Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Hamlet está hastiado de ser Hamlet, abrumado por la vida, coartado por la rutina, metido en un lazo sinfín… Le preocupa la vida que le queda por delante más que la que tiene por detrás, pero su madre y su tío se encargan de ponerle ante las narices todas las preocupaciones del mundo bajo el falso pretexto de que opine: eso sí, sin dejarle nunca opinar.
Curiosamente a estos supuestos daneses de “Hamlet, por poner un ejemplo” les preocupa la situación internacional, pero también la de España en particular, la memoria histórica, los enterrados en las fosas comunes y quienes se ocupan en tratar de enterrarlos más, o los ecuatorianos asesinados en la T4 en nombre de ¿qué supuesta libertad? O los inmigrantes de cada parte del mundo que acaban corriendo por las calles con sábanas de CDs, los que nos cruzamos en la escalera y no existen, los marroquíes que sólo saben cruzar a nado el estrecho, los negros que sólo saben ahogarse en verano, los chinos que son muchos, los…
Bueno, son tantas y tantas preocupaciones, que, si las enumeramos de corrido, nadie podrá hablar de ellas, porque al acabar “ya nos vamos”. Pero sobre todo, sobre todo, de lo que no hay que hablar es de aquel abuelo republicano asesinado y enterrado en una cuneta.
Y Hamlet es príncipe de Dinamarca, o de Beckelar, da lo mismo, porque todos creen contentarle haciendo una rutina continuada: Ofelia viene cada poco y le “chupa la polla” o no. Pero llega a ser más interesante que esté a la espera de que venga, porque así está algo por suceder donde no sucede nada.
Qué azorada vida la de la monarquía ¡tan preocupada por todo! Creo que sólo les falta poner un puesto de la Cruz Roja.
Esta crítica social en clave de humor (negro, o chino, o danés, o árabe) recorre tantos aspectos de nuestra sociedad que apenas da tiempo a percatarse uno de lo que está escuchando, por eso a veces se escapan las risas con cosas tremendas o la ausencia de ellas en ironías graciosas. Pero con un poquito de cabeza, en lo que no te dio tiempo, lo encontrarás cuando salgas a la calle y te encuentres con todo lo que te han recitado. O desconectas ese chip, y ya te has reído un rato.
Hamlet se acabará cansando de su papel para intercambiarlo con Ofelia que, a punto de suicidarse, le echa en cara su falta de consideración, pero ¿no acabará cayendo ella/él en lo mismo?
Muy buena interpretación, con la sencillez y la gracia que actrices y actores confieren a sus papeles (por momentos realmente complicados en el texto) tienen sus momentos de naturalidad y de integración del público en la obra, aunque en ningún momento es ajena.
Muy recomendable para el público comprometido, para el público en general… (y para algun@s monarcas en particular, creo).