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Picasso también estuvo en Colono: los mitos, la danza, la imaginación y el estudio

Plástica y escena que surgen a partir del texto de Sófocles

Publicado el Viernes 10 de enero de 2014, a las 12:26h
Minotauro ciego guiado por una niña en la noche
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Minotauro ciego guiado por una niña en la noche

Autor: Pablo Picasso. 1934
Aguatinta. Lámina 97 de la Suite Vollard.
Foto: Julio Castro. Exposición: Surrealistas antes del Surrealismo. Fundación Juan March

Minotauro ciego guiado por una niña en la noche
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Minotauro ciego guiado por una niña en la noche

Autor: Pablo Picasso. 1934
Aguatinta. Lámina 97 de la Suite Vollard.
Foto: Julio Castro. Exposición: Surrealistas antes del Surrealismo. Fundación Juan March

Julio Castro – la República Cultural.es

Hace unos días tuve la ocasión de acercarme a la exposición de Surrealistas antes del surrealismo, que organiza la Fundación Juan March desde hace unos meses. Podría ser extenso dedicar un espacio a innumerables de entre las obras que componen esta idea, y es muy tentador, pero inabarcable ahora mismo. Sin embargo, y habiendo tenido la suerte de que me acompañara una experta en mitología clásica, como es la Doctora Mª Dolores Castro, la coincidencia quiere que nos detengamos en una propuesta suya, como es la de esta obra de Pablo Picasso: Minotauro ciego guiado por una niña en la noche, que forma parte de la Suite Vollard del autor. Gracias mil. Nuestro padre nos dejó muchos legados inmateriales, y uno de ellos fue la admiración de la obra picassiana. Y todo tiene sus motivos, porque él como artista comprendía la importancia para nuestro país de un genio como aquel, con el que compartiría múltiples aspectos en común, entre ellos el de la infinita inquietud por el conocimiento y por la cultura, y por el estudio de la historia que es la que puede fundamentar las ideas.

Y me detengo en este dibujo, porque coincide la puesta en marcha en nuestra ciudad de una propuesta de danza contemporánea, a cargo de la compañía La Phármaco, que lleva meses preparándose y que ahora se ha estrenado en un teatro donde nunca antes entró este género. Ha sido empeño personal mío y de pocos más (claro, mi amiga Pilar Pont está ahí), el que se vayan rompiendo barreras. Y de aquí surge un Edipo, que no es el habitual Edipo rey, y una Antígona, que no es la que acostumbramos a encontrar: estamos ante el Sófocles que nos cuenta Edipo en Colono, es decir, el final del personaje, el intento de redención en su muerte y el traspaso a la hija. La compañía ha hecho los deberes, ha cumplido con su profundización en el tema y el traspaso al escenario, y por eso podremos ver cómo se rompen los esquemas convencionales entre tod@s

Y ahí está Picasso, el gran artista del siglo XX, que irrumpe intempestivo en la mitología, incluyéndose a sí mismo en sus obras. Y mi hermana, que para eso se dedica desde hace décadas a enseñar en la Complutense y a estudiar estos temas, me hace notar la coincidencia de esta obra en la muestra. No viene reseñado como tal ni en el catálogo, ni en ninguna parte, pero ella sabe que es así, y ha buscado hasta encontrar una referencia que lo avala. Y ahí está lo que nos cuenta Carlos Alcalde Martín:

    “[…] Desaparece de la Suite Vollard (y casi del resto de la producción de Picasso) durante más de un año y en septiembre de 1934, el Minotauro reaparece en cuatro grabados de la misma serie (y también en algunos dibujos) con el tema del Minotauro ciego guiado por una niña. Uno de ellos es Minotauro ciego guiado por una niña en la noche (S. V. 97.). La niña, una vez lleva flores en sus manos y otras una paloma. Hay también una barca y marineros. Se ha querido ver en estas composiciones una fusión del mito del Minotauro con el de Edipo. La niña, Antígona que conduce a su padre, tiene los rasgos de Marie-Thérèse, y Edipo ha sido suplantado por el Minotauro, que representa a Picasso. Éste ha recibido el castigo de la ceguera (el mal más temido por un pintor) por su relación adúltera con Marie- Thérèse, pero la compañía de ésta también proporciona al Minotauro la paz (simbolizada por la paloma) una vez que ha pagado sus culpas. En el joven de la izquierda en actitud pensativa se ha querido ver tanto a Teseo liberador como al propio Picasso liberado**.

    La culpa del personaje (Edipo en el mito griego, el Minotauro en el picassiano) le acarrea la ceguera, y una niña le sirve de lazarillo; por estos motivos la conexión con el mito de Edipo parece evidente. Pero los grabados se pueden explicar sin salir del ámbito del Minotauro. Es un Minotauro sufriente, como revela el gesto de la cabeza alzada y el hocico abierto; tiene a su propia Ariadna (Marie-Thérèse de niña, sin connotaciones eróticas), igual que Teseo, para salir, con su ayuda, de su propio laberinto de sufrimiento y oscuridad. Es, por tanto, el Minotauro que no necesita a Teseo para que elimine “lo monstruoso” de su personalidad y busca la solución por sí mismo. El joven de perfil griego que mira la escena pensativo, tal vez sea un Teseo pasivo que encarna la otra faceta de la personalidad del artista. En cuanto a los pescadores, podrían ser una alusión a los crímenes del Minotauro, pues recuerdan a los que, en la versión picassiana de la leyenda reproducida más arriba, eran obligados por los minotauros a raptar para ellos a muchachas bonitas de las islas cercanas” […]


    ** Esteban Leal (2000) 35. Baer (2003) 37.

    (Extracto de El Minotauro y Picasso, de Carlos Alcalde Martín -U. de Málaga-, publicado en Minerva 21 -2008, pp 159-209 U. de Valladolid-).

Quiero decir que las artes se encuentran siempre que la “magia” que las conduce enraíza en el estudio de lo que se trata. Porque podemos percibir las manifestaciones artísticas sin más, y disfrutar de una parte, pero sería muy pobre si nadie quisiera indagar en las motivaciones y los significados que llevaron a su creación.

Se puede especular sobre cualquier propuesta, y es una idea de la que nacerán nuevos relatos, incluso nuevos mitos y leyendas, pero también es bueno saber de dónde partimos cuando accedemos a un conocimiento: el del arte, el de la creación, porque ese es el primer paso para acercarnos a la imaginación ajena y enriquecer la nuestra.

Así que, a partir de esta historia, les invito a este doble ejercicio de imaginar e indagar cuando algo nos gusta o nos sugiere cosas, porque nuestra imaginación es lo último que pueden matar, pero sin ella no hay creatividad, no hay inquietudes, no hay deseos ni lucha: sin ella estamos muertos, y como Edipo, encontraremos la muerte en el sacrificio, pero no la paz para nuestra estirpe. Y por otro lado, invito a indagar para conocer el pasado, porque sin la historia no podremos comprender el presente, y no seremos capaces de construir propuestas de futuro.

Y sin ambas herramientas, que son las más potentes, nunca avanza nada, sino que repetimos nuestros errores una y otra vez. Así que, vamos a conocer el pasado, para ser capaces de imaginar un futuro.

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