y, al mismo, tiempo la sencillez de afrontar la vida de esta manera, con el humor, a veces sutil, a veces salvaje, de la compañía, es uno de los pilares básicos que hacen que la puesta en escena nos vaya comiendo por dentro. De manera que, a pesar de las risas que se desatan en nuestro exterior, la rabia de ver esa realidad que cualquiera conoce en carnes propias, o en cabeza ajena, deja un poso que durará al salir de la sala.
El trabajo, enormemente dinámico, tanto en el texto como en el movimiento, se presta mucho al juego de prestidigitación, en el que de repente no sabes muy bien cómo has llegado a esa situación, es decir, la vida misma. Otras cosas son perfectamente previsibles, pero tampoco se trata de ocultar lo obvio. Cualquiera de los cuatro actores que intervienen están perfectamente encajados en sus respectivos papeles, y en algunos de los cuales, seguro que es bastante duro entrar, porque identificarse con ciertos casos, no creo que sea cómodo.
Algo que sorprende es que hace más de un año que se comenzó a poner en marcha este trabajo, pero la actualidad, que entonces debía estar más en clave de lo futurible, resulta que es nuestra situación cotidiana. Bueno, también es preciso reírse de cómo somos, de lo que somos, de lo que el ser humano es capaz de hacer contra otros, pero sin perder de vista que hay que luchar contra ello. Espero que sigan girando por muchas salas de este país, porque el trabajo merece la pena.
Llevas una vida normal. Piensas en las cosas que te hacen seguir adelante. Aquellas cosas grandes o pequeñas que te hacen pasar los días y sonreír con sinceridad de vez en cuando. Todo va bien. No tienes dudas. Esas cosas te mueven sin importarte el juicio de los demás. Son creencias profundas que ves y reconoces mientras contemplas el cielo o mientras te descubres en cualquier espejo. Con ellas en el horizonte puedes decir: “todo va bien”.
Ahora imagina un mundo en el que ese tipo de cosas no tienen cabida, no le importan a nadie. Comparas ese mundo con tu mundo. Se parecen mucho. Demasiado. Y te asalta una duda. Y te quedas en silencio.
Ahora puedes ignorar esa duda y continuar con todo fingiendo que no pasa nada y que todo está claro. Eso, o…
La compañía
Los que formamos Kalashnikov Teatro, tras un tiempo de experiencias teatrales diversas hemos decidido unirnos y elaborar nuestros propios proyectos teatrales. Ya por separado cada uno de nosotros tenía sus propias inquietudes artísticas, tanto en la creación como en la experimentación. Al compartirlas nos dimos cuenta de la proximidad en nuestras ideas. El futuro estaba claro: “trabajar juntos”.
Nuestra visión del panorama escénico nos ha llevado a dar este paso. Un panorama amplio y diverso, pero que entendemos incompleto. Echamos en falta espectáculos que sorprendan por su originalidad y espontaneidad y mayor frescura tanto en los textos como en los estilos interpretativos. No es que queramos enterrar definitivamente a los clásicos, pero sí que creemos que es necesario apostar por nuevas propuestas. De aquí surge la motivación de nuestra iniciativa como grupo teatral.
Buscamos un teatro de la vida. Un teatro moderno y actual que aborde temas y situaciones de nuestros días resaltando siempre lo extraordinario de lo cotidiano. Esos momentos que todos vivimos y reconocemos como propios. Nos gustaría investigar nuevas líneas argumentales, formales, expresivas, interpretativas, dentro de un formato escénico. Así también cuestionar el papel del teatro actual como producto de consumo e invitar al espectador a una reflexión crítica, mostrándole el teatro como foco y foro de la condición humana dentro de la sociedad actual.