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Publicado el Domingo 4 de mayo de 2008, a las 20:02
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Gil Esteve y Magris
El escritor italiano Claudio Magris debate con el Doctor Manuel Gil Esteve, en el Foro Complutense de Madrid.
Foto: Julio Castro. |
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Manuel Gil Rovira – laRepúblicaCultural.es
Caludio Magris nunca ha rehuido la discusión en España. Sea su Premio Cervantes, su Doctorado Honoris Causa por la Complutense de Madrid, su Curso en la Universidad de Santiago de Compostela, su seminario monográfico en los Cursos de Verano de El Escorial de la Universidad Complutense de Madrid, todos se convirtieron en un espacio de reflexión en el que ficción y realidad, literatura y caminar, se reencontraban para ponerse frente a frente. Esta vez venía al Foro Complutense a disertar y discutir sobre el tema y ya el título daba indicio del tono y la necesidad del encuentro: “Raccontare con la realtà” (“Narrar con la realidad”).
Al presentarlo, el Profesor Manuel Gil Esteve, nos cuenta un Magris integral, el que “da vida a la realidad, porque la realidad la convierte en fantasía”. Incide, y parece que hayan hablado, en el Magris filólogo –él mismo utilizará el término de manera, diría, preciosa, más tarde-, ese mismo que “libera los géneros –los textos- de erudición y los convierte en comunicación”. Incide en el Magris que también publica colecciones de ensayos, que son creación, hasta llegar al Magris de las novelas.
Suspendo aquí la narración porque han de empezar la disertación del autor y las discusiones con el público y los que le acompañan en la mesa.
Magris dice encontrarse entendido aquí en España y entra en materia: “inventar/encontrar; fiel-imaginario”, toda esa realidad le ha llegado como una fantasía cuando a los 11 años leía los tratados de la guerra entre Francia y España, o escribía aquel libro que hablaba de perros, “sobre todas las razas de perros descritas fielmente, en uno de esos intentos de clasificar la selva del mundo que siempre me han fascinado” y él estaba con un perro, una raza, concreto.
Realidad y fantasía, perdón, recreación fantástica no son elementos disociables en Magris. Son la manera de construir un unicum, de releer un unicum, de rescribir y relatar un unicum. La escritura se convierte en un espacio de relectura del entorno, en la recreación y la propuesta de un imaginario. ¿Desde la realidad? ¿Desde la historia? Magris va a dejar como propuesta de interpretación, de acción y toma de postura, dos actuaciones: la de su propia escritura y la de las Memorias de Adriano de la Yourcenar. En las Memorias de Adriano, nos dice, “la Yourcenar no inventa nada. Y sin embargo, su libro es un gran libro de creación (“d’invenzione”)”. Y con la escritura propia me va a retrotraer a una discusión que tuvimos en El Escorial, cuando él, desde el texto de Danubio, desde el que quería narrar una entera realidad fluvial, creía haber descubierto entonces, de la mano de Marisa Madieri, que un río podía nacer de una cañería o un grifo, más allá de todos sus mitos. Lo impensable, que era real -así son las fuentes del río Algar en Alicante-, se hacía realidad al compararlo con el texto escrito con protagonista, el Danubio.
Magris sigue poniendo como ejemplo, no puede ser de otra manera, su propia obra junto a la de otros autores. Danubio en la que “la realidad se pone a si misma sistemáticamente en duda”. Conjeturas sobre un sable y detrás el intento real de establecer un estado cosaco en la Venezia-Giulia durante la Italia fascista. “Si lo que hubiera narrado hubiera sido fruto de invención, yo, como persona, y mi escritura habrían sido calificadas como kitsch, mala literatura, pero he puesto delante, he escrito realidad” (no consigue ser cita literal y es evidente la relectura de quien escribe). O A ciegas donde unos luchadores comunistas que pasan a Yugoslavia para construir su sueño de liberación, son allí encarcelados cuando Tito rompe con Stalin, y cuando vuelven a Italia, a Monfalcone, lo hacen a un país en el que no son reconocidos ni por los unos ni por los otros. “Es una historia grande” nos dice el triestino “a la que soy obstinadamente fiel”. Es sí, una historia recurrente que reaparece en su escritura, relatos y novelas, y en sus conferencias. Eso cuenta Magris que es su escritura y la precisión, o lo preciso, de sus relatos. “Esta precisión nace de la convicción de que toda existencia merece el mismo respeto, la misma filología (palabra que contiene etimológicamente el amor) que las grandes figuras de la historia”
Eso buscaba la Complutense ese día representada por Ángel González Martínez-Tablas, Director de la Fundación General. Pero buscaba también la discusión con el intelectual, con el escritor y pensador que lo hace desde la realidad trabajada/investigada. El que nos ha hablado de cómo su trabajo como germanista está en la base de su creaciós literaria. El que nos ha dicho que sus libros son mosaicos en los que cada pieza se corresponde con “un trozo objetivo de realidad, con una existencia y una historia real” y que, es con estos retazos distintos con los que crea un espacio y un tiempo, una figura que “al final es totalmente imaginaria”.
La Complutense buscaba reconocer al narrador y al ensayista que “libera ambos géneros de erudición y los convierte en comunicación” –plantea Manuel Gil Esteve-. Al escritor que quiere leer la realidad y trasmitirla a un lector concreto, su lector elegido que es en cualquier caso su lector real y concreto. Se suceden así las preguntas desde la mesa y desde el público, hemos de entender que Magris arrastrará siempre el “estigma” de escritor postmoderno, hasta que él se pronuncia. “La realidad es un gran desafío” y parafraseo: “un espejo roto puede hacer perder el sentido de la totalidad. Pero un espejo es un espejo”. Y así, recobrada la totalidad, nos cuenta como Kepler, gran bebedor, había ideado un sistema de medición para saber cuánto líquido quedaba en el interior de sus pellejos de vino. Entre las muchas propuestas científicas de Kepler ¿era esta acertada o no acertada? Y de los otros aciertos o desaciertos ¿Cuáles habrían sido provocados por la distorsión que provoca el vino?
Y así, respondiendo a las preguntas el pensador, nos dice que en su mirar ese espejo ha intuido que la identificación entre estado y nación es una confusión. Que los particularismos pueden crear falsos universales y que, sin embargo cuando son negados o atcacados, innecesariamente ofendidos, crearán autodefensas. En cualquier caso, con Dante, la patria es el mundo “como para los peces el mar” y “las identidades no pueden ser fotografiadas porque cambian. Como mucho filmadas”. Nos dice también que laico es sinónimo de respeto, es una actitud humana en la que la propia creencia, si funda la moral, no puede invadir la vida cotidiana del otro. Moral y política son elementos separados y así reconocidos por los creyentes laicos. Nos dice también que la realidad virtual, una realidad formidable de la que él se sirve por terceros, puede estar creando una nueva organización del pensamiento.
El escritor (el profesor, el pensador) es italiano y falta la última pregunta hecha con toda su crudeza y desde un país que tantas veces ha mirado a la otra península, a la intelectualidad de la otra península como modelo. “¿Cómo un pueblo culto, como el italiano ha votado, lo que ha votado en las últimas elecciones?” El narrador Magris que recibe la pregunta da tres contestaciones: no se están entendiendo las transformaciones, a los elctores se les convence no se les desprecia y, en democracia, las cabezas se cuentan, no se rompen. Y cuenta una historia: la de la empleada de hogar, comunista y ex presa política, que trabajaba en su casa, y su padre que siempre andaban a la greña en discusiones políticas. Cuando una vez se les preguntó si sabían lo que votaban los de la familia que vivía en el piso de arriba, una familia a todas luces modelo, ambos que evidentemente eran incapaces de “convertirse” mutuamente, lo dieron como no importante. Con quien había que hablar era con la silenciosa familia de arriba.
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