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Publicado el Jueves 17 de julio de 2008, a las 14:14
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Brunete 1937-2008
En el centro, con camiseta azul oscura y gafas de sol, Richard.
Foto: AABI. |
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Agustín
Lozano de la
Cruz - AABI
La
marcha no puede empezar de manera más simbólica.
Nos sorprende la presencia
allí de un equipo móvil de televisión
liderado por un joven galés que resulta
ser nieto de Timothy Harrington, uno de los voluntarios internacionales
que participaron
en la
Batalla
de Brunete. La sorpresa muda en portento cuando Richard nos muestra
entre sus
manos el diario de su abuelo, una pequeña libreta en cuya
portada puede leerse
“Democracy Diary, 1937”. Las
anotaciones correspondientes
al 6 de julio revelan que Timothy Harrington resultó herido
a las 2 de la
madrugada, y terminó el día siendo trasladado a
un hospital. En el gesto serio
pero emocionado del nieto del brigadista, dispuesto a rodar un
documental sobre
su abuelo, se adivina la misma determinación que condujo a
Harrington y a
tantos otros internacionales a defender la libertad y la democracia en
tierra
española.
La
primera parada se corresponde con la posición
“Pico y Pala”, puesto de mando de
Modesto, jefe del V Cuerpo del Ejército. Allí,
junto a las trincheras todavía
visibles, nos reunimos para construir un túmulo dedicado a
cuantos cayeron en la Batalla de Brunete, en
especial a los brigadistas George Brown y Oliver Law, este
último considerado
el primer americano negro en tener a su mando, como comandante del
batallón
Lincoln, a americanos blancos. Tuvo que venir a la España
republicana para que
su valía no fuera menospreciada por el color de su piel.
Cuando
el calor del mediodía aprieta pero apenas representa una
pequeña parte del
sufrimiento al que debieron verse sometidos los combatientes, la marcha
memorial llega a Quijorna, localidad tomada por los republicanos
durante la
Batalla de Brunete.
En
un pinar cercano nos detenemos a recuperar fuerzas y se nos une Bob
Doyle,
incombustible a sus 92 años, orgulloso de saber que
“la lucha continúa”, como
finaliza siempre sus discursos. Es el momento para la
confraternización entre
las aproximadamente 70 personas que participan en la jornada
conmemorativa, el
momento para hablar del exilio con una “niña de la
guerra” malagueña y su marido
belga, o para departir con un valenciano cuyo abuelo, Pedro Moral,
también
tomara parte en aquella operación como miembro de la sanidad
militar de la 111
Brigada Mixta.
Tantos
recuerdos que traer al presente, y de pronto el sonido de los aviones
por encima
de nuestras cabezas. Allan Warren, representante del IBMT, grita
alborozado:
“¡Una rata, una rata!” Nos quedamos un
tanto atónitos intentando divisar una
rata saltando de los pinos al techo del autobús. Pronto
salimos del pasmo al
ver en el cielo el vuelo de un “mosca”
(“rata” lo llamaban los fascistas), el
caza característico de la aviación republicana.
No lo estábamos soñando,
formaba parte de los actos programados por el Ayuntamiento de Quijorna,
pero
parecía sobrevolarnos como un gesto de saludo entre
camaradas.
El
autobús nos traslada a la plaza mayor de Villanueva de la Cañada,
donde finalizan los
actos con un homenaje a los brigadistas protagonizado por el discurso
de Bob
Doyle, leído por su amigo el hispanista Harry Owens. Junto a
Bob, y con la mano
sobre su hombro, se encontraba Juan Antonio Mayoral, el más
joven soldado republicano,
que con sólo 15 años fue cornetín del
Ejército Popular y durante la batalla de
Brunete fue ayudante del general Walter. Con esa emotiva imagen en la
retina
nos fuimos marchando, hasta el próximo año, con
la esperanza de que la República sea
cada vez
más una propuesta de futuro, y no sólo un
necesario ejercicio de memoria. Ya de
vuelta en Madrid supimos que, tras despejarse la plaza, Richard
Harrington
había estado leyendo en voz alta, página a
página, el diario de su abuelo.
*Agustín
Lozano de la
Cruz
es escritor y miembro de la AABI
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